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Unidad en la enemistad

Resistencia, impensadamente, se convirtió en una de las locaciones principales de la novela que tiene como protagonistas a Alberto y Cristina Fernández, dos que desde hace bastante comparten solamente el apellido. Ayer el presidente dirigió desde la capital del Chaco un mensaje que, a diferencia de expresiones más recientes, lo mostró paseando por la interna peronista en puntas de pie. Diríamos que casi flotando. Fue notorio su interés en no echar más leña a la caldera peronista.

Tres semanas antes, en el mismo escenario –el Centro de Convenciones Gala-, la vicepresidenta había asestado varios ataques quirúrgicos sobre Alberto y algunos de sus leales. Posiblemente el golpe más duro –uno de esos que hacen que los espectadores que rodean el ring arruguen sus caras- fue aquella alusión a la insignificancia del poder interno del hombre al que ella eligió en 2019 como candidato del Frente de Todos.

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Ayer, a un par de metros de Jorge Capitanich, un Alberto de aspecto deteriorado hizo un alegato de manual en favor de una unidad planteada en términos bien genéricos. Si se analiza su discurso, el argumento más fuerte que pudo exhibir a favor de un armisticio peronista fue la necesidad de no servirle a la "derecha maldita" el regreso al gobierno en 2023. "Nunca más debemos dividirnos. El día que nos dividimos, Macri fue presidente", gritó.

En su ofrenda a la paz, el presidente no omitió menciones a los gobiernos de Néstor y Cristina ni un intento por relativizar el fuego amigo que viene agujereando su autoridad política. "Que no los asusten porque un compañero sale y critica. El tiempo dirá si está equivocado o no, pero es un compañero", dijo. "Que nadie nos confunda, entre nosotros no hay enemigos. Entre nosotros habrá diferencias, pero hemos aprendido a convivir con esas diferencias, a respetarnos con esas diferencias", sostuvo, como un padre que intenta explicarles a los niños de la casa que los platos lanzados en las discusiones matrimoniales son pura "unidad en la diversidad".

Un empate

En términos futboleros, la intervención de Alberto es de esos partidos que no modifican la posición del equipo en la tabla de posiciones. A lo sumo, mantiene la intención del presidente de mostrarse como el único que pone la mejilla una y otra vez frente a su vice, que no le permite siquiera dar la noticia de que logró intercambiar con ella algún mensaje telefónico. En ese sentido, el peronismo debería, a esta altura, festejar el día del nacimiento de Mauricio Macri casi tanto como el 17 de Octubre. La enemistad con el expresidente es hoy el principal aglutinante que sostiene al Frente de Todos dentro de un mismo recipiente, y las palabras de Alberto en el Chaco lo reafirman.

Sacando de foco la pulseada entre las dos cabezas del gobierno, la visita presidencial volvió a subir la cotización de Capitanich en el oficialismo. Si bien todos lo anotan como uno de los posibles candidatos del cristinismo y en los medios se lo cita como un incondicional de CFK, la foto junto a Alberto alimenta su intención evidente de aparecer como una alternativa que esté por encima de las fracciones que pulsean.

El gobernador chaqueño logró lo que pocos podrían exhibir hoy: dos actos, separados por veintidós días, en los que pudo hacer jugar en Resistencia a las dos figuras del momento. Los dos protagonistas de la grieta justicialista tratándolo como a un amigo. Casi como traer a Boca y a River para que jueguen en el estadio de Sarmiento. No es poco en un mapa caracterizado por la fragmentación y la fisura.

No obstante, esa zona de confort tiene límites, algunos bien marcados y otros más difusos. Los primeros están definidos por el contexto, el afuera de la burbuja política en la que ruedan los sueños electorales. La realidad económica y social, aunque algunos la subestimen, condicionará mucho el escenario del ’23. Si algo le permitió a Macri llegar al poder fue el peronismo, así como fue Macri quien con su gestión devolvió la gentileza y abrió al PJ el camino del retorno. ¿Qué votarán los argentinos el año que viene si la gran frustración colectiva no se alivia o, incluso, se vuelve peor?

Fuera de eso, hay mil factores más. Uno, por ejemplo, es si Alberto y Cristina mantendrán su no relación, si blanquearán una ruptura o si –con base en la fórmula planteada ayer por él- reciclarán la sociedad para evitar una derrota a plazo fijo. También resta saber cómo resolverá Juntos por el Cambio sus propios dilemas y divisiones, y si los que buscan crecer desde los márgenes –como Javier Milei- capitalizarán el descontento y les restarán votos de manera pareja a los grandes, o de una manera diferencial.

Capitanich, según lo planeado

Para Capitanich, mientras tanto, el plan para posicionarse como un presidenciable marcha bien. Su agenda de actividades dentro y fuera del país está armada también en función de esa carrera, favorecida por un equipo de ministros que hoy es mucho mejor que el gabinete de juguete que armó en diciembre del ’19, cuando volvió para un tercer mandato que imaginaba mucho menos arduo y no había una pandemia a la vista.

La hiperactividad de Santiago Pérez Pons en Economía, pero también metiendo mano en otras áreas, le permitió al gobernador dejar de ser el que tira el centro, el que cabecea y quien realiza el saque de arco. No es que a "Coqui" le resulte fácil salirse del rol de superhéroe, pero le viene bien. Ayer hasta logró que su mensaje en el Centro de Convenciones durase ocho minutos, el discurso de tribuna más corto de toda su carrera. Y algo parecido a lo que le sucede con Economía le pasa en áreas importantes como Salud, Educación y Producción, donde tiene –por decirlo en términos cristinistas- funcionarios que funcionan.

En términos fiscales, la provincia está acomodada, con cuentas que cierran y previsiones que permitirían mantener la cadena estatal de pagos sin grandes sobresaltos en caso de un sacudón brusco de la economía nacional. Siempre y cuando, claro, el sismo no dure demasiado. La dependencia de los recursos federales sigue siendo inmensa, más allá del mérito de haber alcanzado una mejora significativa en la participación que en los ingresos totales tiene la recaudación tributaria propia, que subió dos puntos porcentuales con respecto a 2019 (15% ahora, 13% en 2019, lo cual en la categoría es significativo, pero claramente no rompe la dependencia nacional). Otro dato positivo es que se incrementó la participación en el gasto total de las erogaciones de capital. En 2020, los gastos corrientes eran 90% del gasto provincial total, y 10% era gasto en capital real. En 2021, el gasto corriente bajó a 81% y el gasto en capital (principalmente obra pública) subió a 19.

Pero con esos números -que el furor electoral, cuando llegue, siempre amenazará con desarticular- convive un escenario social explosivo; que, sin embargo, algunos creen que es en sí mismo un antídoto contra cualquier convulsión. "Esto no es un 2001, no veo un estallido. Por un lado, hay millones de personas que hoy están contenidas por los planes sociales y antes no. Por otro, hay mucha desesperanza. Y la desesperanza aplasta, inmoviliza", analizaba días atrás un exministro y legislador. Puede que sí, puede que no.

Como sea, la calesita sigue girando. Arriba puede cambiar algo, y alrededor también. O puede todo seguir dando vueltas con la misma musiquita.

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