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Sequías cada vez más prolongadas

La humanidad se encuentra en una encrucijada por las prolongadas sequías que afectan a distintas poblaciones del mundo y urge coordinar soluciones para mitigar los efectos del estrés hídrico en un planeta que tiene 40 por ciento de la tierra degradada por actividades humanas. Así lo señala un reciente informe del órgano especializado de las Naciones Unidas contra la desertificación que advierte que desde el año 2000 el número y la duración de las sequías han aumentado 29%.

En marzo pasado el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación declaró, a través de una resolución, el estado de emergencia y desastre agropecuario en la provincia del Chaco en respuesta a la difícil situación que atravesaban las explotaciones agrícolas, ganaderas y apícolas afectadas por la sequía. La decisión fue, en rigor, una homologación del decreto provincial Nº 157/22 en el que se determinó ese estado en 16 departamentos de la provincia que sufrían los efectos del déficit hídrico: San Fernando, 1º de Mayo, Libertad, General Donovan, Presidencia de la Plaza, Sargento Cabral, Libertador General San Martín, Maipú, Comandante Fernández, General Güemes, Almirante Brown, Independencia, Quitilipi, 25 de Mayo, Tapenagá y Bermejo.

Como se podrá apreciar, nuestra región tampoco está a salvo del problema de la sequía que cada vez afecta a más regiones del planeta y que fue tema central del debate de la decimoquinta sesión de la Conferencia de las Partes (COP15) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (Cnuld), que se acaba de realizar en Costa de Marfil. Fue en ese marco que se dio a conocer el estudio que advierte sobre el sostenido aumento del número y la duración de las sequías en distintas regiones del mundo en las últimas dos décadas.

En ese encuentro, el secretario ejecutivo de la Convención, Ibrahim Thiaw, expresó su preocupación por lo que definió como "una trayectoria ascendente en la duración de las sequías y la gravedad de sus impactos, que no solo afectan a las sociedades sino también a los sistemas ecológicos de los que depende la supervivencia de toda la vida, incluida la de nuestra propia especie". El citado informe ofrece una gran cantidad de datos relacionados con la sequía que confirman que no se está ante la presencia de hechos aislados sino de un fenómeno global.

Según la ONU, los problemas de la alteración de los ciclos del agua y de la pérdida de fertilidad del suelo deben estar presentes en el debate público, ya que se trata de dos asuntos que comprometen la vida de millones de personas. Observa, además, que las sequías causaron pérdidas económicas mundiales de aproximadamente 124.000 millones de dólares entre 1998 y 2017; y advierte que este año más de 2300 millones de personas se verán afectadas por el fenómeno del estrés hídrico; y cerca de 160 millones de niños estarán expuestos a sequías graves y prolongadas.

De no actuar de inmediato, dice la ONU, el año que viene cerca de 700 millones de personas estarán en riesgo de desplazamiento por causas relacionadas a las sequías. Por otra parte, el organismo internacional prevé que, si no se adoptan medidas urgentes, para el año 2040 uno de cada cuatro niños vivirá en áreas con escasez extrema de agua.

Se cree que para el año 2050 las sequías afectarán a más de las tres cuartas partes de la población mundial y que entre 4800 y 5700 millones de personas vivirán en áreas con escasez de agua durante al menos un mes cada año, frente a los 3600 millones actuales.

La escasez de agua apta para consumo humano a nivel global es un asunto que ya está en la agenda de los países más poderosos. En 2008, el gobierno de los Estados Unidos recibió el informe "Tendencias mundiales 2025: un mundo transformado", preparado por el Consejo Nacional de Inteligencia donde ya se advertía que "la falta de acceso a suministros estables de agua está llegando a proporciones sin precedentes en muchas regiones del mundo" y alertaba que la rápida urbanización y crecimiento de la población en algunas naciones podría agravar la situación.

Según la FAO, en América Latina la disponibilidad de agua por habitante ha disminuido en un 22 por ciento en las últimas dos décadas. Se trata de un asunto al que se debe prestar mayor atención. Lo que está en juego es un recurso que está presente en la mayoría de las actividades económicas y que cada año tiene una mayor demanda por el crecimiento de la población.

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