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La reconstrucción de la verdad de Napalpí

Continúa hoy en la ciudad de Resistencia el juicio por los asesinatos de miembros de las comunidades qom y moqoit ocurridos el 19 de julio de 1924 en la Reducción de Napalpí, el espacio donde se confinó a la población indígena para ser utilizada como fuerza de trabajo. Los testimonios y documentos que salieron a la luz durante el proceso judicial, que llega hoy a la etapa de alegatos, permiten rescatar voces silenciadas durante décadas y reconstruir la verdad histórica de uno de los crímenes más atroces de la Argentina.

¿Qué función cumplían las reducciones indígenas antes, durante y después de la matanza de Napalpí? La explicación que brindó en el juicio el sociólogo Marcelo Musante, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires y de la Red de Investigadores sobre Genocidio y Política Indígena en Argentina, permite comprender el contexto en el que ocurrió la masacre. Tras afirmar que los crímenes de Napalpí fueron planificados, el investigador explicó que documentos que obran en la Biblioteca Nacional del Congreso contienen fotos que revelan la violencia y el maltrato que sufrían las víctimas, que eran confinadas en un espacio concebido para mantenerlas bajo vigilancia. "Las reducciones fueron un sistema de explotación laboral", dijo y recordó que cuando se realizaron las primeras investigaciones para conocer la verdad de lo ocurrido, al entrevistar a los sobrevivientes, "nadie quería hablar del tema".

El 11 de octubre de 2020, en el lote 39 de Napalpí del departamento 25 de Mayo de Machagai se reunieron en el Memorial que evoca la masacre representantes de organizaciones y de la comunidad indígena, para recordar que las víctimas de la matanza habían reclamado mejores condiciones de vida y pedían un trato humano en la reducción. En rigor, el encuentro en el lote 39 se llevó a cabo para manifestar el rechazo a un fallo de la Justicia Federal que, según señalaron, tras una demanda civil "benefició a personas que no pertenecen a la comunidad de Napalpí".

A diferencia de ese juicio civil, el Juicio por la Verdad que se lleva a cabo por estos días, también en el ámbito de Justicia Federal, se enmarca en un proceso penal que requiere una instancia oral y pública, que en este caso fue transmitida en vivo por diversos medios y hasta se puede volver a ver en una de las más populares plataformas de video disponibles. La instancia civil cuestionada por las organizaciones y la comunidad indígena, en cambio, se llevó a cabo entre cuatro paredes y con trámites que solo se volcaron en expedientes de papel. La instancia penal y el Juicio por la Verdad ofrecen muchos más elementos para la reconstrucción de la verdad y la memoria histórica.

"La búsqueda efectiva de la verdad resulta relevante no solo en términos de memoria colectiva, sino que puede operar favorablemente en el terreno de la reparación histórica y simbólica hacia las comunidades que habrían sido damnificadas directamente con tales hechos", dijo en el inicio del juicio la jueza federal de Resistencia, Zunilda Niremperger, tras señalar que los testimonios y los documentos sobre los hechos ocurridos en 1924 en la reducción de Napalpí "exhiben características que permiten su inclusión dentro de la categoría de delitos de lesa humanidad, cuya imprescriptibilidad posibilita que a pesar del tiempo transcurrido se pueda investigar".

Es la primera vez en nuestro país son juzgados como delitos de lesa humanidad hechos vinculados con una matanza de integrantes de un pueblo indígena. No corresponde decir que una demanda civil ya juzgó la masacre de Napalpí como crimen de lesa humanidad. El juicio civil, por ejemplo, no incorporó los testimonios de los sobrevivientes y sus descendientes del pueblo moqoit, pese a que un gran número de víctimas pertenecían a esa comunidad.

La masacre de pobladores indígenas de las etnias qom y moqoit ocurrida en Reducción de Napalpí permaneció invisibilizada durante mucho tiempo. Conocer cómo ocurrieron los hechos, a partir de los diversos testimonios y documentos que hoy salen a la luz, es fundamental para mantener viva la memoria colectiva y poder dejar definitivamente atrás un pasado trágico de violencia colonial.

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