El humo del tormento
Los primeros líderes del cristianismo no la pasaron del todo bien porque nunca renunciaron, tampoco negociaron la verdad que surge del evangelio de Cristo. Dicen las Escrituras que todos aquellos que así actúen deberán convivir con la persecución, ya que de un modo u otro, siempre serán objeto de rechazo por parte de la sociedad e incluso dentro del mismo cristianismo.
LA POSIBILIDAD DEL INFIERNO
Algo de ello le ocurrió al apóstol Juan, quien terminó sus días desterrado a causa de predicar la palabra de Dios y del testimonio dado de Jesucristo. Fue enviado a Patmos, una pequeña isla griega en el mar Ageo. Pero allí recibió una gran revelación de Dios que fue plasmada en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis.
En el contexto de las cosas que Dios le mostró en visión, en el marco de la condenación eterna, dejó escrito lo siguiente: "Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche…y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos"
ESTADO DE INCREDULIDAD
Se refiere a la suerte de quienes por incredulidad han rechazado la salvación eterna conseguida por Jesús en la cruz del calvario. Insistimos en este tema porque percibimos que la mayoría de la gente permanece en ese estado de incredulidad respecto a Cristo. Algunos accedieron a la posibilidad de creer y aceptar el plan de salvación divino, pero por distintos motivos retrocedieron o están en ese camino.
La apostasía es la negación, la renuncia o la retractación de la fe; pero también se puede retroceder creyendo que no se está abandonando la fe. Dicho de otro modo, sin darnos cuenta, podemos comenzar a deslizarnos del lugar que en algún momento hemos llegado a ocupar en las filas del cristianismo. Los motivos del retroceso pueden ser varios, pero el principal es alejarnos paulatinamente de la lectura bíblica diaria y de la oración también diaria.
La lectura bíblica diaria nos muestra el camino por donde transitar, casi siempre opuesto al que pensábamos andar; y la oración diaria nos permite tomar conciencia de nuestras limitaciones y nos ayuda a valorar la imperiosa necesidad de depender de Dios y de su infinita misericordia.
RETROCEDER EN LA FE
Concurrir a la iglesia y activar en ella no es sinónimo de hacer bien las cosas, recordemos que Judas formaba parte de los 12 apóstoles y todos sabemos cómo terminó. El apóstol Pablo no se cansó de enumerar la cantidad de personas que al principio le ayudaron en la extensión del evangelio, pero posteriormente lo abandonaron y retrocedieron en su fe.
Al respecto, el mismo Pedro enseña que fuera mejor nunca haber conocido el evangelio; que, habiéndolo conocido haber desertado de él, siendo su postrer estado peor que el primero; pues al tal le ocurre lo del verdadero proverbio que señala: El perro vuelve a su vómito, y el cerdo lavado a revolcarse en el barro.
Nunca dudó Jesús en sus enseñanzas de referirse al infierno como destino final de los incrédulos y de todos aquellos que creyendo ser parte del cristianismo no lo son.
Es de fundamental importancia para todos los creyentes mirarse al espejo del texto bíblico para chequear su camino y si hace falta corregirlo. Como siempre decimos, no es que nosotros lo hayamos logrado, pero vamos en búsqueda de conseguirlo.
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