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Los primeros hackers

La palabra hacker nos hace evocar inmediatamente gente experta en informática que en algún momento se desvió del camino de la investigación y el conocimiento para explotar todo lo que saben en función de ganar dinero. 

Neviile Maskelyne fue el primero en intervenir una comunicación, abochornando a Guillermo Marconi, que presumía de la seguridad del telégrafo inalámbrico.

Popularmente, se tiene por hacker a aquel que adivina la contraseña de un perfil de Facebook, o se niega a usar Windows y presume de que él sólo puede trabajar con computadoras "corriendo Linux", pero no es tan así. 

De hecho, esa visión limita el significado de la palabra que se acuñó mucho antes de que se popularizara la primera computadora. Cualquier cosa que quede "por fuera" del uso normal de una computadora puede asignar a una persona la etiqueta de hacker, cuando en realidad lo único que está haciendo es explorar otros caminos de la informática, la base de la mayoría de los descubrimientos en ese campo.

Este espíritu de investigación y rebeldía no nació con las computadoras. Los primeros hackers se remontan a principios del siglo XX, en la infancia misma de las comunicaciones inalámbricas. 

Hacker y troll

El primer hacker documentado data de 1903, y no solo por intervenir una comunicación, sino por burlarse ácidamente del inventor a través de esa interrupción -lo que hoy define a un troll- y dejarlo en ridículo ante una numerosa audiencia.

Se llamaba Nevil Maskelyne y era un mago e inventor que estuvo muy cerca del desarrollo del telégrafo inalámbrico de Marconi, aunque no tuvo el reconocimiento que esperaba, por lo que le sobraban razones para llevarse mal con Guglielmo, quien controlaba un amplio número de patentes.

Cuando el italiano declaró abiertamente que "su" telegrafía inalámbrica era "segura y privada", Maskelyne decidió probar lo contrario. Fue así que durante una demostración pública organizada por Marconi en junio de 1903 -iba a conectar dos telégrafos inalámbricos separados por una distancia de 480 km-, Maskelyne logró inyectar en la transmisión la palabra "ratas", una y otra vez, seguidas de una burla sobre "un jovencito de Italia" (Marconi tenía 29 años) que "engañó a la gente". Eso fue más que suficiente para transformar a Maskelyne en el primer hacker y troll de la historia.

Rene Carmille se jugó la vida, y la perdió, salvando judíos del holocausto en 1940, al manipular las rudimentarias máquinas de censo de Francia para que estas no imprimieran la línea de “religión” en las tarjetas perforadas.

Salvando judíos de la muerte

Otro personaje que técnicamente puede considerarse un hacker fue Rene Carmille, experto en tarjetas perforadas con acceso a las máquinas que el gobierno del colaboracionista nazi francés Philippe Pétain utilizaba para procesar "información demográfica", o sea el rastreo de judíos y otros "indeseables" en la Francia pro-nazi.

Carmille se ofreció como voluntario y accedió a los sistemas, modificándolos para que jamás perforaran información en la llamada "Columna 11" (ítem religión) de las tarjetas, salvando a miles de judíos.

Carmille era de hecho un agente doble de la Resistencia francesa, y encontró la forma de engañar a los nazis por dos años. Una vez que descubrieron su maniobra, fue capturado e interrogado personalmente durante dos días por Klaus Barbie, "El Carnicero de Lyon", y enviado a Dachau, donde murió en enero de 1945. 

Acceso libre

El concepto de contraseña fue inventado por el profesor Fernando Corbató, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology, MIT, por sus iniciales en inglés), en 1962. El verdadero motivo fue limitar el acceso a la computadora del instituto de los alumnos curiosos por investigar esa nueva maravilla que era la informática, para que no se desperdiciara tiempo (apenas cuatro horas semanales por cuenta).

Uno de esos alumnos, Allan Scherr, se cansó del límite de tiempo y diseñó una tarjeta perforada para obligar al servidor a imprimir todas las contraseñas de las cuentas registradas, de modo tal que cuando agotaba su cuota, sólo debía reingresar al sistema con un usuario diferente. Tres años después, Scherr terminó en las filas de la IBM, pero su historia como el primer ladrón de contraseñas es inolvidable.

Allan Scherr fue el primero en conseguir violar el sistema de contraseñas inventado en el MIT para limitar el uso del valioso tiempo de computación en 1962, y así conectarse todo el tiempo que quería.

Líneas libres

En la década de los ´60, lo más redituable en materia de hacking era usar el teléfono sin pagar, algo muy útil para los estudiantes universitarios, que debían desplazarse a otros estados dentro de EEUU. El profesor Carlton Tucker, del MIT, declaró en el diario del instituto que los hackers habían tomado el control de los enlaces privados entre el MIT y Harvard, y transferido el costo de sus llamadas de larga distancia a una estación de radar cercana. Fue la primera vez que se usó la palabra con significado negativo.

Uno de los métodos preferidos –explicó- era conectar una computadora PDP-1 a la red telefónica y probar cada línea disponible hasta encontrar un tono para realizar la llamada por cuenta de alguien más. Si bien Tucker dijo que haría todo lo posible para advertir y proteger a los involucrados, también les recordó que si la compañía telefónica llegaba a atraparlos terminarían en prisión, y que el MIT expulsaba "dos o tres estudiantes" por año debido a abusos telefónicos. 

Su advertencia solo consiguió que se desatara un frenesí estudiantil buscando la mejor manera de hacer llamadas sin cargo.