Desigualdad en las trayectorias escolares
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un niño que nace en un hogar pobre en nuestro país necesitará al menos seis generaciones para salir de esa situación de vulnerabilidad.
Durante mucho tiempo se pensó que el acceso a la educación podía torcer el brazo a semejante desigualdad, pero datos recientes revelan que el problema a resolver no es sencillo.
En la Argentina de hoy de cada 100 estudiantes que ingresan a la escuela secundaria solo 16 terminan ese ciclo de formación a tiempo y con los conocimientos que, se supone, deben tener en esa etapa de la educación formal. De esos 16 alumnos, más de la mitad pertenecen al segmento de mayor nivel socioeconómico de la población, asisten a escuela privada o tienen madres con educación superior.
Así lo revela un nuevo trabajo realizado por el Observatorio Argentinos por la Educación titulado: "¿Cómo son los 16? Trayectorias escolares desiguales en la Argentina". Se trata de un análisis que continúa la serie iniciada con un informe anterior del Observatorio en el que se analizaron las trayectorias escolares con el fin de identificar cuántos de los estudiantes que inician la escolaridad llegan al último año de sus estudios secundarios en el tiempo teórico esperado, y cuántos de estos lo hacen con conocimientos satisfactorios de lengua y matemática.
El nuevo informe explica que a partir de la observación de la cohorte que comenzó sus estudios en 2009, se halló que de cada 100 estudiantes solo 16 llegan al último año de estudios en el tiempo y con los conocimientos esperados.
Se comprobó, además, que 63,7% de los estudiantes que llegan al final de la escuela secundaria en el tiempo teórico y con conocimientos satisfactorios asisten a escuelas de gestión privada.
El primer informe, por su parte, reveló que a nivel nacional 53% de los estudiantes completa en el tiempo teórico esperado la primaria y la secundaria, y apenas 16% lo hace también con conocimientos suficientes en Lengua y Matemática. Estos datos muestran que el grado de desigualdad educativa se ha agravado en nuestro país, y que en este siglo XXI la idea de la escuela pública como símbolo de movilidad social está muy lejos de ser una realidad.
"La educación para todos, aquel esfuerzo iniciado hace algunas décadas por abrir las escuelas a cada vez más niños, niñas y adolescentes, no ha logrado disminuir la desigualdad social. Asediada por demandas excesivas y muchas veces contradictorias, la institución escolar ya no está fuera de toda sospecha, sino que pesa sobre ella una insatisfacción social difusa acerca de lo que hace", plantea Emilio Tente Fanfani en su libro "La escuela bajo sospecha: Sociología progresista y crítica para pensar la educación para todos".
Y agrega: "¿Puede pensarse hoy la escuela por fuera de las dinámicas económicas y políticas que perpetúan la desigualdad?". Cabe una aclaración. El libro mencionado analiza la situación de los sistemas educativos de América Latina, aunque -claro está- la escuela argentina no permanece ajena a los problemas de la formación escolar en América Latina, una región que, vale recordar, no es la más pobre del planeta pero sí la más desigual.
Un trabajo del sociólogo español, Carlos Gil Hernández, puso la lupa sobre los mecanismos invisibles que facilitan o dificultan la movilidad social ascendente a nivel global. La relación entre el esfuerzo, las habilidades personales, el entorno donde se nace, el sistema educativo, la capacidad de cada familia para ayudar a los hijos a subir la escalera social y el polémico concepto de meritocracia, son algunos de los temas que abordó el investigador en su tesis que se titula "Rompiendo la meritocracia desde la puerta de salida: Desigualdad social en la formación de habilidades y la elección de escuela".
La investigación de Gil Hernández demuestra que los hijos de familias con menos recursos, aunque se esfuercen y tengan la habilidad necesaria, no consiguen ascender en la escalera social por el sistema educativo. Por el contrario, observa, los entornos familiares mejor posicionados tienen mayores posibilidades de asegurar a sus descendientes el acceso (y la permanencia) en escuelas, colegios y universidades y, por eso mismo, suman posibilidades para lograr una mejor inserción en el mercado laboral.
Es necesario recuperar la idea de la escuela como símbolo de igualdad de oportunidades y para eso se necesita un enorme esfuerzo colectivo y voluntad política para reducir la brecha educativa que es perjudicial para el conjunto de la sociedad.










