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María Teresa Andruetto: "Siento la escritura ligada al deseo"

Hoy la escritora estará en una nueva edición del Festival Mulita. La destacada y reconocida escritora María Teresa Andruetto hablará sobre El oficio de mentir, en esta charla habla sobre este y otros temas. 

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Hoy y mañana vuelve con todo el Festival Mulita. Después de dos años regresa al Fogón de los Arrieros de Resistencia uno de los eventos literarios y artísticos más resonantes de la región. 

El festival abrirá con un abanico de autoras y autores de referencia nacional e internacional. Su programación incluye charlas, talleres, lecturas, muestra artística y espectáculos musicales.

"Nuestro horizonte es siempre la confluencia entre autoras y autores de todo el país, que se establezca un diálogo, y que la literatura se viva de manera placentera, sin perder su sentido crítico y popular", señaló Noelia Carbó, una de las organizadoras del evento junto a Maia Bradford, Karen Dellamea, Luciano Acosta, Mariano Quirós y Pablo Black.

Como parte de la grilla de actividades que se realizará hoy, llega María Teresa Andruetto, quien hablará sobre "el oficio de mentir". Estudio en la Universidad Nacional de Córdoba, formó parte de numerosos planes de lectura provincial y nacional. Acompañó procesos de escritura con niños, adolescentes, jóvenes en riesgo social y adultos en programas oficiales e instituciones privadas, dentro y fuera de la institución escolar. Ejerció la docencia en los niveles medio y terciario. 

Algunas de sus obras publicadas son El anillo encantado, Stefano, Benjamino, El país de Juan, Veladuras, La durmiente, entre muchas otras. A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosas distinciones, como por ejemplo en 2012, en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, fue galardonada con el premio Hans Christian Andersen, el "Nobel de la Literatura Infantil", por el conjunto de su obra.

Tras algunos mensajes de WhatsApp nos pusimos de acuerdo con Teresa y hablamos por teléfono una siesta. Comentó que lee mucho, que las editoriales, que los escritores y escritoras le mandan libros. A esa pila de libros se suma los que ella compra, "compro muchos libros", desliza. Sigue a determinados autores, le gusta lo que hacen algunas editoriales, la poesía, la narrativa de mujeres, su espectro es muy amplio. Además lee suplementos literarios, las reseñas y también toma nota de las novedades que aparecen en las redes.

María Teresa ya ha estado en Resistencia en otras ocasiones, en Ferias del Libro y en el Foro Internacional por el fomento del libro y la lectura. Conoce además a varios escritores chaqueños. "Conozco el terreno donde estoy yendo", aclara. "Conozco el Festival Mulita. Me habían invitado a una edición anterior pero no había podido estar porque me coincidía en la agenda con otras actividades. He seguido con interés la propuesta del festival y tengo ganas de estar presente. Me da la impresión de que es un festival joven en el sentido del criterio para armar una agenda cultural importante.

— Vas a estar el viernes 6 de mayo hablando del oficio de mentir, ¿de qué se trata?

— Esto surge de una conversación con Maia Bradford, con quien hemos intercambiado opiniones y pensamos en este título. Tengo un pequeño texto que se llama el pequeño oficio de mentir. De algún modo trae una idea y una frase de Abelardo Castillo quien dijo en algún momento que la ficción era el oficio de mentir. 

Mi idea es compartir algo que todavía no está publicado, unos fragmentos de una obra que está en manos de una editorial. Quiero mostrar algo nuevo. Además quiero hablar de la relación entre la verdad y la mentira, la experiencia y la ficcionalización de la experiencia en los procesos de la escritura. 

— En algunos hechos que has narrado de tu vida e incluso en tus escritos, hay recortes que se ponen también ese traje de mentira en la construcción, ¿es así?

— Así es, claro. En los procesos de escritura y en el trabajo de la forma se transforma la materia. Entonces aunque uno trabaje con experiencias propias o con cosas que haya visto, cosas "de la realidad", al trabajar la forma se alteras esos hechos para construir algo más verdadero que la "verdad". De algún modo el resultado de esa amalgama entre lo que se ve, lo que se escucha y lo que uno se imagina, es una verdad simbólica. Una verdad que adquiere otra dimensión. Es así como vivo a la ficción. Para mí es una mentira que nos permite atisbar una verdad verdadera. Sobre eso voy hablar.

— ¿Hablamos de una verdad superadora?

— Si, superadora no porque sea más importante o mejor, sino porque tiene muchas capas, es más ambigua y se llena de significados. El lector así puede entrar a escribir de una manera más intensa.

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Mariano Quiros

— Mariano Quirós hace un taller justamente en este sentido, "niño que miente, lector que escribe".

— Totalmente. La ficción es una forma estética estilizada de la mentira. No es una mentira para dañar al otro sino que es una mentira para que el otro fabule. 

— ¿Cómo es la construcción de la escritura? ¿Con otros o en soledad? 

— Se construye con otro que están dentro de mí a la hora de escribir. El acto de escribir es solitario porque uno necesita encontrarse con uno mismo. En ese encuentro a mí me pasa que en el proceso de escritura intervienen cosas que me han dicho o he oído, cosas que también he leído y pueden intervenir. Hay muchas palabras de otros que se funden, se amalgaman para crear la palabra propia. 

El poeta italiano Eugenio Montale decía que hacen falta muchos hombres para hacer un hombre. Podríamos decir también que hacen falta muchas mujeres para hacer una persona. También podemos decir que hacen falta muchos relatos para construir nuestro relato. 

— ¿En este camino cómo llegas a descubrirte cómo escritora? A publicar los primeros libros.

— En mi caso fue muy lento el autodescubrimiento o la autovalidación como escritora. Fue un camino lento. Escribir es algo que empecé hacer desde muy joven. Era una escritura que no estaba pensando en publicar. No me imaginaba como escritora. Vengo de un pueblo y de un entorno donde esa foto no estaba presente. 

Pensarme como alguien que escribe y quiere ser leído, porque entiendo al escritor no solo como a la persona que escribe sino al que hace de la escritura una cuestión pública. Alguien que se expone ante los demás con su palabra. Publica porque hace pública su palabra. Hay un momento donde uno se valida como escritor, cuando escribe y publica, cuando lo leen más allá de su círculo íntimo. 

La validación me costó bastante como me costó mucho tiempo publicar. Estuve más de diez años intentando publicar mi primera novela. Mientras no publiqué no me vi a mi misma como escritora, por más que me gustara escribir y lo hiciera.

Cuando empecé a publicar también observé que una cosa es publica y otra cosa es ser leído. También ahí pasó un tiempo. Recién me pude validar cuando sentí que tenía una cierta cantidad de lectores que iban más allá de mi círculo íntimo. Son cuestiones internas de auto estima, no a todos nos pasa de la misma manera. 

— Esa validación cambió en algo tu forma de trabajar, ¿te abrió otras puertas?

— Me permitió dedicarle más tiempo a la escritura. Ese convencimiento ordenó mi vida cotidiana. Ya se sabe cómo es el dinero en relación a la escritura, al comienzo los ingresos son prácticamente nulos. Así que hay que hacer otras cosas. Igual yo no esperaba vivir de la escritura, aunque con los muchos años que tengo terminó de alguna manera sucediendo. 

Siempre ejercí la docencia y realicé talleres de escritura, daba clases en escuelas secundarias y después en profesorados. He hecho algunas elecciones en mi vida para sostener el deseo de la escritura. 

La vida siempre es una negociación entre lo que uno desea y las condiciones del entorno en que está. Siempre negociamos con nosotros mismos. Mirando hacia atrás me doy cuenta que hice elecciones que no siempre eran ventajosas desde lo económico o en otros aspectos pero si me permitían sostener la escritura. 

— ¿Cómo te conectas con la lectura? ¿Lo haces desde la búsqueda del placer o del trabajo como escritora?

— En principio es un placer muy intenso. Pero la lectura también es para la escritura, por eso tengo una vinculación salvaje con los libros. Hay hábitos que tengo todavía un poco estudiantil con la lectura, cuando leo ensayos marco, anoto, pongo asteriscos, estudio con esa lectura. 

Pero la lectura es un placer, leo para mí. Esa impronta del impulso, del deseo y del desorden que dan las pasiones. Tengo esa forma para conectarme con la lectura. Leo varios libros a la vez y siempre estoy leyendo. 

— Hay una división externa de poetas, narradores y ensayistas. Vos abordas todos estos géneros, ¿esa categorización es externa o nace con vos ya en la forma de escribir?

— El mundo se divide así pero mi ambición es la palabra. Entonces quiero toparme con todos los problemas de la lengua en todas sus formas. Hay que entender eso también como un juego con uno mismo.

Pero vayamos por parte, cuando escribo ensayos casi siempre son a pedido. Ahora estoy preparando uno donde estoy reuniendo los que he escrito durante mucho tiempo para distintos congresos o jornadas. En esos contextos alguien me invite a participar de algo, puede que el tema lo elija yo o me sugieran algo. Esa escritura nace de un pedido y me parece para mí a un trabajo formal, en el sentido de que tiene una fecha de entrega y hay que cumplir ciertos parámetros. 

La escritura de la poesía aparece poco, aparece cuando ella quiere. En general tiene que ver con la emotividad de las pérdidas o de las pequeñas cosas de la vida. Es un mundo bastante íntimo. En la poesía me llama mi propio dolor y mi propio regocijo. 

En la narrativa, en los cuentos y en las novelas interviene más el afuera. El punto de partida, aunque eso después vaya hacia mi interior nace afuera. Es algo que veo o que escucho y viene del mundo de los otros. Es el mundo de los otros lo que me toca y me atraviesa. En la narrativa me llama el dolor de los demás.

Un poco es así la cocina pero nada es tan riguroso. 

— En una ocasión expresaste que el escritor trabaja para correr los límites del lenguaje, ¿cómo se hace eso?

— Al escribir uno necesita una gran libertad interior que es lo más difícil de lograr. Por eso creo que uno no puede escribir todo el tiempo ni todo lo que hace sale bien. Cada uno podrá ver como construye esa libertad. En mi caso necesité vivir de otra cosa, pude esperar diez años para publicar y sostuve el deseo. Siempre creo o siento lo que hago. Siento la escritura ligada al deseo, parto del deseo, para empezar a escribir lo hago porque tengo deseo de escribir. Cuando escribo estoy de forma completa en el texto, capturada en esa escritura, por eso digo que no sucede todo el tiempo, es como el amor.

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