Sonia Scarabelli: "Hay una gran alegría en la experiencia de sentido que te da el lenguaje"
Ya se respira en la ciudad de Resistencia la 7° Edición del Festival Mulita que se realizará en el Club Social, hoy viernes 9 y mañana, sábado 10. 

"Fue entonces cuando vimos / los eucaliptos quemados / despedir un dorado fulgor como si en ellos / el sol hubiese dejado para siempre / su luz más fina…", así escribe la poeta Sonia Scarabelli en su poema Eucaliptos.
Para esta edición del Festival Mulita llueven nombres como Diana Bellessi, Selva Almada, Dolores Reyes, Claudia Masin, Luciano Lamberti, Ana Paula Maia, Alfredo de Jorge, Eugenia Almeida, María Lobo, Paula Jiménez España, Mariana Vacs, Laura Aguirre, Diego Puig, Franco Rivero, Ernesto Gallo, Sonia Scarabelli, Evelin Bochle, Luba Malun, Pamela Fierro, Lucas Brito y Germán Parmetler. Habrá charlas, lecturas, performances, poesía y narrativa, en un ambiente que empuja siempre a la expansión sumando artes plásticas, música, gastronomía y fiesta.
"Tenía noticias del Festival Mulita a través de Claudia Masin y por Selva Almada. Siempre esas noticias eran muy entusiastas, así que cuando surgió la posibilidad de ir me alegró mucho", así comenzó la charla la poeta Sonia Scarabelli. Rosarina, docente, poeta y periodista. Publicó los libros de poesía La memoria del árbol (Ediciones La Cierva, Rosario, 2000), Celebración de lo invisible (EMR, Rosario, 2003), Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras (Bajo la luna, Buenos Aires, 2008), El arte de silbar (Bajo la luna, 2014) y la crónica La orilla más lejana (EMR, 2009).
Sonia ya está en Resistencia y en la grilla de programación del Festival tiene actividades los dos días. Este viernes en un diálogo con Eugenia Almeida y mañana leyendo poesía con Las Yeguas.
Salvaje Federal es una librería virtual que busca contribuir a la circulación de literatura escrita y editada en las provincias y acercarla a lectorxs de todo el país. En su presentación en Mulita logró reunir a las escritoras Eugenia Almeida y Sonia Scarabelli, quienes hace un mes mantienen un diálogo que será compartido en el festival. "El encuentro con Eugenia fue una experiencia preciosa, un plus antes de llegar al Festival", así describe Sonia esta experiencia.
"Con Eugenia surgió un entendimiento y una afinidad muy particular. Hace unos días antes de viajar a Resistencia estuvimos conversando, nosotras intercambiamos lecturas y le manifesté que voy con mucha alegría a este encuentro. Ha sido muy enriquecedor lo que se dio en la conversación con ella, pensamos juntas la relación entre la poesía y la novela, entre muchas otras cosas. Nos recomendamos lecturas. Hablamos de mucha gente que nos interesa dentro de las letras. Tuvimos conversaciones como un espacio donde nos dejamos llevar y todo lo llevamos para compartir".
— Hablaron de muchos temas, ¿hubo alguno en particular?
— Hablamos de la importancia que tiene el ritmo, lo que en algún momento llamamos el "tempo" —Eugenia usó esa expresión—, el tempo de la escritura. Algo que yo noté en su novela y para mí fue extraordinario. Esa fue una de las cuestiones más marcadas, un cierto acuerdo sobre la importancia de esa forma rítmica de un lenguaje que toma ese cuerpo, que está marcado por un tiempo, por una duración y por unos silencios. Encuentro una gran afinidad entre la poesía y la novela, al menos las novelas que a mí me entusiasman.
— Llevando esa cuestión a tus escritos, ¿cómo se construye el tempo en un poema?
— En mi caso te diría que es intuitivo. Nunca hay un propósito directo. Justo le pasé a Eugenia un fragmento de Marina Tsvietáieva que dice "a las palabras no la tengo. A las palabras las busco. Lo que tengo primero es un ritmo. Ese ritmo me dirige y ahí encuentro las palabras". Ese texto precioso que se llama A quién obedezco, termina diciendo "esa es mi única preocupación".
Para mí en el poema aparece algo en el oído, no hay imagen, si no, no hay palabras. Así empieza a desplegarse el caminito del poema. Nunca tengo un propósito con un poema. En principio aparecen unos primeros versos y una forma de sonar que se van acomodando. Cuando escribo leo en voz alta todo el tiempo.
— ¿La imagen del poema está antes de las palabras o se va construyendo a medida que estas llegan?
— Es una cosa rara. Para mí es un estado. Lo que digo es que esas palabras, que no tienen por qué ser las que después quedarán en el poema, esas palabras se instalan como una especie de pequeño orden provisorio donde nace después el poema. En mi caso, no puedo decir que hay un orden, lo que sí dispara un poema es que esa música llegue asociada a imágenes que por lo general son imágenes de un entorno muy cerca e inmediato. Siempre es algo cercano, incluso un sueño. Te diría que estoy atenta a ciertas cosas porque me gustan, las plantas…
—Los animales.
—Las cosas de cercanía, de lo cotidiano. Ahí se da una especie de conjunción y suele aparecer el poema.
— ¿Se pueden imponer temas al poema?
— No, en mi caso no lo puedo hacer. Al poema no le puedo imponer nada. Me imagino mi lugar más bien al servicio del poema. No como una autoridad con relación al poema. No escribo porque sé qué decir o porque crea que tengo algo que decir. Hay una cosa muy linda que decía Saer en un texto que se llama Razones, él dice ahí que el lenguaje habla o produce una relación enriquecida con el mundo. Eugenia dice que es como descorrer un velo. Es un momento así en el que parece que algo se vuelve muy claro, pero eso no lo comando yo, lo que se vuelve claro no lo comando pero sí creo que hay una tensión que posiblemente se va conformando a lo largo de una vida que tiende a encontrar sentido a ciertas experiencias antes que a otras. Me quedo en ese lugar donde puedo encontrar un lenguaje para ciertas experiencias más que para otras. Espero y trato de recibir de la mejor manera lo que aparece.
— Hablamos de que el primer trabajo es con las palabras, ¿cómo es el proceso?
— Es una felicidad absoluta. A mí me preocupan un montón de cosas como a muchas personas, pero si hay algo que no me preocupa es ese momento. Lo vivo con total felicidad. Hoy llega o no llegan las palabras.
Me da una felicidad muy intensa estar ahí con las palabras, es como si me dejaran ver algo que no está todo el tiempo a mano. Una gran parte de nuestro tiempo nos las pasamos luchando por la vida. Siento que es un momento privilegiado y trato de estar atenta. Hay una gran alegría en la experiencia de sentido que te da el lenguaje. Eso lo vivo con alegría. Trato de que toda mi atención esté en el poema.
—Se escribe poesía desde siglos. Hay temas transversales, ¿dónde radica la singularidad poética de cada escritor o escritora?
—En principio no tengo idea de dónde viene esa singularidad. Pero lo que sí hay es un espacio creado para ser compartido. Hay un espacio que se abre a una lengua común. La poesía que me conmueve casi siempre es algo que produce un movimiento. Algo que estaba ahí, de pronto tocado por la palabra de otra persona te hace verlo de una manera inesperada.
Creo que eso tiene un grado de conmoción muy profunda. Hay algo del orden de una cierta emoción y de algo complejo que implica pensar. Todo eso el poema lo da en poco tiempo, con muy poco.
Además, hay algo de la confianza entregada. Cuando vos leés a alguien percibís esa entrega en su escritura, esa entrega te guía, te enseña a leer y a escuchar. Eso me pasa a mí con las y los poetas, también con los narradores que me encantan.
Incluso cuando leés algo que te puede probar congoja o estremecimiento, textos que te acercan a una zona terrible de lo humano, también ahí hay algo que te acompaña. Te acompaña porque primero la otra persona —escritor o escritora— se atrevió a llegar a ese lugar. Después ya no vas en soledad.
— ¿Tiene alguna utilidad la literatura?
— Hace poco leía un texto de Mirta Rosenberg que se llama Mi oficio. Ella dice ahí que "la poesía no sirve para nada". Pero después de esa afirmación hay un mundo que se abre. La literatura no es útil para una sociedad que tiene ideas mercantiles.
A mí me gusta el hecho de que el poema solo te lleva para otro lado. Vos podés estar mucho tiempo trabajando un poema y puede pasar mucho tiempo antes de que ese poema llegue a otras personas, todo ese tiempo hay algo que ha estado sobre ese poema. Ese poema no rinde nada más que ese encuentro. No se adhiere a nada. No se puede escribir un poema detrás de otro.
— A veces no se puede leer un poema después de otro.
—Lo comparto totalmente. Me pasa, no puedo leer uno detrás de otro. Los libros de poemas me duran infinito porque lo que puedo hacer es ir mirando, descubriendo los procesos del libro y ver cómo nos invitan a entrar a esos poemas. En los poemas puedo habitar mucho tiempo. El poema se corre del lado de la utilidad.












