Cambio de época
Todo parece indicar que el mundo vive un cambio de época. Atrás quedaron las críticas que figuras de primer nivel internacional dedicaron en su momento a la Organización del Atlántico del Norte (OTAN), a la que llegaron a definir como una alianza "obsoleta" y "con muerte cerebral". La nueva carrera armamentista que iniciaron países europeos en respuesta a la invasión de Rusia en Ucrania, el impacto del conflicto en la economía global y la posibilidad de que la guerra dure varios meses e incluso años, son algunas de las señales de los movimientos que experimenta el orden geopolítico mundial.
Muy pocos se acuerdan por estas horas que Emmanuel Macron declaró, en noviembre de 2019, la "muerte cerebral" de la OTAN. El presidente del país que es la tercera fuerza nuclear del mundo y la nación con uno de los gastos de defensa más altos del planeta había sumado su voz a los que aseguraban que la alianza atlántica había perdido su razón de ser. Antes que el primer mandatario de Francia expresara sus objeciones, el por entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también había apuntado sus críticas contra la mayor alianza militar del planeta. Dijo que estaba "obsoleta" y que era una reliquia de la Guerra Fría. Su sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden, se encargó de restablecer la confianza de Washington en la organización militar trasatlántica, continuando así con la posición que había asumido cuando, siendo vicepresidente de Obama, en 2009 viajó a Kiev para apoyar el deseo de Ucrania de ser miembro pleno de la OTAN.
Con la guerra en Ucrania, la Alianza Atlántica parece haber recuperado su vigor, pasando de estar a punto de extinguirse a ocupar un lugar de relevancia en un nuevo escenario global que tiene otro elemento que no deja de preocupar: el gasto militar -que ya venía en aumento- seguirá creciendo este año, y ya hay quienes afirman que alcanzará un récord histórico este año, empujado por la compra de armamento que iniciaron los países europeos más cercanos geográficamente a Rusia, como una forma de ponerse en guardia frente a lo que consideran una amenaza de Putin para el viejo continente. Cabe aclarar que la mayor parte del incremento del gasto en defensa que van a realizar los países europeos será para adquirir material estadounidense.
Este movimiento de piezas, con la OTAN aceitando a su modo la maquinaria bélica europea, llevó a algunos analistas a prever alteraciones importantes en el orden global, en las relaciones de poder mundial. Según el Indicador de Riesgo Geopolítico, que elabora en forma periódica el gigante de las inversiones BlackRock, el conflicto en Europa del Este tendrá profundas implicaciones para los mercados financieros y la economía mundial. "La invasión rusa de Ucrania es la mayor y más peligrosa movilización militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial", advierte el informe, señalando que es probable que el conflicto "dure un período prolongado, con negociaciones, ceses del fuego y rupturas de las posiciones".
Con todas las luces puestas sobre Rusia, la agenda mediática occidental dedica poca atención a los lentos pero sostenidos movimientos de China. Para muestra basta un botón: el acuerdo de defensa firmado el mes pasado entre el gigante asiático y las Islas Salomón pasó casi desapercibido pese a que está causando bastante inquietud en Estados Unidos y sus aliados europeos, ya que sospechan que el pacto permitirá que buques de guerra chinos operen en una región estratégica del Océano Pacífico.
Las Islas Salomón son un pequeño archipiélago de casi 1000 islas al este de Papua Nueva Guinea. Esta pequeña nación insular de casi 700.000 habitantes se independizó de Gran Bretaña a mediados de la década de 1970 y en los últimos años se ha acercado a Beijing. El caso remite necesariamente a la cada vez más cercana relación con China de la isla de Barbados, en el Caribe, que el 30 de noviembre del año pasado se separó de la monarquía británica, es decir dejó de tener como jefa de Estado a la reina Isabel II, poniendo fin a su relación de 400 años, para al mismo tiempo recibir cada vez más dinero del gigante asiático para inversiones en infraestructura.
Los países más poderosos continúan modelando el escenario global que, según algunos expertos, muestra señales de cambios que comienzan a abrir las puertas a nuevas reglas de juego para el planeta.










