Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Hildegarda

Cuando la Primera Cruzada estaba a punto de llegar a Jerusalén, una niña lloró por primera vez en Bermersheim (Alemania). Hildegarda von Bingen nació en 1098 y se convirtió en un diezmo: como décima hija que fue, sus padres la entregaron a la Iglesia.

86-Hildegarda.jpg
Origen del Universo, según sor Hildegarda von Bingen

La dejaron en el monasterio de monjes de Disivodemberg, que albergaba una celda para mujeres dirigida por Jutta von Spannheim, quien se convertiría en madre e instructora de la pequeña Hidegard. Tenía ocho años y había comenzado a tener visiones a los tres, pero no fue hasta pasados los cuarenta cuando empezó a escuchar una voz que le decía que escribiera y dibujara todo aquello que alcanzaran sus ojos y oídos.

Se convirtió en abadesa tras la muerte de Jutta. Atemorizada por sus visiones y predicciones, convenció al papa para que le consintiese escribirlas. Fue así como empezó a registrar tanto sus visiones, como libros de medicina (que hoy consideraríamos superstición), remedios naturales, cosmogonía y teología. Desde entonces empezó a relacionarse con autoridades eclesiásticas y políticas de su época y hasta fue su consejera, algo impensable tratándose de una mujer.

Hildegarda y su legado son inabarcables. Tanto que, a pesar de su recuperación a raíz de la esperada canonización (que no tuvo lugar hasta 2012), su lado más peculiar fue eclipsado por sus predicciones. De todo lo que hizo a lo largo de su vida, lo más desconcertante, surrealista y contradictorio quizá sean sus consideraciones sobre el orgasmo femenino, que bien le podrían valer el título de primera sexóloga de la historia.

Hildegarda hablaba de sexo sin miedo, de forma tan clara como apasionada. Fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos, y que la mujer también lo sentía. Suya fue la primera descripción del orgasmo femenino desde el punto de vista de una mujer. Tenía una idea muy peculiar de la sexualidad, teniendo en cuenta que era monja y que vivía en el siglo XII. Para ella, el acto sexual era algo bello, sublime y ardiente. En sus libros de medicina abordó la sexualidad y, especialmente, en "Causa et curae", donde dio más detalles:

"Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar, este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano".

Ana Martos Rubio escribe en "Historia medieval del sexo y del erotismo": "Así como para Agustín de Hipona la concupiscencia es el castigo de Dios, para Hildegarda, que no se atrevió a llevarle la contraria y admitió la idea de que el pecado original fue de lujuria, la culpa fue de Satán, que sopló veneno sobre la manzana antes de entregarla a Eva, envidioso de su maternidad. Ese veneno fue, precisamente, el placer y, su sabor, el deseo sexual". 

Sus poemas también parecen cargados de cierto erotismo. En "O tu dulcissime amator", poema dedicado a las vírgenes, incluido en "Symphonia", dice:

Hemos nacido en el polvo,

¡ay!, ¡ay!, y en el pecado de Adán

Es muy duro resistir

lo que tiene el sabor de la manzana

Elévanos, Cristo salvador

Hildegarsa compartió todos sus conocimientos medicinales inspirada por su propia salud maltrecha. En "Causa et curae" hace un alegato en favor de la cerveza: "Por su parte, la cerveza engorda las carnes y proporciona al hombre un color saludable de rostro, gracias a la fuerza y buena savia de su cereal. En cambio el agua debilita al hombre y, si está enfermo, a veces le produce livores alrededor de los pulmones, ya que el agua es débil y no tiene vigor ni fuerza alguna. Pero un hombre sano, si bebe a veces agua, no le será perjudicial". 

La salud de la abadesa era tan débil que en varias ocasiones recibió la extremaunción. Solo una de las veces que la dieron por muerta no despertó. Y lo hizo a una edad impensable en una época en la que la muerte llegaba en torno a los cuarenta: con 82 años, murió rodeada de sus monjas.

Oliver Sacks habló de migraña para explicar sus visiones y, la película "Visión" refleja esas muertes como si de catalepsia se tratara. Como si ella misma hubiese hecho su propia película mil años después, los diálogos están basados en frases textuales extraídas de sus tratados y cartas, y la banda sonora fue la que compuso ella misma.

El suicidio de una monja embarazada se volvió un detonante para solicitar la escisión del monasterio masculino en el que sus monjas se encontraban. Hildegarda propuso fundar uno solo para mujeres, inspirada por una de sus visiones, y lo consiguió. Se enfrentó al rechazo y las amenazas de los cercanos, pero entre los más poderosos nadie le negaba nada. Así que consiguió fundar el monasterio que quería, Rupertsberg, más cerca del Rhin. Hasta allí fue con una veintena de monjas, porque algunas se opusieron a su decisión. Pero no solo consiguió fundar un monasterio: Eibingen fue el segundo, que visitaba un par de veces por semana.

A Hildegarda poco le importó pertenecer a una orden de clausura. No solo se trasladó al monasterio y viajaba para reunirse con políticos y clérigos, sino que con más de sesenta años salió a predicar en las plazas.

Recientemente se ha vuelto un mito entre el colectivo LGTBI por su supuesta homosexualidad, y también en un icono popular e inspirador para diversos artistas. Devendra Banhart le dedicó el tema "Für Hildegard von Bingen"; Ken Follet inició su documental "El viaje de Ken Follet hacia la Edad Media" con su historia, y reconoció que Hildegarda inspiró a Caris, la protagonista de su novela "Un mundo sin fin". A Hildegarda se le atribuyen disciplinas que ni siquiera existían en el siglo XII, como la antropología.

Hablar de Hildegarda von Bingen es hablar de escalofriantes visiones apocalípticas, de remedios naturales para absolutamente todo (actualmente un tipo de medicina alternativa alemana parte de sus escritos), y de la primera mujer que consiguió acceder a los pecados ajenos a través de la confesión. Inventó un idioma, la Lingua Ignota, con alfabeto propio, considerada la primera lengua artificial y posible precursora del esperanto. Algunos la reconocen como pionera de la ópera y hay quien, yendo demasiado lejos, se ha atrevido a considerarla la primera estrella de rock de la historia.

Se codeó con reyes y papas, denunció los devaneos de los clérigos, y su voz fue tan valiosa como la del resto de los hombres cuando las mujeres vivían en silencio, en la casa, o en el convento. Decir que se adelantó a su tiempo es, más que un lugar común, no hacer justicia al personaje. Ella fue mucho más lejos que lo imaginable en el siglo XII.

*Publicado en Yorokobu.es

Te puede interesar