Dos hermanos fueron a la guerra, pero solo uno regresó
Antonio y Martiniano Gómez combatieron en Malvinas como parte del mismo regimiento de Monte Caseros, Corrientes. Sin embargo, el segundo no volvió, y es uno de los 54 chaqueños que dejaron su vida en las islas.

"Nuestra historia es algo atípica. Conozco tres hermanos que estuvieron en Malvinas, pero en diferentes lados. Unos de Buenos Aires y otros de Catamarca. Pero ellos no estuvieron juntos como nosotros, que salimos desde Monte Caseros y estuvimos juntos en las islas. Lamentablemente, sólo volví yo". Así comienza su relato Antonio Gómez, recordando a su hermano Martiniano, dos años menor.
Desde la plazoleta de Puerto Tirol bautizada con el nombre de Martiniano, su hermano revive los días en las Islas Malvinas. En diálogo con Chaqueña reflexiona cómo el destino hizo que ambos fueran convocados al combate. Hoy, a 40 años de la guerra, recordemos la extraordinaria historia de los hermanos Gómez, quienes pelearon en las islas y fueron parte del Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros.
-¿Recuerda el momento en que llegó el llamado para que vayan los dos a la guerra?
-Soy dos años mayor que Martiniano. Me tocó el servicio militar obligatorio y seguí la carrera en el Ejército. A los dos años le tocó a Martiniano hacer el servicio militar. Estando en Buenos Aires me mandaron a Monte Caseros, como personal pagado por el Estado, ya que tenía mi primer grado de cabo. A mi hermano en ese tiempo le salió el sorteo y le tocó irse de Resistencia a Monte Caseros, donde yo estaba. Fue el destino, la vida, que mi hermano cayera de Resistencia a Monte Caseros.
-¿Cuántos años tenía usted y cuántos su hermano?
-Yo soy clase ´60 y mi hermano era clase ´62. Él tenía 19 y yo 21 años.
-¿Dónde estuvieron en Malvinas y cuál era la actividad?
-El Regimiento 4 estaba compuesto por 400 a 450 hombres aproximadamente. Mi hermano ocupaba los primeros lugares de combate, la trinchera, como le dicen. Yo estaba atrás. Él estuvo en Monte Harriet y a mí me tocó en Monte Longdon.
-¿Él estaba más expuesto que usted?
-Sí, porque integraba la compañía de Infantería y era apuntador de ametralladora, que tiene muchas ráfagas de disparos. El enemigo buscaba dónde estaba ese tipo de arma.
-¿Sabe cómo y en qué circunstancias falleció?
-Las circunstancias no, pero sí me contaron que fue en un ataque nocturno, el 8 de junio, en un ataque masivo.
-¿Podía ir a ver dónde estaba, o solamente recibió el relato?
-No. Simplemente fue el relato de un camarada. En ese momento, cuando nos rendimos, en las islas éramos todos prisioneros. Tenías que estar en el lugar que los ingleses te decían. No pude verlo.
-¿Cómo fue el regreso de las islas?
-Para mí fue duro que te digan en el lugar de trabajo: Gómez, vaya a su casa y arregle la situación, pero uno no sabe cómo arreglar la situación, y el choque que vive en ese momento. Me preguntaba qué le digo a mi familia, a mi mamá, a mis hermanos. Más duro que la guerra en sí fue volver de Monte Caseros a Tirol. Venir caminando de la parada del colectivo se me hacía que eran 5 kilómetros y apenas eran 400 metros, y era por pensar qué hago, qué digo, como le digo a mi mamá, a mi papá. A pesar de que van a pasar 40 años, uno nunca se olvida de esos momentos.
-¿Regresar sin su hermano es el recuerdo más triste que tiene de la guerra?
-Todo veterano de Malvinas tiene su propia historia. La guerra en sí es mala, nunca fue buena para ninguno. Siempre fue sufrida, algunos sufrieron más, seguro que han sufrido hambre, sed, porque la guerra en sí se presta para esas cosas. Pero en mi caso tengo una historia diferente porque éramos dos hermanos. Volver solo, en esa cabecita que uno tiene a esa edad y no saber qué hacer, era muy triste.
-Este año se cumplen los 40 años de la guerra: ¿qué sensaciones le genera?
-En los 40 años tenemos un montón de cosas que nos han pasado a los que fuimos. Pienso que después de la guerra viene la posguerra de la persona, que ha vivido cosas muy ingratas y cosas muy lindas que hemos vivido gracias a Dios. En mi caso siempre tengo el apoyo y el consuelo de la gente que sabe lo que hemos pasado en Malvinas.
Una nota de la revista Gente, crucial para la identificación posterior
Al regreso de Malvinas, una vecina de la familia Gómez en el barrio 80 Viviendas, les acercó un ejemplar de la revista Gente acompañado de una fotografía en la que claramente se observaba una tumba en el cementerio de Darwin con la medalla identificatoria y el nombre de Martiniano.
Su madre, Dalmacia Encinas, guardó celosamente ese ejemplar hasta el día en que pudiera estar frente a la tumba de su hijo. Años más tarde, y en dos viajes diferentes a las Islas, Dalmacia, Antonio y una de sus hermanas pudieron cumplir ese deseo. "Según la historia del sargento Solís y otro soldado compañero, esa placa fue puesta en el cementerio precario que le hicieron y entonces gracias a eso él está identificado", enfatiza.

Martiniano, aguerrido y futbolero
"Martiniano tenía un carácter fuerte y le gustaba el fútbol", recuerda Antonio. Sostiene que tal era su temperamento, que al consultarle sobre la posibilidad de intervenir ante sus superiores para que no fuera enviado a la guerra, su respuesta fue tajante. "Me contestó: ´Vine de Tirol, llegué al horario que me dijeron y me voy con mi compañía´, ese era el genio de mi hermano. Él se quiso ir por su propia voluntad y cumplió con su deber", rememora.
Una anécdota inolvidable
Antonio repasa uno de los últimos encuentros con su hermano. "Yo no fumaba y me he visto dos o tres veces con Martiniano en los primeros días. Recibíamos una cajita que se llamaba C/B (caliente-frio). En la parte de frío venían dos botellitas de whisky, y cigarrillos y fósforos. Mi hermano fumaba entonces y nos cambiábamos. Siempre me acuerdo de sus picardías. Una de esas es cuando él me cargó agua en el whisky y se fue, el desgraciado. Yo contento me fui a la carpa y le dije a mis compañeros tengo dos botellitas de whisky. Resulta que abrí la botella y tenía agua. Él se llevó los cigarrillos", recuerda entre risas.










