Mejoras en toda la cadena productiva
Apostar únicamente al modelo exportador de materias primas de origen agropecuario sin valor agregado funcionó muy bien para la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Pero el mundo cambió. Hoy la clave está en el agregado de valor y en la incorporación de diseño en todo el entramado productivo. Basta mirar lo que ocurre en el mercado internacional del café: Suiza no tiene en su territorio ni siquiera un metro cuadrado con ese cultivo, pero es el segundo exportador mundial del producto.
¿Cómo puede ser que Colombia, siendo uno de los principales países productores de granos de café a nivel global, obtenga menos ingresos que Suiza por exportaciones del mismo producto? La diferencia está en que mientras el país latinoamericano se esfuerza por colocar su materia prima estrella en el mercado internacional tal como lo cosecha, es decir vender los granos en bolsas; en el país helvético la estrategia consiste en importar ese mismo grano sin tostar, para luego agregar valor y diseño en toda la cadena productiva. Así, mientras Colombia continúa con la venta de una de sus principales materias primas sin procesar, Suiza logra multiplicar el precio del café de la mano de empresas que basan su modelo de negocios en la venta de máquinas y cápsulas que contienen grano de café molido que el consumidor puede utilizar para preparar una infusión que, dicho sea de paso, es una de las tres bebidas más consumidas en el mundo.
En nuestra región, y más específicamente en nuestra provincia, el desafío de lograr una fuerte transformación que genere valor puede aplicarse (salvando las distancias con el ejemplo citado más arriba) al algodón, el girasol y la madera, entre otros sectores de la producción.
Siguiendo con el caso del café suizo, uno de los aspectos a destacar en el proceso de transformación de ese producto que impulsó el país alpino estuvo estrechamente ligado a distintas estrategias de incorporación de diseño que modificaron el producto original. Así, un simple grano de café se convirtió en una cápsula que tiene amplia aceptación por parte de consumidores que pagan más por este derivado del producto primario. Lo que hubo ahí fue conocimiento incorporado, que se sumó a la cadena de valor agregado. Para lograr ese desarrollo fue fundamental el trabajo de ingenieros, diseñadores gráficos e industriales que imaginaron nuevos productos a partir de nuevos materiales y del estudio de las experiencias de usuarios desde el punto de vista funcional de los productos.
Una silla es una silla en todo el mundo. Básicamente sirve para que una persona se siente en ella. Pero no es lo mismo una que sea fabricada sin tener en cuenta lo que necesita el usuario, que una pensada para que sea más fácil de usar, más funcional, más liviana y agradable a la vista de la persona que la va a comprar.
En la medida en que los productos locales incorporen más procesos que sumen mejores cualidades, habrá más posibilidades de generar más trabajo. La clave está en promover la innovación tecnológica, y el desarrollo de productos con valor agregado, sin descuidar la eficiencia en los procesos productivos. Hay que apostar a una mayor incorporación del diseño textil, gráfico, industrial, etc, para que el producto final sea más competitivo.
Como se señala en el inicio de esta columna, el modelo que fue válido para una etapa del desarrollo nacional cuando la tierra era el principal recurso, resulta insuficiente en estos tiempos en los que la innovación, las investigaciones científicas y tecnológicas se han convertido en protagonistas de las sociedades modernas y claves para la transformación de las estructuras productivas.
Las energías renovables, la alimentación, el desarrollo de maquinaria agrícola y el diseño textil, por citar sólo algunas áreas, son ámbitos en los que el talento y la innovación de las nuevas generaciones pueden contribuir a dar el salto cualitativo que la provincia y el país necesitan para consolidar el crecimiento, erradicar la pobreza y la desigualdad. Es el camino a seguir para dar respuestas a las demandas de los distintos sectores en un momento en que resulta imperioso lograr un equilibrio fiscal sin descuidar la agenda social.










