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La guerra de Ucrania es el árbol, la guerra mundial es el bosque

En la mañana de este sábado, el excampeón mundial de ajedrez Garry Kasparov , ahora vecino de Nueva York, presidente de la Human Rights Foundation y desde siempre furioso partidario de occidente y opositor a Putin, reproducía en su cuenta de Twitter una broma que según él circula en las redes sociales de Rusia: "Hoy entramos en el día 24 de la operación militar especial para tomar Kiev en dos días".

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La ralentización del avance ruso en Ucrania favoreció el despliegue de presiones internacionales de EEUU, sobre todo apuntando a China.

Más allá de los sesgos partidistas, el chiste describe una situación evidente: la invasion rusa, que parecía al principio una blitzkrieg, se ha transformado desde hace por lo menos 15 días -por errores propios y virtudes ajenas- en una guerra de posiciones. Los frentes apenas se mueven –y se mueven a costa de sacrificios humanos y destrucción material inenarrables- en las costas del Mar Negro, del Mar de Azov, en el este de Ucrania y en las proximidades de Kiev.

Es esta situación de mutuo y trágico desgaste la que ha hecho "avanzar" la negociaciones directas entre Ucrania y Rusia. Ambas delegaciones y voceros dejaron trascender esta semana la posibilidad de un acuerdo y una entrevista cara a cara de los presidentes Zelensky y Putin. 

Claro que cada parte no dejó de enarbolar reivindicaciones completamente opuestas: los ucranianos hablaron de una "retirada total e inmediata" de las tropas rusas, mientras desde Moscú insistieron en la demanda de "desnazificar" a su vecino, cuestión imprescindible para que Ucrania adopte un estatus neutral entre Rusia y el bloque militar liderado por EEUU, la OTAN.

"En cuanto a la desnazificación, la situación es bastante extraña, porque nuestros colegas ucranianos al otro lado de la mesa consideran que no hay formaciones nazis en Ucrania y que esto no es un problema en la Ucrania moderna", dijo el negociador ruso, Vladimir Medinsky.

China y EEUU

El capítulo más revelador sobre el devenir de este y de todos los conflictos vigentes surgió de las reuniones y diálogos que mantuvieron esta semana negociadores de China y EEUU, rubricados por los propios presidentes Biden y Xi en entrevista telemática.

El lunes, en Roma, EEUU amenazó a China con fuertes represalias si no colaboraba "activamente" con la aplicación de sanciones económicas contra Rusia. Allí, el secretario de Seguridad Nacional Jack Sullivan le dijo al alto diplomático Yang Jiechi que "China sufrirá serias consecuencias si socava las presiones de Occidente contra Putin". 

La amenaza llegó tras una campaña global de la OTAN en la que acusaba a Pekín de preparar ayuda militar para Rusia. Pero los  dichos de Sullivan apuntaban más allá: reclamó el cese total de transacciones económicas entre Rusia y China, y que el gobierno de Pekín se sume sin condiciones al bloqueo económico que la Otan lidera contra Rusia. 

En otras declaraciones, Biden envió el mismo mensaje a la India, cuyo gobierno restableció a principios de este mes un sistema de compensación de pagos con Rusia, por pedido de la Federación de Exportadores de la India (el comercio indio-ruso superó el año pasado los u$s 60.000 millones). 

Quien no se pliegue a los mandatos de la OTAN, se enfrentará a la OTAN, reza por lo bajo la amenaza estadounidense. Mientras se desarrolla la guerra en Ucrania, EEUU continúa trabajando para extenderla al lejano oriente. La alianza militar AUKUS (Australia-Reino Unido-EEUU) y el rearme de Japón y de Taiwán son otros testimonios de esta evolución. Un editorial del Financial Times de esta semana lo explicita: "La marina estadounidense podría bloquear a China, cortándole rutas marítimas clave".

Las sanciones económicas decididas por EEUU han implicado hasta ahora la confiscación de la mitad de las reservas internacionales de Moscú, alrededor de u$s 300 mil millones depositados en bancos occidentales. Las restantes reservas de Rusia tampoco están disponibles, por las sanciones que bloquean sus transacciones internacionales.

Por su parte, China viene construyendo un sistema de pagos internacionales desde hace mucho tiempo, con el fin de atenuar el monopolio de los bancos estadounidenses que controlan el sistema Swift. El flanco débil de esta estrategia es el billón de dólares en bonos del Tesoro de EEUU que tiene China y que, dadas las circunstancias, Washington puede transformar en un "pagadiós" cuando lo estime oportuno.

Como vimos  al principio, el mismo Putin, empantanado en Ucrania, busca un cese del fuego, pero no puede ir a él si no obtiene sus objetivos básicos: la neutralidad de Ucrania garantizada por un acuerdo internacional, el reconcimiento de Crimea como territorio ruso, y la autonomía de la region del Donbass (estos dos últimos, donde hoy predominan militarmente los ultranacionalistas ucranianos, deberían ser los sostenes físicos de la eventual neutralidad ucraniana).

EEUU rechaza de plano todas estas exigencias, y en cambio busca la extension de la guerra, apuntando a la sumisión de China. En los hechos, esta política tiende a la demolición definitiva del status quo global establecido tras el colapso de la Unión Soviética, hace tres décadas. 

Contrariando todas las apariencias, China y Rusia se aferran, cada una a su manera, a los restos de aquel orden global que EEUU quiere reformular aunque ello implique otra guerra mundial. Los chinos desesperan por la "estabilidad" política y económica internacional, condición básica para su grandiosa prosperidad industrial-comercial, construida justamente en las tres últimas décadas. 

Putin, por su parte, pretende conservar y eventualmente mejorar la posición de Rusia como privilegiada proveedora de energía a Europa. A tal punto es así que, a pesar de tres semanas de cruenta guerra y devastadoras sanciones, no ha cortado el flujo de los gasoductos rusos hacia Europa. Para más gloria, el jueves pagó en dólares contantes y sonantes al JPMorgan un vencimiento de la deuda externa rusa.

Al respecto, hay que anotar que EEUU también mantuvo las exportaciones de energía rusa fuera del ámbito de las sanciones, y que desde febrero la Unión Europea no deja de aumentar las compras de gas ruso

Más allá de los discursos "humanitarios" y de "paz", de las proclamas de "democracia", "soberanía" y "derecho internacional", las acciones concretas de todos los actores hacen prevalecer los negocios y disputan el reparto de ganancias. Aunque para ello sea necesario destruir un país o lanzar una nueva guerra mundial. 

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