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Acuerdos para hacer frente a problemas estructurales

La media sanción, por amplia mayoría, del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que aprobó la Cámara de Diputados de la Nación fue el resultado de arduas negociaciones que hicieron posible lo que en un país como la Argentina muchas veces parece imposible: la articulación de intereses parciales.

Se trata, nada más ni nada menos, de una de las tareas esenciales en el ejercicio de la política. Ojalá que esa voluntad general para llegar a acuerdos se repita también a la hora de buscar una salida a otros problemas estructurales del país que todavía no fueron resueltos.

Articular el trabajo político no es tarea fácil en ninguna nación democrática del mundo. Mucho menos en la Argentina, donde los asuntos más triviales suelen adquirir una trascendencia inesperada y la mayoría de los debates se plantean en términos de buenos y malos, es decir, sin tener en cuenta las complejidades. Casi por cualquier motivo sube el dólar paralelo y se generan zócalos alarmistas de TV.

Hasta hace pocos días, la posibilidad de ver al oficialismo y la oposición votando a favor del proyecto que autoriza al Ejecutivo a refinanciar la deuda por 44.500 millones de dólares contraída por la gestión anterior con el Fondo Monetario Internacional parecía remota. Sin embargo, más allá de las fuertes tensiones que el asunto a tratar en el recinto de la Cámara Baja generó en las dos principales coaliciones, a la hora de votar hubo una mayoría importante a favor del acuerdo con el FMI.

"El único modo de resolver los problemas es conocerlos, saber que existen. El simplismo los borra y así los agrava", sostiene Giovanni Sartori en "¿Qué es la democracia". La deuda con el FMI está ahí, y representa uno de los mayores problemas que tiene el conjunto de la sociedad argentina.

Los diputados y diputadas de la Nación resolvieron, en sesión especial, con 202 votos a favor, 37 en contra y 13 abstenciones, dar media sanción al acuerdo con el organismo que, de manera excepcional, otorgó a la Argentina en 2018 el préstamo más grande de su historia.

En rigor, el crédito tomado durante la gestión de Mauricio Macri no llegó en su totalidad: los resultados de las elecciones primarias de 2019 en las que se impuso Alberto Fernández hicieron que el FMI frenara los desembolsos. De ese modo, el país recibió cerca del 78 por ciento del monto total acordado en un principio, esto es, alrededor de 45 mil millones de dólares.

Lo que se aprobó en Diputados es un programa de facilidades extendidas firmado con el FMI por esa suma de dinero, que reemplaza el stand by de 2018. Lo que trascendió es que ese programa durará dos años y medio, habilita monitoreos periódicos de técnicos del Fondo Monetario, y que los pagos deberán hacerse efectivos a partir del año 2026.

El acuerdo que recibió luz verde en la Cámara Baja ahora pasará al Senado que, si todo marcha como está previsto, empezará a tratarlo el lunes. Hay que decir algo que resulta casi una obviedad: si la Cámara Alta lo aprueba no habrá nada para festejar. En todo caso, lo que se habrá logrado es tomar un respiro en un momento complicado para el mundo y especialmente para la economía local. Es patear la pelota para adelante. En todo caso, el dato positivo -si se lo puede llamar así- es que hasta ahora la dirigencia política dio muestras de capacidad para procesar, de acuerdo a las reglas de juego democráticas, sus diferencias.

Es de esperar, como se dijo al principio de esta columna, que esa predisposición para escuchar a todas las fuerzas políticas y para suavizar las diferencias esté presente también a la hora de buscar soluciones a otros problemas estructurales del país que todavía no fueron resueltos, y que vienen desde hace muchos años, como es el hecho de que exporta en promedio a 650 dólares la tonelada, mientras que importa productos cuyo valor promedio es de 1300 dólares la tonelada, como señaló en una entrevista televisiva el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa, al ser consultado sobre lo que falta resolver en el país.

Es que Argentina necesita exportar para crecer. Pero necesita exportar productos con mayor valor agregado para salir de los ciclos recesivos que experimentó en las últimas décadas y que, según algunos estudios, representaron casi 25 años de contracción económica.

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