Errores de cálculo
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, dijo ayer en declaraciones a la cadena de televisión Al Jazeera que el presidente estadounidense, Joe Biden, sabe que la única alternativa a las sanciones contra Rusia es una Tercera Guerra Mundial y que sería " una guerra nuclear devastadora ".
Poco antes, una vocera de la Casa Blanca había señalado que "la retórica provocativa sobre las armas nucleares es peligrosa y amplía el riesgo de cometer errores de cálculo".
¿Qué se está haciendo para evitar una mayor escalada del conflicto? El mundo mira con estupor cómo, lentamente, se sigue agravando el conflicto en Europa del Este. Salvo las reiteradas advertencias sobre la invasión de Rusia a Ucrania que varios días antes de que se produzca hizo la Casa Blanca, nadie más anticipó la decisión de Putin de avanzar con tropas rusas sobre la capital ucraniana.
Es por eso que al temor (que razonablemente tiene la población europea y del resto del mundo) ante un posible uso de armas de destrucción masiva se sumó la incertidumbre que genera la guerra en Ucrania. ¿Podría alguien cometer un error de cálculo en una situación tan delicada como la que vive Europa del Este?
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, descartó el riesgo de una guerra con armas nucleares, aunque advirtió que la orden de su par ruso, Vladimir Putin, para que el Ejército ponga en alerta a sus fuerzas de disuasión nuclear, no deja de ser "peligrosa" para la paz mundial.
Si bien Lavrov dijo ayer por la mañana que una confrontación con armas nucleares "sería una guerra devastadora"; en horas de la tarde la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, aseguró que su país no tenía intención de llegar a una instancia tan dramática. En medio de un clima de tensión creciente es difícil saber cuál es la verdadera dimensión del peligro al que se enfrenta Europa y, por supuesto, el resto del mundo.
La preocupación por las derivaciones que podría tener este conflicto recorre todo el planeta. Según la empresa Google, ayer en pocas horas se disparó la cantidad de búsquedas de las palabras "ataque nuclear" y "guerra nuclear" relacionadas con la ofensiva militar de Rusia contra Ucrania en ese buscador en la mayoría de los países.
En un artículo publicado ayer en el New York Times, el periodista Thomas Friedman observa que la "velocidad vertiginosa y el alcance arrollador del aislamiento económico y diplomático que padece Rusia no tienen precedentes".
"Este aislamiento combinado con la mala actuación de Rusia en el campo de batalla puso a Putin en una situación cada vez más desesperada", agrega el columnista. El panorama, más allá de las conversaciones que iniciaron Rusia y Ucrania, no es alentador.
La noticia que dio cuenta que un Boeing 747 de la Fuerza Aérea de EE. UU., que fue diseñado para resistir la onda expansiva de bombas nucleares, fue visto sobrevolando el estado de Nebraska, pocas horas después de que Vladimir Putin anunciara el estado de alerta de las fuerzas nucleares rusas, no hizo más que sumar preocupación entre ciudadanos de todo el mundo.
Putin cumplirá dentro de pocos días 22 años en el poder. Muy atrás parece haber quedado la elección presidencial que celebró Rusia el 26 de marzo del año 2000. Aquel día, el líder ruso (que había sucedido al presidente saliente, Borís Yeltsin, tras su dimisión el 31 de diciembre de 1999 y que ejercía los cargos de primer ministro y presidente interino) fue elegido en primera vuelta con casi el 53 por ciento de los votos.
En estas horas difíciles para la paz y la seguridad mundial, muchos intentan descifrar el enigma que representa el líder ruso para saber hasta dónde está dispuesto a llegar con sus audaces movimientos en el tablero geopolítico mundial.
La declaración conjunta que firmaron en enero pasado los cinco países que ocupan una silla permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU -Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia-, en la que admitieron que "una guerra nuclear no puede haber ganadores y no debe librarse nunca", deja una ventana abierta a la esperanza, aunque persiste el temor a que alguien, en algún lugar, cometa un error de cálculo.










