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Una nueva era de incendios forestales

Expertos en el manejo del fuego advierten que fenómenos climáticos extremos, como las fuertes sequías que se registran en distintas partes del planeta, contribuyen a la generación de incendios forestales que, por su magnitud e intensidad, no se pueden combatir con los medios disponibles en ningún lugar del mundo. Aseguran que, además de autobombas, aviones hidrantes y bomberos, lo que se necesita es tener una planificación clara de cómo se va a actuar en este nuevo escenario.

En junio de 2017 se registró en Portugal un incendio forestal que arrasó en muy poco tiempo más de 50.000 hectáreas en la localidad de Pedrógão Grande, ubicada en el centro de ese país. La tormenta de fuego, de una magnitud nunca antes vista en esa región, sorprendió a un grupo de vehículos que circulaban por la ruta nacional 236 que pasaba por el medio de los incendios. No lograron escapar. El saldo: 67 muertos, entre ellos varios niños. La tragedia llamó la atención de expertos en la lucha contra incendios, que concluyeron que las víctimas fueron sorprendidas por la velocidad con la que se desplazaron las llamas que destruyeron más de 5.000 hectáreas en apenas una hora. Algo nunca visto hasta ese momento, al menos en Portugal. Según varios especialistas, entre ellos el profesor de ingeniería forestal de la Universidad de Lleida (España), Víctor Resco, lo que ocurrió en esa oportunidad -en términos técnicos- es que se produjo un desplome del pirocúmulo (nubes de fuego que se generan en incendios de gran magnitud) que se formó por la gran energía acumulada por las llamas. Resco sabe de que habla. Lleva varios años estudiando los incendios forestales y, entre otras cosas, ha colaborado con el quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Para los estudiosos del fenómeno, estos incendios de gran magnitud son denominados de Sexta Generación. Se llaman así a partir de una clasificación que se hizo de los cambios de comportamientos de los incendios que se observaron desde que hay registros en la década de los 60 hasta la actualidad. Se caracterizan por aprovechar la abundante vegetación seca que hay en períodos de largas sequías, que se transforma en una enorme fuente de combustible que se quema con tanta rapidez e intensidad que derivan en focos ígneos de gran intensidad en los que la energía que desprende se manifiesta en llamas de más de tres metros, que escapan a lo métodos tradicionales de combate del fuego. Estos desastres de Sexta Generación son excepcionales si se observa el régimen histórico de incendios, pero lo que llama la atención de los investigadores es que desde 2017 hasta la fecha se han vuelto más frecuentes en distintas partes del mundo. Además del caso en Portugal, en los últimos años se registraron otros similares en España (Málaga, Ávila, Tarragona), en California, Chile, Grecia, Turquía y Australia.

Vale una aclaración: los incendios existen en nuestro planeta desde que existe la vegetación.

Lo que sucede ahora es que algunos de ellos se producen en momentos en que hay grandes extensiones de tierra con masa forestal y vegetación seca y poca humedad en los suelos. Es lo que se observa, por ejemplo, en los incendios que llegaron a los Esteros del Iberá (aunque es prematuro afirmar que se trata de uno de sexta generación).

Los casos más extremos, hasta ahora, se registraron en Australia durante los incendios forestales que azotaron a ese país entre junio de 2019 y mayo de 2020, y que desprendieron columnas de humo que alcanzaron los 35 kilómetros de altura, afectando incluso el funcionamiento de la aviación comercial.

¿Qué se puede hacer ante semejante fuente de calor que emite tanta energía? "Son inabordables. No se pueden apagar, solamente las lluvias pueden apagarlos", advierte Resco, quien asegura que el planeta está entrando en una nueva era de incendios forestales.

"Lo que hay que hacer es tratar de prevenirlos, es decir, que no ocurran. Hay que gestionar el territorio", agrega el experto. Y remarca que con los medios actuales no se pueden hacer frente a estos gigantes de la destrucción. Cita como ejemplo el caso de los aviones hidrantes que cuando descargan el agua sobre las llamas, el líquido no alcanza a llegar al suelo porque se evapora antes. Es decir, no es cuestión de contar con más o menos agua, sino de plantarse frente a este grave problema desde otro lugar, esto es, con un trabajo serio de prevención.

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