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El Estado silleta

De tanto en tanto, alguna noticia del Chaco se convierte en viral y recorre el país a través de las redes sociales y de los medios. Esta vez volvió a suceder, aunque con un nivel de expansión de escasos precedentes.

Sucedió con la historia del empresario que en las afueras de Resistencia quebró a sillazos un piquete gremial que se había instalado en el acceso de su negocio y que le impedía llevar a cabo sus actividades habituales. Los protagonistas fueron Enzo Meucci, propietario de la distribuidora de bebidas y alimentos Don Sendo, y algunos representantes del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria de Aguas Gaseosas y Afines (Sutiaga).

Estos llevaban dos días acampando frente a la empresa. El nudo del conflicto es que el gremio considera que el personal de Don Sendo debería estar afiliado a su entidad, y no estar anotados como empleados de comercio.

Es un tipo de reclamo tan viejo como la actividad sindical, que tiene detrás diversos intereses y a veces también zonas grises. Los sindicatos quieren tener más afiliados, porque eso les da más peso político y más ingresos, y las empresas suelen intentar que sus agentes estén registrados en actividades que tengan menos beneficios en materia de salarios, licencias, horarios.

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Captura de pantalla del cruce entre el empresario y los sindicalistas.

En el hecho que vio medio país, un video de sesenta segundos muestra la furia de Meucci por la manera en que la gente de Sutiaga venía bloqueando la salida y entrada de camiones. Don Sendo tiene a su cargo la distribución local de diversas marcas de bebidas y productos alimenticios.

El empresario empuja a un gremialista que estaba sentado en medio de la línea del portón y luego lanza al aire su silleta. Después se lo ve instando a uno de sus empleados, que estaba a volante un camión, a que aprovechara el momento para salir del predio. Y como aún había uno o más manifestantes en el camino, Meucci agrega: "Pasalo por arriba". Como el vehículo no avanza, se decide a manejar él mismo. Se sube al camión, sale y se aleja.

Un héroe

El video fue grabado por uno de los integrantes de la protesta de Sutiaga. Seguramente el gremio quería registrar el accionar de Meucci a modo de resguardo -la situación ya era tensa y nadie necesitaba ser un vidente para saber que podía terminar mal- o con la idea de que la posterior difusión de lo ocurrido generaría en los dantescos tribunales de las redes sociales condenas para el empresario y expresiones de solidaridad con el gremio. Si era el objetivo, el resultado para los sindicalistas no podría haber sido peor.

En pocas horas las imágenes cosecharon cientos de miles de reproducciones en las más diversas plataformas. En los foros, las expresiones de apoyo a Meucci y de desprecio por los gremialistas fueron prácticamente unánimes. El propietario de Don Sendo ascendía a la categoría de nuevo héroe nacional. Sin embargo, lo que se sabe del conflicto de fondo no es demasiado.

En la que parece haber sido su única declaración pública luego del incidente (una salida telefónica por el canal informativo TN, de Capital Federal), Meucci justificó su accionar describiendo la impotencia vivida en las dos jornadas durante las cuales el bloqueo gremial había impedido que su pyme trabajara.

"Venimos soportando esto hace tiempo. Para nosotros es una situación muy difícil. (Los gremialistas) vinieron de un día para el otro y bloquearon sin ningún motivo. Los gastos que venimos soportando, más la pandemia, la situación en general impositiva, sumado a esto, es para nosotros una locura", sostuvo. Desde Sutiaga el silencio fue hasta ahora total.

NORTE buscó difundir la postura del sindicato frente a lo ocurrido, pero nadie se ocupó de darla. Tras varios intentos fallidos, un dirigente se excusó con un audio vía Whatsapp en el que alegaba estar "en una reunión" y prometió un contacto posterior que nunca se concretó.

De modo que se ignora de momento si el reclamo es exclusivamente por el encuadramiento gremial de los empleados de Don Sendo o si hay alguna objeción más. En el video, alguien (posiblemente la persona que filma los acontecimientos) habla de trabajo en negro. En su contacto con la TV porteña, Meucci dijo tener "todo en regla".

A nivel nacional, Sutiaga tiene como principal referente a Raúl Álvarez. No es uno de los dirigentes más conocidos del mundo sindical, aunque en 2018 logró cierta celebridad cuando el programa "Periodismo para todos", de Jorge Lanata, difundió un informe sobre él, afirmando que llevaba un tren de vida casi de rockstar, similar al de las figuras más destacadas de lo que la izquierda llama "la burocracia sindical". Según ese mismo reporte, Álvarez se dedica a la cría de una refinada raza de caballos y posee una asombrosa colección de autos de alta gama, todo con fondos de su gremio.

¿Por qué?

Olvidemos por un momento a los protagonistas. Pensemos en la situación que muestra esa secuencia de un minuto exacto. Hay, por supuesto, infinitas maneras de interpretarlo, pero posiblemente lo más impactante no esté en las imágenes sino en la reacción masiva ante ellas. El video dice muchísimo, pero las posiciones asumidas al verlo dicen más.

Algo para anotar es que si alguien que desconociese por completo la realidad argentina viera la filmación, posiblemente consideraría que allí el personaje conflictivo es el empresario. Al fin de cuentas los activistas gremiales se ven allí manifestándose pacíficamente (si bien no deja de ser violento el impedir el trabajo de otras personas) y es al dueño de Don Sendo a quien observamos en una actitud de ira descontrolada. Si además ese observador fuese un trabajador en relación de dependencia, posiblemente sentiría más empatía por la gente del sindicato que por la figura patronal.

"Si fueron a manifestarse es porque hay algún derecho de los empleados que no se está respetando", pensaría. Ya sabemos que, claramente, el análisis que hizo en nuestro país la mayoría de los millones que vieron lo ocurrido fue muy diferente.

Las expresiones de apoyo a Meucci fueron aluvionales, aun cuando -como se dijo antes- se ignoran los detalles finos de su litigio con el gremio. La dirigencia sindical, a su vez, recibió repudios de todo calibre, sin importar si enarbolaba o no un reclamo justo. Incluso sin que prácticamente nadie rescatara un detalle del video: la actitud pasiva de los manifestantes frente al arranque de furia del hombre que los increpaba.

Eran más en número, pero no respondieron más que con algún insulto, al menos en el lapso filmado. La pregunta cantada es, ¿por qué la opinión colectiva se volcó de esa manera? Es evidente que los miles de comentarios de adhesión a la conducta de Meucci no fueron escritos por otros propietarios de compañías.

En los perfiles se mezclaba gente muy diversa. ¿Qué los llevó a una solidaridad instantánea con el dueño de la distribuidora? Seguramente, asociar esa escena tan particular con la historia del país en las últimas décadas y -sobre todo- con este presente nacional, en el que poco o casi nada es como debería ser.

Sindicalistas que no defienden a los trabajadores sino sus propios bolsillos, formas de protesta que son actos de abuso que avanzan sobre los derechos de los demás, un sector privado que desde hace tiempo es el único que se ajusta el cinturón para que el sector público pueda seguir tirando al techo toneladas de manteca que se financian con una estructura impositiva monstruosa.

No es necesariamente lo que hubo en los hechos de Don Sendo, pero es lo que está en la cabeza de esa franja de argentinos que sienten que deben subsistir sin tener al Estado de su lado, y en más de una ocasión teniéndolo directamente en contra. Un Estado parecido a esa silleta del video, que puede servir para sentarse a forzar las respuestas que deberían brindar las instituciones o para descargar la impotencia de vivir en una sociedad descalibrada, pero no para sus misiones fundamentales.

Una de ellas, regular la vida de la comunidad con una premisa de convivencia pacífica y progreso, con cargas repartidas de un modo equitativo, con incentivos a la inversión y al trabajo digno, con razonabilidad en el manejo de los recursos públicos, con discursos y acciones que estimulen el entendimiento y no la división. Como para que nadie se sienta autorizado a violar las libertades ajenas ni resignado a pensar que la única ley vigente es la de la selva.

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