Milbares Carlitos
Sin dudas, parte de la historia cuasi surrealista urbana, de la galería de personajes de la ciudad. Se extraña al querido Carlitos, o Sandro, siempre con su amable ternura, su elegante locura y su bohemia "tan resistenciana" a cuestas.

En su Motoneta MamboSpacial
elevada por una banda de Alucinados Psicopajaritos
surcando el cielo de Mil Bares sonriendo siempre a pares e impares
ahí va el Loco Carlitos.
Santo patrono de bodegones
clientes, noctámbulos a montones
Solitarios y taciturnos
parroquianos de toda calaña
con la guitarra te dabas maña
sonando un blues de los Stones.
Caminaste la ciudad
como el can antecesor
el culturoso perro Fernando
con invierno o furioso sol
recordado como El Diego y su gol
con tu paso presuroso, amable, gentil, respetuoso
de Resistencia fuiste un pedazo en una mano tu corazón
y en la otra un gran abrazo. Si la cordura y legalidad
nos dejaron como estamos, prefiero un tinto frappé
un librito para leer caricias suaves de mujer
un amigo y un par de habanos.
Ya ves, la felicidad
no es de pirados ni de cuerdos
Estas noches de calor
tu alegría sin pudor
saltando de bar en bar
con esa magia particular
tu imagen lookeada sin igual
así es como te recuerdo. Ojalá que tu mambo loco
tu ternura nos contagie un poco
hablando bajo, sin gritos
te encuentre y pueda volverte a ver
entre poetas y locos
un instante en el infinito.
Y aprender de tu simpleza
tan auténtica, sin mitos que como la vida tal vez
solo se trata de "un café, una monedita y un cigarrito".

Su look más conocido, su marca registrada eran una remera o buzo a rayas, pulóver rojo atado a la cintura y las dos colitas en el pelo. Siempre pedía "una monedita para el café, un cigarrito". De pocas palabras, si le decían no tengo, él respondía "Está dura la mano, Carlitos".
Los bares de la Güemes y la Pellegrini eran sus paradas habituales, pero también se daba una vuelta por La Vaca Atada o la Peña Martín Fierro, ya que gustaba de la música, los recitales; también asistía a las exposiciones de arte.
Lo vi subir varias veces a los micros urbanos (quién sabe a dónde iba) y los choferes jamás le cobraron. Lo recuerdo de purrete en el entonces "Bar La Estrella", a mediados de los ´80, o tocando una viola criolla en la vereda del quiosco "Heidy", por Pellegrini, en la misma cuadra.

Luego, ya de grande, lo escuché tocar la guitarra eléctrica en otros bares, antes del recital de alguna banda local. Y, por cierto, lo hacía muy bien; el blues era su estilo preferido. Tenía un humor muy particular: sabía "las noticias, lo que pasaba" como cualquiera, y tenía el don de mezclar la realidad con la ficción de manera sorprendente.
En el mes aniversario de Resistencia, "nuestra casa grande", no está de más recordar que la ciudad también se nutre de "los distintos", como Carlitos, "un clown de bares" más famoso que funcionarios, obispos y comisarios. Y con su aspecto insolente, extravagante y creativo, con su particular gentileza, se fue ganando el respeto y el corazón de varias generaciones.
Todos tienen o tenemos una anécdota con Carlitos o sabemos de alguna historia. El 13 de mayo de 2014 partió hacia el "Bar Celestial". Fue despedido (casualidad o no) en el Fogón de los Arrieros, donde también la ciudadanía despidió en su momento al perro Fernando, en cuya vereda descansan sus restos.
A la partida de Carlitos (o Alberto Oscar Robledo, según su DNI) asistieron numerosas personalidades, vecinos, funcionarios y músicos, que entonaron canciones en su homenaje. Sobre su ataúd se colocó una taza de café, monedas, y cientos de cigarritos que dejaba la gente que asistió al lugar.
Sobre el mediodía partió el cortejo, haciendo una parada en el "Café de la Ciudad" (su lugar preferido) donde los mozos realizaron una especie de guardia de honor, todos en fila, y los clientes le dijeron adiós entre flores y un cerrado y emotivo aplauso, como merecen los artistas. Porque Carlitos ya es leyenda. Lo demás, es pura rutina, cosa de locos.












