El lastre de la deuda
La Argentina, luego de una semana de intensas negociaciones, llegó a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para pagar el préstamo de 44 mil millones de dólares que otorgó al país el organismo internacional de crédito durante la presidencia de Mauricio Macri. Se escribe así un nuevo capítulo en la historia de una pesada carga para la economía nacional que pone límites al crecimiento y el desarrollo.
En septiembre de 2018 el gobierno de Macri, tras una renegociación con el FMI, logró que este ampliara el crédito destinado a la Argentina por casi 57 mil millones de dólares. Pero el país no alcanzó a recibir todo ese monto debido a que el oficialismo de entonces perdió las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias celebradas en 2019. Frente a ese resultado adverso, el FMI suspendió los últimos fondos que debía desembolsar, de manera que la cifra final que recibió la Argentina fue de poco más de 44 mil millones de dólares. Se conocería después que la Casa Blanca, bajo la administración Trump, había dado el visto bueno para que el FMI, violando su propio estatuto, otorgara un préstamo extraordinario al gobierno de Macri para que este no perdiera las elecciones presidenciales de octubre de 2019. Así lo reveló Mauricio Claver Carone, por entonces asesor de Trump, quien confirmó que había un interés geopolítico de Estados Unidos para sostener al gobierno de Cambiemos que se mostraba afín a los intereses norteamericanos en la región. Se entienden así las razones por las cuales los préstamos acordados con el FMI en 2018 se convirtieron en los más altos que registra la historia de endeudamiento externo del país.
Lo curioso, por decirlo de alguna manera, es que en junio de 2016 el economista Nicolás Dujovne, quien después sería convocado para asumir como ministro de Economía de la Nación, dijo en una conferencia organizada en Brasil por la fundación Fernando Henrique Cardoso que se tituló "Seis meses de Macri, perspectivas para la Argentina" que lo único bueno que había heredado Cambiemos de la gestión anterior era el bajo endeudamiento. "Argentina tiene niveles de endeudamiento bajísimos tanto a nivel del gobierno como a nivel de las empresas y a nivel de las familias", aseguró en esa oportunidad.
Ayer, el presidente Alberto Fernández dijo al anunciar el acuerdo con el Fondo que "sufríamos un problema, y ahora tenemos una solución". "Teníamos una soga al cuello, una espada de Damocles, y ahora tenemos un camino que podemos recorrer", agregó. Lo que no dijo es que ese acuerdo ofrece muy poco margen de maniobra para la recuperación económica. Todo indica que habrá ajustes -palabra que ningún gobierno quiere incluir en sus discursos oficiales- y que habrá que cruzar los dedos para que el país logre alejarse todo lo posible del nuevo ciclo de endeudamiento que comenzó en 2015 y que trajo aparejada la ya conocida estrategia de "carry trade" (o bicicleta financiera, que consiste en vender dólares en el mercado cambiario y realizar inversiones en pesos para obtener un rendimiento más jugoso volviendo luego a la moneda norteamericana) y la fuga de capitales.
Hay quienes afirman que el acuerdo alcanzado con el FMI permite trazar una hoja de ruta, de cara a los próximos años.
Es cierto. Con una deuda de 47 mil millones de dólares sobre las espaldas y sin recursos para afrontar semejante compromiso en un año en el que se intenta dejar atrás los problemas generados por la pandemia seguir postergando una definición respecto a la reestructuración de la deuda hubiera significado más turbulencias para la economía local. Solo basta mirar lo que pasó en los últimos días con el dólar paralelo, por citar solo una variable.
Las consultoras más serias reconocen que la recuperación de la economía nacional viene dando señales positivas desde hace varios meses y nada hace prever, al menos por ahora, que esa tendencia se revierta.
Si Argentina logra cerrar 2022 con claros indicadores de crecimiento de su economía será la primera vez en la última década que mostrará un crecimiento sostenido en dos años consecutivos.
Ojalá que esta vez el país logre dar una vuelta de página y pueda torcer el rumbo de una historia de 16 ciclos recesivos que representaron 25 años de contracción económica desde mediados del siglo pasado.










