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Leer hace bien

Recientes descubrimientos realizados en el campo de la neurología confirmaron que la lectura diaria estimula la actividad del cerebro, fortalece las conexiones neuronales y demora el deterioro cognitivo. El hábito de leer obliga, entre otras cosas, a ejercitar la memoria, imaginar y ordenar ideas. Si, además, la persona que adopta la saludable costumbre de leer se deja llevar por la curiosidad y se anima a recorrer distintas corrientes de pensamiento, es probable que esté más predispuesta al diálogo con quienes tienen ideas opuestas y, por lo tanto, esté más preparada para participar de la búsqueda del bien común.

El dueño de una vieja librería de Toledo, España, escribió una vez una especie de prospecto en el que, con gran imaginación, comparaba el libro impreso con un fármaco. Al igual que esa información escrita que acompaña a los medicamentos y que contiene detalles de su composición, características y modo de empleo, el original prospecto del librero español acompañaba todos los ejemplares que se vendían en su local. Decía lo siguiente: "Libro impreso. Composición cualitativa. Contiene: conocimiento; fantasías, experiencias; paradojas y pasiones. Indicaciones: indicado para el tratamiento sintomático en los casos de aburrimiento, curiosidad, necesidad de conocimiento, estrés, ganas de transformar la realidad. Acción terapéutica: según las dosis, euforizante, eliminador de la ignorancia, aumento de la creatividad cerebral, fortalece las conexiones neuronales. Posibles efectos secundarios: el uso continuado puede aumentar su pensamiento crítico, su sensibilidad, sus dudas existenciales.

Contraindicaciones: no se conocen contraindicaciones, ni problemas por sobredosis".
Los estudiosos de las funciones del cerebro aseguran que, como si fuera un fármaco, la lectura diaria puede aumentar la capacidad de concentración y evitar la pérdida de las funciones cognitivas asociadas a la edad. Aunque sobre esto último, hay que reconocer que el hábito de leer es beneficioso en todas las etapas de la vida. De todos modos, en estos vertiginosos tiempos que corren es necesario promover un mayor acercamiento a los libros de los niños y adolescentes, especialmente en los primeros ya que en la infancia la plasticidad cerebral es mucho mayor que en la vida adulta y, por esa razón, el proceso de interrelacionar conceptos, pensar e imaginar tiene, por decirlo de alguna manera, un mayor margen de maniobras. Es que, como bien señalan los científicos, la esponja del aprendizaje está en la infancia y la adolescencia.

Dicho esto, no hay que olvidar la importancia clave que tiene la lectura en las personas adultas mayores, ya que está demostrado que el hábito de leer en esta etapa vital ayuda a mantener el cerebro en buen estado, ya que es una especie de músculo que debe ser ejercitado para que no se atrofie.

Se puede afirmar, por otra parte, que el hábito de leer está, en cierta forma, relacionado con la participación ciudadana y la construcción de una sociedad más democrática. No es casual que entre las tantas atrocidades cometidas por la última dictadura cívico militar que castigó a la Argentina, figure la quema de más de un millón de libros del Centro Editor de América Latina, ocurrida en junio de 1980, en la localidad de Sarandí, provincia de Buenos Aires. Ni siquiera en eso fueron originales: la destrucción de libros para impedir que lleguen a manos de lectores curiosos también fue una práctica frecuente en la Alemania nazi, en la dictadura franquista en España y hasta en el período de terror que instauró Pinochet en Chile, que tuvo su caso más resonante con la quema pública de libros ocurrida el 23 de septiembre de 1973 en pleno centro de Santiago y que fue transmitida por un canal de televisión del país trasandino.

"La persecución del libro. Hogueras, infiernos y buenas lecturas", de la historiadora de la Universidad Complutense de Madrid, Ana Martínez Rus, por citar un ejemplo, reseña el ataque sistemático a editoriales y bibliotecas que llevó adelante el franquismo desde los primeros días de la guerra civil española, para desterrar lo que el dictador consideraba "ideas peligrosas".

Leer hace bien a la salud de las personas y favorece la construcción de una sociedad más respetuosa y democrática, que implica la existencia de una ciudadanía preparada para participar en los procesos deliberativos. En un mundo cada vez más complejo en el que no resulta sencillo concertar los intereses de los distintos sectores de la sociedad, la promoción del libro y la lectura es un paso que se debe dar para fortalecer relaciones y el respeto mutuo en la comunidad.