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La batalla por el control de datos

Cada vez que una persona se conecta a internet genera, sin saberlo, una enorme cantidad de datos. Es tal la importancia que adquirió esta información que hay quienes aseguran que los datos son la nueva materia prima de la economía y que pronto desplazará al petróleo como insumo clave en un mundo globalizado.

El historiador israelí, Yuval Noah Harari, dijo hace poco que Estados Unidos y China se han convertido en superpotencias digitales y que están inmersos en una carrera para controlar los flujos de datos globales. Por su parte, un informe elaborado por el Trasnational Institute —que tiene su sede en Ámsterdam— sostiene que la Unión Europea también participa de la batalla mundial por el control de la economía digital, utilizando las negociaciones y las normas comerciales para hacer valer sus propios intereses. "En el proceso, la UE está tratando de trepar sobre las espaldas de los países en desarrollo, socavando la posibilidad de que todos compartan equitativamente los beneficios del desarrollo tecnológico", advierte el documento titulado "Colonialismo Digital. Análisis de la agenda comercial europea". Este informe pone la lupa sobre las principales cláusulas de comercio digital que la UE defiende en sus negociaciones comerciales y su impacto en los países en desarrollo.

"La UE ha adoptado una estrategia colonialista, saliendo a la caza de datos del Sur global, para posicionar a sus propias empresas en las nuevas cadenas de valor cibernéticas globales. Para empoderar a sus propias corporaciones tecnológicas, la UE está tratando de imponer cláusulas en las negociaciones comerciales que obstaculizarán la industrialización digital, restringirán la necesaria supervisión estatal de las empresas y socavarán los derechos de los ciudadanos en otros lugares, en particular en los países en desarrollo", advierte el informe.

El panorama que describe Harari no es muy diferente. Asegura que el mundo ingresó en lo que denomina "una nueva era colonial: la era del colonialismo de datos". Para dominar un país, observa el historiador, ya no es necesario enviar tanques. "Solo tienes que obtener sus datos. Imagine la situación dentro de 20 años, cuando alguien en Pekín o San Francisco tenga todos los datos personales de cada político, periodista y juez del país. Cada enfermedad que han tenido, cada encuentro sexual, cada broma que han contado, cada soborno que han aceptado. ¿Seguiría siendo un país independiente, o sería una colonia de datos?", se pregunta.

Cuando una persona utiliza un producto en apariencia gratuito en internet lo más probable es que, en realidad, lo haga a cambio de dejar sus datos. No son muchos los usuarios que son conscientes de la gran cantidad de "cookies" (pequeños programas que recopilan información de la actividad en línea) que se descargan automáticamente en sus dispositivos (celulares, computadoras, tablets) cada vez que se ingresa a un sitio web.

Cada vez que el usuario descarga una aplicación a su celular o ingresa a un sitio web de Internet se encuentra con una serie de términos y condiciones que regulan el tratamiento de los datos personales. Son una especie de aviso que advierte sobre la utilización de esa información privada. Pero, por lo general, esa advertencia viene en forma de largos textos escritos con lenguaje técnico a los que la mayoría de las personas presta poca atención. Al aceptar los términos y condiciones de uso del servicio, el usuario cede sus datos personales sin saber exactamente el destino que tendrá esa información. Lo más probable es que sea utilizada por grandes compañías de Internet para realizar un perfil del consumidor, a partir del seguimiento sistematizado de compras, gustos personales y lugares físicos que visita (los mapas gratuitos para celulares permiten ese rastreo), entre otra información, que son oro en polvo para gigantes tecnológicos como Google o Facebook, por citar solo dos de las compañías más conocidas cuya fuente de ingresos se basa en la comercialización de esos datos personales de los usuarios. Este fenómeno hace que el usuario pase a ser una especie de producto o mercancía, muchas veces sin saberlo, cada vez que usa los servicios de compañías proveedoras de internet, aplicaciones de delivery y envíos; de transporte, supermercados o servicios financieros.

La batalla por los datos es una batalla silenciosa que por lo general pasa desapercibida para la mayoría de los usuarios. Debido al impacto que tiene sobre la ciudadanía es de esperar que este asunto ocupe un espacio central en el debate público.