El scooter que murió antes de nacer
A finales de la década de los años 50, España estaba en recesión en plena dictadura franquista y las Vespas y Lambrettas italianas poblaban las calles y rutas del país.
Montesa, un fabricante catalán instalado desde 1944 se interesó por el sector scooter y puso a trabajar a su diseñador Leopoldo Milá en uno de los prototipos más excéntricos y extravagantes conocidos: La Montesa Fura.

El curioso scooter tenía un motor monocilíndrico de ciclo 2T de 142 c.c. y 8 CV, (lo mismo que por esa epoca entregaba una Puma argentina de 125cc) y una caja de cambios de tres velocidades, suficiente para impulsarla hasta los 100 km/h.

Y la transmisión final era por cadena. Milá concibió la Fura como una moto íntegramente carrozada.
Lo novedoso era su construcción con una carrocería que también hacia las funciones de chasis autoportante fabricada en chapa de acero de 0,8 mm de grosor que se doblaba en forma de ‘U’ invertida, ahorrando así los costos que hubiesen supuesto el adquirir las prensas y matrices con las que la competencia fabricaba las ‘Vespas’, que ante el anuncio fueron subsidiadas por el gobierno -posiblemente- por la presión de los italianos.

Milá pensó en varias soluciones interesantes como la práctica solución para los asientos, que tenían un cómodo respaldo y se fijaban sobre unos rieles o guías con unas sencillas tuercas, era uno de esos aciertos que presentaba y que más chocaba.
Las guías permitían correr los asientos hasta la altura deseada, o incluso juntarlos más para albergar a un tercero, así como montarlos incluso al revés o fijar la rueda de repuesto.
A pesar de su fealidad y parecido a un vehiculo de parque de diversiones en su momento diversas revistas británicas como MCN y Motor Cycling dijeron de ella que era "el diseño más original de ese año por su carrocería autoportante" y por ser "un extraordinario vehículo sin ser ni un scooter ni una motocicleta".
Igualmente el proyecto de producir la Fura se desestimó fácilmente alegando que era demasiado pesada y consumía valiosos recursos que el país precisaba, como si las italianas fuesen de madera.











