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Pidamos

Estamos ingresando a ese tramo de diciembre en el que los adultos, casi sin poder evitarlo, seremos arrastrados por el remolino de los compromisos que generan las celebraciones de la Navidad y del Año Nuevo.

En la primera de esas festividades, lo haremos olvidando por completo su origen y su sentido, al punto de haber reemplazado al Niño Dios de otros tiempos por un sujeto vestido de rojo y con aspecto de borrachín que nos fusila las tarjetas de crédito en alianza con todo tipo de tiendas y marcas. Sus comisiones deben ser monumentales.

Es también el período en que los canales de televisión nos llenan de entrevistas a nutricionistas que nos brindan consejos que jamás hemos seguido ni seguiremos. ¿De dónde sacaron la alocada idea de que las Fiestas tienen un sentido aunque uno no haga estallar su vesícula con el vitel toné que hizo la tía y el panqueque alemán adquirido a precio de regate en la rotisería de la otra cuadra?

En las calles, el demenciómetro urbano queda al tope. Los piquetes reclamando el pan dulce garantizado por la Constitución se multiplican y obligan a implementar un sistema de turnos para el uso de las calles que rodean a la plaza central de Resistencia. Alrededor de las manifestaciones, miles de automovilistas juegan a ver quién está más dispuesto a destrozar la trompa de su vehículo en los desvíos enmarañados generados por los cortes. En la periferia, los semáforos son menos respetados que la Ley de Defensa al Consumidor.

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Cartitas al viento

Entre todo eso, lo único puro sigue siendo la ilusión de los niños, que en el caso de quienes ya van a la escuela queda expresada en cartas de letras desparejas y trabajosas, escritas por mentes que nunca más estarán tan limpias. 

¿Y nosotros? ¿Nosotros, los que desde hace muchísimo sabemos la terrible verdad (la primera de tantas otras que no han dejado de aparecerse en el camino), qué pediríamos si pudiésemos volver a creer? Posiblemente:

-Que pensar en vivir del trabajo propio, de una manera honesta y apostando a la idoneidad y no al acomodo, deje de ser un pésimo plan.

-Que si nuestros hijos nos dicen que desean buscar su futuro en otro país, porque en el nuestro no encuentran manera de ver un horizonte, les podamos decir, totalmente convencidos, que se equivocan.

-Que si quienes toman las decisiones no pueden dejar de decirnos mentiras (al fin de cuentas está en su naturaleza, y hasta es posible que en ocasiones se trate de una necesidad tan de ellos como nuestra), al menos íntimamente no se las crean.

-Que nos acerquemos a la igualdad logrando que poco a poco todos accedamos a condiciones dignas de vida, no derrumbándonos paulatinamente y en conjunto hacia la misma miseria.

-Que los problemas y las carreras que de repente quedan bloqueadas sean para los corruptos, no para quienes los combaten.

-Que la honestidad deje de ser un defecto, que la ausencia de escrúpulos deje de ser una virtud.

-Que quienes administran justicia no sientan que su misión primordial es evitarse problemas.

-Que el Estado, con su estructura, sus funcionarios y agentes, estén al servicio de la sociedad, y no a la inversa.

-Que los dirigentes gremiales leales a los intereses de sus representados sean reconocidos por éstos, y que sean echados aquellos que los usaron para enriquecerse personalmente.

-Que en los movimientos sociales los pobres estén representados por otros pobres capaces de sentir y vivir como ellos, no por millonarios disfrazados de humildes.

-Que el eje central de todas las políticas públicas y el sujeto más custodiado por el Estado sea el laburante, ya sea que cumpla ese rol como empleado, empresario, productor, trabajador autónomo o emprendedor.

-Que la educación pública agigante la esperanza, no la frustración.

-Que quienes predican el pluralismo, tarde o temprano, sean plurales.

-Que a los funcionarios les importe más la calidad de lo que hacen que los titulares sobre lo que hacen.

-Que al menos mientras haya pobreza no pueda haber derroche.

-Que los gobernantes, sean del partido que sean, dejen de actuar como si no fuésemos una sociedad en situación de emergencia.

-Que los empresarios no compartan con sus trabajadores solamente las crisis, sino también las etapas de prosperidad.

-Que en las elecciones importen más las ideas que se expongan que la plata que se reparta.

-Que algún día sea mayor la cantidad de empleo privado genuino creado que la de nuevos empleados públicos acomodados por los funcionarios o legisladores de turno.

-Que un peso no valga un dólar, pero que valga algo.

-Que los mejores sean valorados y cuidados, no considerados culpables de algo.

-Que en algún momento del futuro los que se fueron tengan motivos para volver.

-Que los beneficios sociales sean para los débiles y excluidos, pero no para los haraganes.

-Que ya no haya gente que trabaja y aun así no logra cubrir los gastos básicos de su familia.

-Que quienes trabajan vuelvan a tener el derecho a soñar con un techo propio.

-Que cualquier vida tenga un valor infinito.

-Que los jueces tengan presente que imparcialidad no es ignorar el dolor de las víctimas.

-Que el amor por nuestro país no se haga visible solamente durante las semanas que la Selección dura en los Mundiales.

-Que cada día recordemos aquello de que "para que el mal triunfe solo es necesario que los buenos no hagan nada".

Y por último, pero por sobre todo, que los cristianos recuerden esta enseñanza de Jesús relatada en el capítulo 25 de San Mateo: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso (...) Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento;  necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron’. Y le contestarán los justos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos? El Rey les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí’".

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