El potencial de la biotecnología
Las sociedades actuales enfrentan el enorme desafío de aprender a vivir con lo que la naturaleza puede brindar y, a la vez, asegurar un futuro sostenible para las nuevas generaciones.
Frente a ese reto, la biotecnología se presenta como una oportunidad para potenciar áreas como la industria agropecuaria, forestal, los biocombustibles y la salud humana y animal, entre otros sectores claves para la economía local.
Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo advierte que América Latina y el Caribe han llegado tarde a todas las revoluciones tecnológicas que surgieron en los últimos cien años.
"Por ejemplo, los países de la región llegaron muy tarde a la revolución digital que se inició a finales de los noventa y ahora, a diferentes velocidades, están tratando de cerrar las brechas en conectividad y habilidades, e impulsar la digitalización de la administración pública y la economía digital", observa el documento del organismo.
Trazando un paralelismo, también podríamos preguntarnos cómo está posicionada nuestra provincia y la región del NEA en general frente a los grandes cambios que experimenta el mundo, como la revolución que representa el uso de técnicas de biotecnología aplicadas a la genética vegetal que ofrecen, por ejemplo, la posibilidad de aumentar la productividad de los cultivos.
Es bien conocido el empeño y la fuerza de las mujeres y hombres de la producción chaqueña que, contra viento y marea, todos los años se esfuerzan para buscar nuevas soluciones a viejos problemas. Las nuevas generaciones, incluso, se animan a buscar nuevos paradigmas productivos, y en esa búsqueda aparece en el horizonte la promesa de la llamada bioeconomía, como aplicación de la biotecnología, que comenzó a ganar terreno en la agenda de políticas públicas de los países más avanzados debido a la urgente necesidad de lograr un crecimiento más sustentable.
Para el Chaco y la región y, por supuesto, también para el país, es una alternativa válida para mejorar estructuras productivas y recuperar la capacidad de generación de divisas y empleo, que tanto hacen falta en estos momentos.
La bioeconomía se basa en la producción de recursos biológicos renovables y la conversión de éstos en productos con valor agregado, como bioproductos, bioenergía y servicios. Si bien en distintas regiones del país algunas empresas ya vienen trabajando con este modelo, la cantidad de emprendimientos de ese tipo no alcanzan todavía a sumar un número significativo, de ahí la importancia de generar un debate sobre los beneficios que ofrece esta alternativa, que surge como respuesta a los desafíos que enfrentan las sociedades actuales, como son la necesidad de garantizar el acceso de la población a alimentos de calidad a un precio justo, reducir los efectos del cambio climático y la dependencia de los combustibles fósiles.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo, son 14 los países que ya definieron políticas y estrategias dedicadas para impulsar la bioeconomía, y más de 30 países han empezado a explorar sus oportunidades. Alemania, por ejemplo, lleva adelante una estrategia y un plan de investigación más desarrollo para impulsarla, con énfasis en la producción de alimentos, energía y manufactura industrial.
En el Reino Unido, en tanto, se decidió que la estrategia de bioeconomía sea parte de una política industrial con el objetivo de convertir a ese país en un líder global en soluciones de base biológica, con prioridad en la biología sintética.
El informe del BID al que se hacía referencia al principio, ofrece algunos datos para comprender los alcances de la revolución biotecnológica. Por ejemplo, secuenciar un genoma humano en 2006 costaba 100 millones de dólares, pero hoy se puede hacer por 200 dólares.
Producir una semilla de arroz resistente a inundaciones demandó diez años y 1.000 millones de dólares a la Universidad de California Davis en Estados Unidos, mientras que lograr soja resistente a herbicidas requirió diez años de trabajo a Embrapa en Brasil, y desarrollar soja resistente a sequía y salinidad le tomó 12 años a Bioceres en Argentina. Pero en la actualidad, con las técnicas de edición genética de precisión como CRISPR y prime editing, se estima que los tiempos y costos asociados al desarrollo de esas semillas se reducirían en un 75 por ciento.
Como se dijo, la humanidad enfrenta el desafío de aprender a vivir con lo que la naturaleza puede brindar. También aquí hay que aprender a respetar los límites que impone el planeta.










