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El problema de la desigualdad

América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo, donde 45 por ciento de la riqueza total está en manos del diez por ciento del segmento más rico de la población. Así lo revela el Informe sobre la Desigualdad en el Mundo, elaborado por un grupo de expertos bajo la coordinación de los economistas Thomas Piketty, de la Escuela de Economía de París, y Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, ambos de la Universidad de California, Berkeley.

Según este estudio, el país latinoamericano con mayor desigualdad es Chile, el mismo que hasta hace poco algunos economistas argentinos ponían como ejemplo a imitar. Para Piketty, la desigualdad no es un proceso natural, sino que se funda en decisiones políticas. El trabajo coordinado por el economista francés, autor del libro "El Capital en el siglo XXI", es el resultado de casi cuatro años de labor de más de un centenar de investigadores de todo el mundo.

El informe señala, por otra parte, que a nivel global el diez por ciento más rico de la población mundial tiene en sus manos el 76 por ciento de la riqueza del planeta. Por el contrario, el 50 por ciento más pobre solo posee solo 2 por ciento. El 40 por ciento del segmento medio de la población, por su parte, posee 22 por ciento. Al momento de comparar entre regiones, se observa que en Europa también se amplió la brecha aunque es la zona que tiene la menor desigualdad: el 10 por ciento más rico posee 58 por ciento de la riqueza total, frente al 4 por ciento del 50 por ciento más pobre.

Otra de las conclusiones a la que llega el informe es que la pandemia de Covid-19 agravó la enorme desigualdad financiera entre ricos y pobres en todo el mundo. También observa que en las naciones más ricas, la intervención de los gobiernos evitó que se produjera aumento masivo de la pobreza, pero no ocurrió lo mismo en los países pobres.

En opinión de los economistas que participaron de la investigación, la ampliación de la brecha entre un extremo y otro de la pirámide social se debe fundamentalmente a una serie de medidas que en los últimos años permitieron la desregulación financiera, la privatización de servicios públicos y un sistema fiscal menos progresivo en los países más ricos y la privatización a gran escala en las economías emergentes. Según los investigadores, la desigualdad mundial se acerca a la que existía a principios del siglo XX.

En rigor, éstas no son las únicas voces que vienen alertando sobre el problema de la desigualdad en el mundo. El economista serbio Branco Milanovic advierte que la desigualdad se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en las naciones de Occidente y observa que el fenómeno de la concentración de la riqueza en muy pocas manos terminará siendo una amenaza para la democracia, ya que lo que se puede comprobar en los países con altos niveles de desigualdad es que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea menos probable.

Por otra parte, ya en el año 2013 Piketty había señalado en su libro "El capital en el siglo XXI" que la falta de equidad estaba creciendo en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de doscientos años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales. Se tiene así que el mundo actual enfrenta la paradoja de haber logrado un progreso material como nunca antes visto en la historia de la humanidad, pero donde solo unos pocos disfrutan las mejores viviendas, la mejor educación, la mejor atención en servicios de salud y el mejor nivel de vida.

También el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, autor entre otros libros de "El precio de la desigualdad", sostiene que es necesario que ese pequeño porcentaje de la población que goza de tantos privilegios comprenda que su destino está inexorablemente ligado a las condiciones de vida del resto de la población mundial, al que no le va para nada bien.

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