Ganar perdiendo, perder ganando
Con los resultados de la pesada derrota sufrida a manos de la oposición todavía frescos, la candidata bonaerense Victoria Tolosa Paz, elegida como diputada por el Frente de Todos, alimentó la saludable industria argentina del meme con un análisis sorprendente del desenlace electoral del 14 de noviembre.
Dijo que el oficialismo había logrado "ganar perdiendo", mientras que Juntos por el Cambio se encontraba en una situación totalmente diferente: la de "perder ganando".
La interpretación de lo ocurrido en las urnas se parecía mucho a las explicaciones que de adolescentes ensayábamos ante nuestros padres para hallar una manera mágica de convertir –siquiera en sus mentes- las notas bajas en virtuales aprobaciones, las materias llevadas a diciembre en experiencias positivas, las idas a marzo en interesantes desafíos que nos ayudarían a forjarnos el carácter. No funcionaba: los números son los números. Y ganar es ganar, perder es perder.
Pero de todos modos, las categorías creadas por Tolosa Paz son muy adecuadas para procesar lo ocurrido esta semana en el Chaco, donde el Frente de Todos se desayunó con un inesperado acuerdo entre Jorge Capitanich y Gustavo Martínez por la presidencia de la Legislatura. Un trato que, claramente, no se agota en haber ungido a la esposa de Martínez, Elida Cuesta, como nueva titular de la Cámara de Diputados del Chaco.

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El impacto del entendimiento entre el gobernador y el intendente de Resistencia fue tal que todo el Planeta Coqui se puso de inmediato a recalcular mapas y actualizar aplicaciones. Eso se notó tan pronto el propio Capitanich notificó de la novedad a un grupo de legisladores, intendentes y referentes con los que se reunió el lunes a los fines de blanquear el pacto.
Tras el asombro inicial, llegaron las preguntas, algunas más directas que otras, y expresiones de franco disenso con la decisión del jefe. El diputado nacional Aldo Leiva y el intendente José Carbajal, de La Leonesa, fueron algunos de los que sinceraron su preocupación por la noticia. Otros, con diferentes grados de frontalidad, se animaron a plantear el interrogante que todos llevaban para entonces en el pecho: ¿Habrá que trabajar para 2023 bajo la consigna Gustavo Gobernador? En ese punto, las versiones que dan algunos de quienes estuvieron en esa cita difieren. "No dijo nada en concreto", comentó uno de los legisladores que habló en off sobre el encuentro. No lo dijo con un tono esperanzado, sino más bien lo contrario.
"A buen entendedor, pocas palabras", acotó. Para él, los hechos que se dieron son una respuesta suficiente. Otra figura que estuvo allí, sin embargo, dijo que Capitanich defendió en otro momento el arreglo diciendo que Martínez "le aseguraba la posibilidad de volver a postularse para la gobernación (en 2023) a cambio de poder él (Martínez) repetir (la candidatura a intendente) en Resistencia".
Pero volvamos un poco para atrás. ¿Cuál fue la base para tanta sorpresa? Básicamente, dos cosas: la mala relación histórica entre JMC y GM y los resultados electorales de este año. En el primer punto, no hace falta abundar en antecedentes ni en finezas perceptivas.
Ambos dieron siempre señales recíprocas de una química casi nula en términos políticos. Un rasgo que se acentuó en todas las ocasiones en que sus caminos parecían volver a bifurcarse, como en las definiciones de alianzas de 2019 y en las que precedieron a las últimas PASO, y en todo el trayecto de los cuatro años con Domingo Peppo en la gobernación. Aun con esos hitos, hay quienes creen que se trata solo del aspecto más ruidoso de una relación de gran funcionalidad mutua. "Se respetan y secretamente se envidian", definía un exministro el miércoles.
¿Por qué los resultados de los comicios también tornaron inesperado el trato entre uno y otro? Porque aunque Martínez se ufanó de una "gran elección" el 14 de noviembre, la derrota del peronismo en Resistencia fue contundente, incluyendo circuitos barriales que estuvieron en la génesis del poder territorial de GM. A su favor, en todo caso, puede decir que en las elecciones de septiembre le fue mucho peor. Volviendo al ejemplo estudiantil del comienzo, algo así como pedirle a papá que festeje porque del aplazo pasamos a un 5. Como agravante, el oficialismo también perdió en distritos del interior administrados por intendentes gustavistas, como Villa Angela y Charata.
Con eso más el logro de Capitanich de haber dado vuelta en noviembre la holgada derrota de septiembre, en el coquismo se esperaba una ratificación y expansión del poder del gobernador hacia adentro de la coalición gobernante. En vez de eso, retiró a Hugo Sager –uno de sus leales- de la presidencia del Poder Legislativo para dejar el espacio en manos del gustavismo.
¿Qué más hay?
En este mismo espacio, semanas atrás, analizábamos la habilidad que siempre tuvo Martínez para ampliar sus espacios dentro de la estructura del Estado independientemente de que las urnas, en los sucesivos turnos electorales, le fuesen favorables o adversas. Los resultados de noviembre hubiesen hecho que un dirigente tradicional se volviera en silencio a sus ocupaciones de siempre, tratando de llamar lo menos posible la atención para no ser lanzado escaleras abajo en el edificio del poder.
En vez de eso, Gustavo se subió a la terraza para golpearse el pecho a la vista de todos y se quedó con un poder público que tiene para 2022 un presupuesto de 6.621 millones de pesos. Como era de esperar, la movida fue un sapo que la oficialidad de Capitanich está digiriendo con hectolitros de agua. Por eso, algunos miran hacia los costados para ver qué alternativas se pueden construir de aquí al ’23.
Otros, más acostumbrados a los cambios de mando, desensillan y miran hacia el horizonte. Un exlegislador dice que no hay que novelar demasiado ni imaginar sismos internos: "A lo mejor algunos reaccionan, pero el peronismo está cómodo así".
En todos, por lo pronto, el malestar real es con Capitanich. Ven el acuerdo casi como una traición, sobre todo en el caso de militantes y dirigentes ultracoquistas que se sienten los héroes de la remontada de noviembre y ahora ven que la medalla más gorda es para el muchachito del otro barrio.
Entonces hay otro tema por develar: ¿Cuáles fueron las razones de Capitanich? Para empezar, hay una duda. No se sabe con certeza si este acuerdo surgió antes de las dos elecciones de este año, en el tramo marcado por ambas, o luego. Aquí de nuevo las versiones se desencuentran. Hay dirigentes que afirman que el trato ya fue parte del arreglo por la lista "de unidad" que se negoció antes de las PASO. "Cuando vimos que entraba Ely Cuesta, sabíamos que esto se podía venir", dice uno de los hombres más afectados por las novedades.
Otros, en cambio, sostienen que el pacto se gestó en el entretiempo de las primarias y las generales, para incentivar a que Martínez apagara el incendio de Resistencia. Quienes adhieren a esta hipótesis agregan algunos datos: la presidencia de la Cámara habría aparecido como moneda de cambio luego de que Gustavo desestimara otros ofrecimientos, como por ejemplo el de conducir con una persona de su sector el Ministerio de Desarrollo Social.
En cuanto a los motivos del gobernador, nadie parece en condiciones de conocerlos por completo. En principio, parece un acto de pragmatismo extremo. Si es verdad que no anota a Martínez entre sus aliados preferidos, optó por tomarlo como uno que le es muy necesario. Para sostener el proyecto político que por ahora mantiene a ambos a bordo, para lubricar la posibilidad de un mandato más para ambos en los mismos cargos que ocupan hoy. Es la alternativa que menos preocupa al coquismo, excepto porque Gustavo nunca parece conformarse con lo que consigue.
"Es como los ingleses, si te planta bandera en un lugar es porque piensan avanzar varios pasos y volver a plantarla en otro", grafica uno de los dirigentes que habló con Capitanich. La posibilidad que más inquieta tiene dos variantes. Una, ligada a lo mencionado recién, es que la voracidad del gustavismo apunte a ir en 2023 por el premio mayor. La otra es que eso mismo se combine con una decisión de Capitanich de jugar la inserción nacional que siempre quiso y que siente a tiro ahora que fue uno de los sobrevivientes del naufragio justicialista de noviembre.
Si el gobernador se lanza a ocupar un lugar en una fórmula presidencial o es convocado al gabinete de Alberto Fernández, el tablero provincial podría tener un cambio notable. Nadie deja de anotar que el lugar que ahora ocupa la esposa de Martínez es nada menos que el segundo en la sucesión institucional del gobernador. Del sillón de Obligado la separan solamente las eventuales licencias – por viajes, por acceso a otros roles- de Capitanich y de la vicegobernadora Analía Rach. Una línea bien delgada.










