¿Qué hacer con la basura electrónica?
En nuestro país se genera un promedio de diez kilos de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos por habitante por año, según datos de la Asociación civil Basura Cero, una entidad que como muchas otras que existen en todo el país, trabajan para promover conciencia sustentable y, a la vez, impulsar la inclusión social.
La rápida obsolescencia de la mayoría de los dispositivos electrónicos que se utilizan en la actualidad en hogares y oficinas genera todos los años montañas y montañas de residuos que, por las características de sus componentes, pueden provocar daños al medioambiente si no son tratados en forma adecuada. El caso paradigmático es el de los teléfonos celulares. Se trata de equipos que en su interior llevan componentes que contienen metales pesados y sustancias químicas tóxicas, aunque por otra parte poseen también materiales que son valiosos y pueden recuperarse para nuevos usos, evitando así que vayan a parar a rellenos sanitarios o, lo que es peor, a basurales a cielo abierto.
Los celulares comparten con ciertos dispositivos informáticos algunos componentes con sustancias peligrosas como plomo, mercurio y cadmio altamente contaminantes y peligrosos para la salud, además de materiales que tardan muchos años en degradarse. En los últimos tiempos se pusieron en marcha distintos sistemas de gestión de este tipo de residuos en diferentes lugares del país, como es el caso la planta de residuos eléctricos y electrónicos del Chaco que inauguró la empresa Ecom en el Parque Industrial de Barranqueras, en septiembre pasado, y que es la primera de esas características en la provincia. Al igual que otras experiencias que se llevan adelante en distintas provincias, esa planta se habilitó con el objetivo de dar una solución sustentable a estos residuos electrónicos y, a la vez, recuperar y reasignar el equipamiento para nuevos usos. En este sentido, muchos usuarios no saben qué hacer con computadoras o celulares que ya no utilizan, desconociendo que existen lugares donde se los puede llevar para ser reciclados y donados luego a entidades educativas y organizaciones de bien público que, por lo general, ponen los equipos a disposición de niños y adolescentes cuyas familias no pueden acceder a la compra de un equipo nuevo.
Con un poco de paciencia y búsqueda en Internet mediante, el usuario que no sabe qué hacer con su equipo en desuso (celulares, computadoras, teclados, pilas, mouses y parlantes, entre otros) puede acceder a distintas alternativas para entregarlo en donación a algunas de las tantas organizaciones y entidades que se ocupan del reciclado de los mismos.
El mes pasado, por ejemplo, tuvo lugar en el Parque de la Democracia de Resistencia una jornada de recolección de residuos de aparatos electrónicos y eléctricos organizada por Ecom y el Ministerio de Planificación y Ambiente, donde se recibieron impresoras, monitores, computadoras, teclados, gabinetes y parlantes en desuso. Es de esperar que esa experiencia se repita también en localidades del interior.
La organización ambientalista Greenpeace publicó un documento titulado "El lado tóxico de la telefonía móvil", en el que advierte que en los últimos años se desecharon en la Argentina casi 10 millones de celulares por año. Se trata, según esa entidad, de una clara señal del "alarmante nivel de descarte" de equipos electrónicos que, por una cuestión de mercado, se vuelven obsoletos en muy poco tiempo. En el debate sobre este asunto, hay organizaciones ecologistas que plantean la necesidad de hacer valer el principio de Responsabilidad Extendida del Productor, que establece que la responsabilidad del fabricante debe ir desde la producción del equipo hasta el tratamiento de los distintos componentes una vez finalizada la vida útil del producto. Se trata, por cierto, de un problema con muchas aristas que, sin dudas, merece estar entre los temas más importantes de la agenda pública.
Es importante tener en cuenta, entonces, que existen lugares donde -tras la donación- estos dispositivos electrónicos se pueden transformar, mediante el reciclado, en equipos aptos para ser utilizados para fines educativos, con lo que se estaría contribuyendo a reducir la brecha digital y evitar daños al ambiente. De todos modos, cabe aclarar que para que se pueda donar una computadora reciclada a una escuela o a una entidad de bien público, los recicladores necesitan recibir varios equipos en desuso











