Un viejo problema difícil de resolver
En los últimos días el Banco Central volvió a ser protagonista de la agenda informativa al establecer la prohibición de financiar en cuotas los viajes y gastos en exterior. La medida, que se adoptó para evitar una sangría de divisas, volvió a poner en el centro del debate el viejo problema de un país que siempre demanda muchos dólares, pero no genera lo suficiente para traer desde el exterior los billetes de esa moneda que la economía doméstica necesita.
Aunque los precios de las materias primas que vende Argentina están en niveles históricamente altos y el país tiene superávit, una vez más el Banco Central, como ocurrió en otras oportunidades con otras administraciones, se ve obligado a frenar la salida de dólares para evitar una mayor debilidad de las reservas. Lo que está en juego, evidentemente, no es fácil de resolver. Pasaron gobiernos de distinto signo y el problema sigue presente. Son múltiples las causas que cada tanto llevan al país a este mismo cuello de botella. O callejón sin salida, como advierten algunos economistas. Según un informe publicado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) de las 16 últimas recesiones que vivió el país, 15 se produjeron porque la economía nacional se quedó sin dólares. La historia de reservas estancadas y muchos gastos en dólares se repite así una y otra vez sin que, hasta ahora, alguien pueda acertar con las medidas económicas para salir definitivamente (no temporalmente) de esa trampa y, por decirlo en términos más criollos, encontrar el agujero del mate.
Un fuerte aumento de las exportaciones de productos argentinos puede ayudar a salir del pantano, pero el problema es que mucho de lo que nuestro país vende al exterior son productos primarios o con poca elaboración, es decir, productos con poco valor agregado que no alcanzan para generar la cantidad de divisas que el país necesita para no caer de nuevo en el conflicto que -como señalan economistas del Cippec- se genera entre las demandas materiales de la sociedad y la capacidad productiva de la economía. "El conflicto genera presiones a la apreciación cambiaria que erosionan los estímulos a la inversión y expansión de la oferta de bienes y servicios transables. El ritmo de crecimiento de las exportaciones tiende a ser bajo en relación al de las importaciones y, consecuentemente, el flujo neto de divisas es insuficiente. El crecimiento se interrumpe porque faltan dólares", se observa en un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento que remarca que ante el escaso financiamiento externo disponible, un crecimiento económico sostenido requerirá que las exportaciones aceleren su crecimiento.
Exportar para crecer, se repite en los ámbitos académicos. Y tienen razón quienes lo señalan, pero hay que reconocer que colocar productos en el exterior es un proceso complejo que lleva tiempo. Las empresas no se convierten en exportadoras del día a la noche. Por ejemplo, una pequeña o mediana empresa de nuestra provincia que tenga como objetivo ganar mercados externos deberá primero conocer los marcos regulatorios de los países a los que desea venderles sus productos, sin descuidar por supuesto el conocimiento que debe tener de los patrones de consumo del mercado al que apunta. A esto debe agregarse una serie de viejos problemas característicos de un país como la Argentina, donde las reglas de juego cambian con demasiada frecuencia y una burocracia que pone a prueba la paciencia y los nervios de acero de los exportadores.
En un encuentro organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción que se llevó a cabo en mayo pasado, el ministro de Economía de la Nación, Martín Guzman, dijo que deben existir al menos tres condiciones para que la actividad privada pueda ser pujante: la estabilidad macroeconómica, reglas de juego que den previsibilidad y que el Estado tenga un rol desde la política productiva que genere condiciones virtuosas para un crecimiento de la oferta en general. También señaló que cuando la economía crece aumentan las importaciones por encima de las ventas externas, lo que se traduce en un incremento de la presión sobre las reservas en divisas, lo que trae aparejado la devaluación de la moneda, en un círculo vicioso que es bien conocido por todos los argentinos. "Las exportaciones deben crecer de manera sostenida. Son una condición necesaria para el crecimiento sostenido", remarcó Guzmán ante empresarios. Estamos todos de acuerdo. Pero, ¿se podrá esta vez salir del círculo vicioso que nos impide crecer?










