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Mariana Alegre

columnista

Alerta: la terapia en las redes

Hace unos meses me encontré con un artículo de una colega (Katy Waldman, The New Yorker), que debo reconocer, en un principio me generó un poco de contradicción.

 Ella, habla de cómo el "auge del lenguaje de la terapia", en estos últimos años pandémicos podía quitarle cierta legitimidad a esos términos, o dejar en la periferia a quienes "realmente" sufren algún problema de salud mental. 

Pero, en la contracara –pensé- muchas personas pudieron ponerle nombre a situaciones que vivían, otros tantos buscaron ayuda profesional, o simplemente pidieron ayuda. Algunos, pudieron, incluso darse cuenta que algún familiar o amigo los padecía. 

En el medio, me encontré con cierta coincidencia, ya que en una parte de su artículo publicado en marzo del 2021, Waldman hace referencia a cuántas personas, con cierta plataforma (digital) de reconocimiento (llamados influenciadores), o gente común, y puedo añadir tarotistas, coach, entre otros comenzaron a utilizar términos de la psicología para su contenido. No solo eso, sino que también "asesoran" para que puedas "atravesarlos".

La salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psicológico y social. Googlear sobre ciertos términos, el principal podríamos decir: trauma, te lleva a navegar por una serie de recomendaciones que van por muchas ramas que no solo tienen que ver con la psicoterapia, la psiquiatría. En estas columnas, hemos navegado por muchos de estos puntos y términos, citando a profesionales,  especialistas, referentes. 

Hay algo en lo que coinciden los profesionales de la salud: la salud mental será la próxima pandemia. Quizás ya lo era, pero no nos dábamos cuenta. Según las estadísticas aumentaron las tasas de consultas, de suicidios, de enfermedades mentales, de consumos de medicamentos, incluso aparecerán nuevas patologías derivadas como secuelas de la Covid-19, no solo por el aislamiento, sino por la enfermedad misma.

Aquí, los caminos se cruzan, y sinceramente si fuera una abogada en medio de un juicio, o un político en debate, me quedaría sin argumentos, porque ¿sirve o no que los términos hayan pasado del diván, hayan salido del consultorio?. 

Este punto puede quedar a debate, porque nos llevaría muchas páginas presentar todos los puntos, pero lo cierto es que no se puede dejar de hablar de salud mental; como también es cierto que debería haber una planificación para que ingrese dentro de los planes educativos. Ni hablar en que debería ser realmente accesible para todos, independientemente de la obra social –o no- que tengamos y, principalmente deberíamos acudir a profesionales, los que sean necesarios hasta sentir que hemos encontrado a alguien que nos está ayudando. 

También pienso en que cada profesional de la salud, como un docente, un entrenador, debería tener nociones básicas, como si se tratara de aprender RCP (reanimación cardiopulmonar).  ¿Quién no ha compartido estos consejos, o frases en sus redes sociales?. Pero, ¿qué pasa cuando lo hace un profesional, o un influencer?. Dejemos el consumo responsable de redes para otra columna, mejor aún empecemos con esta discusión, con este tema en particular. 

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud, 2018) "la promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental….Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental como la incorporación de la promoción de la salud mental a las políticas y programas de los sectores gubernamental y no gubernamental. Además del sector de la salud, es esencial la participación de los sectores de la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social".

El modo interno

Según varias fuentes, que citan a varios filósofos, el término "conócete a ti mismo", está inscrito en el templo de Apolo en el Oráculo de Delfos. Durante la pandemia, mucho de los discursos-conceptos- y muchos etcéteras más, iban por estos derroteros que el propio aislamiento facilitó: reconocernos interiormente, ver cómo somos, qué queremos, estar presentes en el aquí y el ahora. Como ejemplo, de lo que una "sugerencia" sin un profesional que nos guie puede hacer que el impacto no sea el adecuado. El mindfulness es de los sistemas que más se ha recomendado; la palabra estrés, de lo que más se ha hablado, pero, como cualquier terapia o medicamento, no todo nos funciona a todos. 

El modo de conocernos a nosotros mismos, no solo tiene que ver con la introspección, sino también con nuestra historia de vida, nuestro mundo social, y la capacidad, o ganas que cada uno tenga de hacerlo.  Sin embargo, en esta sociedad tecnológica, de hiperconectividad, de universos paralelos (también digitales), el consumo responsable de lo que leemos, vemos en redes, se ha transformado para mí en una selectiva acción que comencé a realizar cuando me vi inundada de información (a pesar de ir a terapia). Entonces, esta hipótesis que Waldman presenta, no tiene que ver solo con la pandemia, sino en cómo se mueve, por dónde, hacía quienes, esta información. 

Las fake news (noticias falsas), no solo nos alcanzan o deben ocupar a los medios de comunicación, "las palabras que se han colado" del consultorio hacia la vía rápida de la tecnología, implica también un alerta. Si, uno tan importante y urgente como el que generó la Covid-19.