Reducir la brecha digital
El acceso a Internet es particularmente importante para las personas en situación de vulnerabilidad, incluyendo los más pobres. Sin acceso a la gran red, las personas en situación de pobreza extrema corren el riesgo de quedar marginadas del mundo, perpetuando la exclusión y la vulnerabilidad. Así lo señala un informe de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que recomienda a los Estados adoptar medidas para cerrar la brecha digital.
Según la Mesa por la Conectividad, un espacio que se formó el año pasado con la participación de distintas organizaciones de la sociedad civil (Red de Comunidades Rurales, Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, Techo, Amnistía Internacional y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, entre otras) en la Argentina, el 45 por ciento de la población no tiene computadora y el 27 por ciento solo accede a Internet a través del celular. Datos aportados por el Ministerio de Educación de la Nación, en tanto, revelan que tres de cada diez hogares no tienen acceso a Internet, confirmando así la existencia de una brecha digital que obliga a adoptar medidas para facilitar la conectividad a los sectores que quedaron al margen de este tipo de servicios y de las habilidades tecnológicas que requiere el mundo actual.
El problema se agrava en las localidades que no cuentan con la infraestructura básica que es necesaria para acceder a los servicios de Internet. Sobre este tema en especial, la Mesa por la Conectividad remarca que esta carencia profundiza la brecha de desigualdad social económica y cultural en la cual se encuentran los sectores populares respecto al acceso a derechos. Si antes de la pandemia esta cuestión ya era considerada de vital importancia para la inclusión social, el cambio de hábitos impuestos por la emergencia sanitaria demostró que quienes quedan al margen de estos avances tecnológicos, sobre todo en lo que respecta al uso de dispositivos electrónicos, tendrán más dificultades en los próximos años para trabajar o estudiar.
Por eso es necesario que, a nivel local, también se piense en cómo acortar esa brecha, de manera tal que un amplio sector de la población no quede rezagado en relación a los cambios que experimenta el mundo del trabajo y, muy especialmente, el de la educación.
¿Hasta qué punto es importante la conectividad, por ejemplo, para mejorar la trayectoria educativa de niños de las familias más pobres? Este interrogante es uno de los que se plantearon en una reciente jornada virtual que organizaron las asociaciones de la sociedad civil para debatir sobre los graves déficits en el acceso a Internet y a dispositivos electrónicos que todavía existen en muchos rincones del país.
La docente e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Verónica Tobeña, sintetizó el problema en una frase: no hay ciudadanía plena sin acceso al territorio digital.
Los estudiosos del impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información observan que las sociedades actuales son testigos de un momento casi único en la historia de la humanidad, en términos de acceso a la información y el conocimiento. Sin embargo, una buena parte de la población -la que no tiene recursos para contar con una computadora y un acceso a Internet en sus hogares- se limita a mirar desde afuera la transición de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento y, por lo tanto, los niños y jóvenes que viven en ese contexto desfavorable, por más que se esfuercen por progresar les será mucho más difícil en la edad adulta acceder a un trabajo bien remunerado. El futuro ya llegó, pero está mal distribuido. Esa frase, que fue utilizada en el encuentro organizado por la Mesa por la Conectividad, sintetiza el problema.
También está la cuestión escolar, que no es menor. La emergencia sanitaria obligó al sistema educativo a utilizar entornos virtuales para continuar con el proceso de enseñanza aprendizaje, una herramienta valiosa para mantener el vínculo entre docentes y alumnos, pero que dejó en evidencia la existencia de la brecha digital. Es de esperar que medidas como la extensión del tendido de fibra óptica para llevar el servicio de Internet en barrios populares sea una política pública central en los próximos años para poder reducir estas desigualdades.










