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Tecnología nacional que trasciende fronteras

La Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil acaba de dar su aprobación a un trigo tolerante a la sequía, único en su tipo, que fue desarrollado en nuestro país a partir de un trabajo coordinado a lo largo de dos décadas entre el Conicet y un laboratorio privado. La noticia confirma, por un lado, el enorme potencial que tiene la Argentina en materia de biotecnología aplicada a los cultivos y, por otra parte, demuestra que es posible lograr asociaciones público privadas que consoliden el liderazgo de la biotecnología argentina a nivel regional.

"Argentina tiene científicos de primera categoría y muy trabajadores, acostumbrados a resolver cosas con poco dinero, lo que les da una enorme capacidad para la innovación y la creatividad", dijo Philip Bronson, director de IndieBio, el mayor fondo de inversión en biotecnología del mundo, en una charla que brindó el mes pasado a miembros de la Cámara Argentina de Biotecnología. "Argentina tiene grandes ventajas para ser el Messi de la Biotecnología", aseguró.

La noticia que llega ahora desde Brasil parece darle la razón. En este caso el mérito del golazo le corresponde a la doctora Raquel Chan, investigadora superior del Conicet y al equipo que lidera en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, un instituto de investigación y tecnología creado en el año 2008 por el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral. Allí, un paciente trabajo que se puso en marcha hace dos décadas se planteó estudiar cómo las plantas se adaptan al medio ambiente, es decir, cómo hacen para sobrevivir a factores como la sequía, los fuertes vientos o las temperaturas extremas. Lo que descubrieron es que si se podía aislar el gen en el que se apoyaba la fortaleza de las plantas más resistentes a esos factores y pasarlo luego a otras plantas, se ayudaría a estas últimas a ser menos vulnerables a los rigores del clima. En un trabajo conjunto con la empresa Bioceres, finalmente lograron aislar ese gen para incorporarlo luego a otra planta. Los resultados fueron sorprendentes. La tecnología aplicada logró conferir una mayor tolerancia a la sequía a la planta que recibió el tratamiento. Comprobaron, además, que podría pasar todo su ciclo de vida con una menor demanda de agua. Este hallazgo aplicado a cultivos que comercializa la Argentina, como el trigo, el maíz y la soja, representó un salto cualitativo ya que significó una mejora sustancial en los rendimientos. En otras palabras, un grupo de investigadores logró aplicar conocimientos al mejoramiento de los cultivos.
"Somos un país capaz de hacer ciencia y capaz de hacer desarrollo tecnológico. Y somos capaces de generar asociaciones público privadas exitosas", dijo la doctora Chan cuando se anunció oficialmente el hallazgo.

Que la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil haya anunciado esta semana que aprobó el trigo tolerante a la sequía que fue desarrollado por el equipo de investigadores de la doctora Chan y la empresa Bioceres, no es un dato menor. El gigante sudamericano es uno de los principales compradores del trigo que exporta la Argentina. En países como el nuestro, cuya economía depende en gran medida de las actividades agrícolas, la biotecnología tiene mucho para aportar. Existe, afortunadamente, una incipiente industria biotecnológica nacional con un enorme potencial en áreas como la industria alimenticia, las actividades agropecuarias y forestales, los biocombustibles y la salud humana y animal.

Hay que seguir apoyando a quienes hacen biotecnología aplicada a la producción agrícola y promover la transferencia de tecnología al sector productivo. En nuestra región, además, es clave la formación de recursos humanos especializados en biotecnología vegetal, junto con la generación de puestos de trabajo de alta calificación.

La unión entre la biología y la tecnología permitirá, en un futuro no muy lejano, crear nuevas terapias para enfermedades que hoy parecen invencibles, y ayudar a alimentar a un mundo cada vez más poblado y con eventos climáticos como sequías que cada vez son más frecuentes.

En el país existen 201 empresas de biotecnología, lo cual lo ubica dentro de las 20 naciones con mayor cantidad de empresas a nivel mundial. Es necesario, entonces, afianzar en esta área el modelo público privado que responda a las necesidades estratégicas del país, las empresas y la sociedad. También aquí en el Chaco la ciencia y la tecnología deben ser un eje central de la agenda de políticas públicas.