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Mariana Alegre

Columnista

El miedo: ese túnel

No, queridos lectores, no vamos a hablar de Hallowen (día de los muertos), ni siquiera voy a meterme en ese dilema; solo puedo decirles que la historia de su origen es interesante. Mejor, me bajo de la rama. Vamos a hablar de esa fuerza, que, mayormente, vemos como algo negativo, pero que puede ser un combustible.

El miedo, suele ser la emoción que motiva, casi siempre, nuestra reacción ante el estrés. Rebobinando, y citando al doctor Mario Alonso Puig "en el contexto social en el que nos movemos identificamos el estrés como algo perjudicial para la salud mental…existe mucha documentación científica que demuestra que si los seres humanos careciéramos de los mecanismos del estrés, no podríamos sobrevivir durante mucho tiempo. En este sentido, la clave no es eliminar el estrés, sino aprender a gestionarlo.

Directo al ángulo, como un tiro libre que se clava en ángulo interno del arco, un ace en un saque, un tiro limpio sin tocar red. Vamos por allí. La psiquiatra Marian Rojas Estapé, explica más sobre esa famosa hormona que parece ser la villana de la película, secuaz del estrés: el cortisol. "El cortisol es una hormona cíclica: por las noches es baja, y tiene que ser bajita para que yo pueda dormir, y a lo largo de la noche sube hasta las ocho de la mañana más o menos, cuando tiene su pico más alto. Y a las ocho de la mañana vuelve a bajar para hacer frente a los desafíos del día a día. Pero ¿qué pasa si vivo preocupado por algo constantemente?. Mi mente y mi cuerpo no distinguen una amenaza real de una imaginaria. Ante algo físico real que me sucede, como la alarma, que me intenten robar, que me llamen para decirme que mi hijo está enfermo…Esa activación del cerebro por algo real se produce de forma muy similar si yo estoy sentado en mi trabajo, en mi casa, y empiezo a pensar: "¿Y si mi hijo está en las drogas?", "¿y si no llego a fin de mes?". El noventa por ciento de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden. De hecho, es el noventa y uno coma cuatro. Pero mi mente y mi cuerpo lo viven como si fuera real. Es decir, tanto lo que me sucede como lo que me preocupa tiene un impacto directo en mi mente. Y esto es clave porque…yo voy a inducir en mi organismo un estado de alerta mantenido: lo que yo denomino de forma sencilla ‘una intoxicación de cortisol’".

EL TÚNEL

Cuando tenía 17 años me internaron por un cuadro de estrés. Si, 17. Corría el año 98, mi último año de colegio. Mi auto exigencia, es una característica que debo confesar no he aprendido a dominar con el tiempo. Ese fue mi primer contacto con el concepto del "desgaste" o como lo conocemos mundialmente "bournout". Y no, no solo les ocurre a operadores de Wall Street o madres de uno o más hijos, periodistas, médicos, o súper científicos. La no gestión del estrés nos puede causar daños físicos y mentales a todos.

Lo que recuerdo de ese día es que me llevaron a la guardia de la clínica con un cuadro que –según mi médico de ese entonces- podría ir (según mis síntomas) desde neumonía a pancreatitis. Tras muchos estudios, y tres días internadas, mi médico vino a explicarme lo que me pasaba: "cuadro de estrés".

Emily y Amelia Nagoski, son dos hermanas, autoras de "Desgaste: el secreto para desbloquear el ciclo del estrés". Amelia, docente, directora de orquesta, doctora en estudios musicales, pasó por algo similar a lo que me sucedió. Un día, fue ingresada a la clínica con un dolor abdominal, que diagnosticaron inducido por el estrés. Al igual que a mil, le dijeron que se vaya a su casa y se "relajara".

Su hermana, Emily, doctorada en comportamientos saludables y divulgadora científica, sostiene que lo más importante es diferenciar entre los estresores: las metas y expectativas inalcanzables, problemas financieros, familiares, y luego está el estrés que es la respuesta fisiológica que ocurre en el cuerpo, ante la amenaza percibida. Las reacciones: lucha, parálisis o huida.

No quiero aquí repetir la historia del león que te persigue, ante el cual sin dudas no te vas a quedar a buscar pelea, pero los mecanismos que se activan para "huir" de esa situación e amenaza, fisiológicamente hace que te centres –vos y tu cuerpo- en eso. Pero cuando logras estar a salvo, llega otra sensación de alivio.

Estas etapas: la aparición de la situación amenazante/estresante, lo que decides hacer con tu cuerpo, y el final de esta situación, de estar "seguros", es lo que estas divulgadoras asemejan a un túnel.

Sacando el león de la ecuación, podemos reemplazarlo por "el futuro", o cada estresor que tengamos, propiamente cada uno. La clave, es gestionar el estrés, porque nuestros estresores son crónicos. Por lo cual, dicen las hermanas Nagosky "relajarse", no es necesariamente la forma de lidiar con los estresores que nos producen ese pico de estrés. Cambiar el estado fisiológico del cuerpo, es el gran desafío.

Mucha gente, incluso, no reconoce ese desgaste, hasta que empieza a manifestarlo en el cuerpo. Por eso, Emily Nagosky dice que hay que atravesar este túnel al cual sumamos sentimientos y emociones difíciles con "amabilidad y compasión". Que te preguntes qué te pasa, por qué sentís lo que sentís. De hecho, el miedo, aparece justamente por no querer enfrentar todas estas emociones y sentimientos. "No es malo el estrés, lo malo es quedarse atrapado, en el medio del túnel", dice Emily.

Volví a tener varios episodios más de estrés, hasta que llegó el diagnóstico final: estrés crónico. Pero he vivido casi 30 años pensando que esa palabra: estrés era algo negativo. Cuando logré identificar otro tipo de reacciones al miedo: como pelear (no, no me metí a piñas con nadie), he logrado movilizarme del estado negativo que generaban mis estresores. Podría decir, que estoy empezando mi camino en el túnel.

A esto, podríamos agregar muchas otras cosas más, como las creencias, ideologías, religión, entre otras diferentes situaciones. Pero me quedé con este concepto del túnel. El estrés es importante como un mecanismo de reacción ante una situación que genera miedo: pero la opción de cómo lidiar con "nuestros leones", atravesar ese túnel, conversando con todos esos pasajeros incómodos: nuestras emociones, sea quizás una opción incómoda, sí, pero necesaria.

Sin dudas, que todo lo que podamos hacer para mejorar ese camino, o la gestión de ese desgaste, como el ejercicio físico, la buena alimentación, la respiración consciente, y demás, pueden ayudar, pero también es necesario contar con un entorno que nos acompañe: amigos y familia, profesionales.

En este nuevo escenario donde para cuidarnos aprendimos a aislarnos aún más, quizás sea tiempo de volver a trabajar en esos encuentros con personas que nos permitan cosechar fuerzas, para enfrentar ese túnel, nos acompañen, y/o nos esperen al final de él.