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REALIDAD DE EMPRENDIMIENTOS FAMILIARES

El comercio de barrio se aferra a la subsistencia

Bajas ventas por el auge de los mayoristas. La paradoja de estar mejor en pandemia que ahora, que no existen restricciones a la movilidad.

La crisis por ingresos cada más pronunciada en el grueso de la población genera modificaciones en las conductas de compra, desde cambiar las cantidades hasta las marcas, como también buscar alternativas para la mayor rentabilidad del dinero o la forma de pago que se elija, de manera tal de mitigar el impacto de la inflación en sectores de recursos bajos o medios.

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Las listas de precios se modifican de forma periódica, lo que hace que deba cambiarse el valor en góndola.

En ese sentido desde un tiempo a esta parte hubo ganadores indiscutidos y perdedores a los que cada vez más le cuesta levantarse de la lona y resisten con hidalguía.

Así las cosas, desde que mayoristas venden al por menor, los pequeños negocios de barrio corren la misma suerte que evidenciaban supermercados hace un tiempo, bajas ventas generalizadas y locales con productos de fácil salida pero escasa rentabilidad, como por ejemplo bebidas.

Yanina tiene su local ubicado en avenida Sabín, instalado desde 2019, y recalca la caída en las operaciones diarias y que la ‘primavera‘ la tuvo en la época de mayor aislamiento, donde estos negocios estaban considerados como prioritarios y la población en general tenía restricciones a la movilidad, por lo que no tenía mayor opción que comprar en los comercios de cercanía.

‘Cuando la gente no podía movilizarse fue cuando mejor estábamos‘, recuerda la comerciante para marcar la comparación con la actualidad, al señalar que con más de los dos tercios de transcurrido que lleva octubre, ‘las ventas son muy bajas‘.

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Comercios de barrios se adaptan a las demandas de los clientes y ofrecen productos de variadas marcas.

Consultada respecto de los precios de los productos y las preferencias de los clientes, sostuvo que se acentúan las modalidades de compra por monto y no por peso como era otrora, principalmente en carnes y fiambres, dos de los productos de consumo masivo con incremento exponencial en los últimos años.

De igual manera se expresaron Anastasia y Salustiano, con una carnicería en la zona Norte de la capital chaqueña, a la que luego añadieron la venta de alimentos.

En esa línea, señalaron que la actualidad no es de la mejor que recuerden para quienes tienen comercio hace unas décadas.

En relación con los anuncios del gobierno nacional respecto de congelamiento de precios para favorecer a sectores de bajos recursos, consideraron que son medidas que no impactan a la mayoría de la población y que para los comercios chicos directamente no llega por la mecánica de la operatoria.

Otra de la cuestión que expresaron es que ninguno de los consultados opera con la actual tarjeta Alimentar, que dispone el gobierno nacional como subsidio para la compra de alimentos de quienes tienen bajos ingresos ya que señalan que tienen costos elevados, ayuda social que ahora se acreditará directamente en la Asignación Universal por Hijo.

Finalmente, expresaron que el hecho de no tener gastos considerados como fijos elevados (baja o nula plantilla de personal y no pagar alquiler porque el emprendimiento funciona en el domicilio que habitan) genera que se atenúe la mala rentabilidad.

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