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Dos caras de la misma moneda

En un nuevo mensaje dirigido a la comunidad internacional, el Papa Francisco hizo referencia una vez más a la crisis ambiental que atraviesa el planeta, instando a cambiar a modos de vida y de producción más sostenibles. Dijo que esa crisis está estrechamente relacionada con otra, la crisis social que golpea a las franjas más desprotegidas de la población.

“La crisis ambiental y la social son dos caras de la misma moneda. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”, dijo el Pontífice el domingo a través de su cuenta oficial en Twitter. Antes, a través de la misma red social, pidió a las grandes corporaciones mineras, petroleras, forestales, inmobiliarias y de agro negocios que dejen de destruir la naturaleza.

No es la primera vez que el jefe de la Iglesia Católica expresa su preocupación por el impacto de la actividad humana sobre los ecosistemas. En mayo pasado se cumplió el sexto aniversario de la publicación de su Encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común”.

En principio, las encíclicas son cartas solemnes sobre temas que la Iglesia considera relevantes o reflexiones sobre distintos aspectos de la doctrina católica que el Papa comparte con obispos y fieles católicos de todo el mundo. Pero, en rigor, el mensaje tiene una intención mucho más abarcadora y es por eso que no es erróneo decir que Laudato Sí es un documento que está dirigido no solo a los fieles católicos sino a todas aquellas personas de todos los países que aceptan el desafío de hacer algo para frenar el peligroso proceso de degradación del planeta.

El nombre de esa encíclica es un término en latín que traducido al castellano quiere decir “Alabado seas”. Proviene de un cántico de san Francisco de Asís que recuerda que la Tierra, que es la casa común de los seres humanos y de las otras especies que habitan el planeta, es también una hermana. La encíclica del Papa Francisco destaca la importancia que tiene la defensa de la naturaleza y la vida animal y, por supuesto, la dignidad de los seres humanos. De la lectura del documento se desprende la necesidad de adoptar medidas urgentes para detener la degradación ambiental y los efectos del cambio climático. Es la segunda encíclica del papa Francisco, y fue firmada por el Pontífice el 24 de mayo del año 2015.

El año pasado, al cumplirse el quinto aniversario de dicha encíclica, la Conferencia Episcopal Argentina recordó que el mensaje del Papa contenido en ese documento es un fuerte llamado para promover un nuevo modo de vincularse con el ambiente. En esa oportunidad los obispos argentinos destacaron, además, que la encíclica invita a renovar este llamado urgente y responder a la crisis ecológica analizando las consecuencias de un modelo económico basado en el extractivismo y la especulación financiera, que tiene su correlato en la desigualdad extrema que exhiben la mayoría de los países, donde se observa a escala global una enorme brecha entre ricos y pobres.

Por suerte, las nuevas generaciones son más conscientes de la necesidad de cuidar el planeta y la biodiversidad. En ese sentido, es probable que se esté ante un cambio de época. Las nuevas plataformas de comunicación permiten que los mensajes sean más horizontales y que las noticias corran a la velocidad de la luz y es por eso que casi cualquier persona, en cualquier lugar del planeta, sabe hoy que el 71 por ciento de las emisiones contaminantes en el mundo las producen tan solo un centenar de grandes compañías. Hoy la opinión pública toma rápida conciencia de la gravedad del daño ambiental. Es probable, también, que en un futuro no muy lejano los seres humanos, a partir de nuevas convicciones, miren hacia atrás en el tiempo sin entender por qué se esperó tanto para cuidar los ecosistemas y revertir la crisis social. De ser así, se cumplirá lo que dijo alguna vez dijo el filósofo, político y economista británico, John Stuart Mill: “A menudo ocurre que la convicción universal de una era humana se convierte para la siguiente en un absurdo tan palpable que nuestra única dificultad consiste en imaginar cómo pudo parecer creíble alguna vez”.