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Catástrofe ambiental que trasciende fronteras

La política ambiental que lleva adelante en Brasil el gobierno del presidente Jair Bolsonaro volvió a ocupar los titulares de medios de todo el mundo por la denuncia contra el mandatario que presentó ante la Corte Penal Internacional la organización no gubernamental austríaca AllRise. Según esa organización, con sede en Viena, el daño provocado a la selva en el gigante sudamericano tiene un impacto que va más allá de sus fronteras.

“La destrucción medioambiental de la selva en Brasil tiene un impacto global”, aseguró el abogado y cofundador de la organización AllRise, Wolfram Proksch, en declaraciones al canal internacional de noticias France 24. La advertencia, en rigor, no es nueva. Desde que asumió Bolsonaro como presidente de Brasil, las críticas a su gobierno por el manejo de la agenda verde se multiplicaron no solo dentro de su país, sino también en el exterior. Ambientalistas de distintos países coinciden en señalar al jefe de Estado como un férreo opositor a las medidas más elementales de preservación del ambiente y, en ese sentido, aseguran que es el primer presidente de Brasil de las últimas tres décadas que no creó ninguna reserva ecológica.

Decíamos que la novedad no está en la advertencia del cofundador de la organización austríaca sobre la catástrofe ambiental en la Amazonia. Lo nuevo está en plantear el hecho como un crimen contra la humanidad y llevar el reclamo ante la Corte de La Haya. El objetivo de esa movida, según reconocen los abogados de la organización denunciante, es sentar jurisprudencia internacional en una cuestión que pone en juego un extenso territorio que es uno los más ricos en biodiversidad del planeta y que contiene una de las reservas más importantes de agua dulce del planeta. Es en ese espacio donde se produjo en los últimos años un fuerte incremento de incendios que destruyeron la mayor selva tropical del mundo y, al mismo tiempo, un aumento de la deforestación en áreas sensibles de la Amazonia brasileña. ¿Se puede definir, entonces, la política ambiental de Bolsonaro como un crimen contra la humanidad? La respuesta, en todo caso, la dará el tribunal de La Haya.

Desde el entorno del presidente Bolsonaro se responde, casi invariablemente, lo mismo ante cada cuestionamiento que pone la lupa sobre el asunto. Alegan que detrás de todo eso hay un interés político en exagerar la magnitud de los incendios en la Amazonia. Sin embargo, las organizaciones ambientalistas aportan datos concretos sobre el desastre ambiental en el vecino país: afirman que solo el año pasado se quemó una superficie superior a todo el territorio de algunas naciones europeas, como Portugal, por ejemplo. Advierten, además, que todavía no se puede dimensionar el alcance de la catástrofe que, observan, también afectará los rendimientos agrícolas, el clima, el comportamiento de los ríos de la región e incluso el comercio a nivel global.

El año pasado, ante una consulta sobre los incendios en la Amazonia, la especialista de la Universidad Nacional de Córdoba y doctora en Biología Sandra Díaz dijo que el mundo estaba ante “una catástrofe ambiental y social” y advirtió que esa destrucción también afectarían a los países limítrofes que están conectados con grandes cuencas hidrográficas y sistemas climáticos. Explicó que el origen de las llamas que destruyen la selva no está relacionado con condiciones climáticas adversas sino con cuestiones socioeconómicas y en particular “con la línea política en el poder en ese país”.

También la organización internacional Greenpeace alzó la voz para denunciar los incendios en la selva brasileña y aseguró que en 2019 el fuego provocó allí una de las destrucciones más graves de los últimos años. Su filial en Brasil agregó que “los que destruyen el Amazonas y dejan que la deforestación continúe incesantemente son motivados a hacerlo por las acciones y políticas del gobierno de Bolsonaro”. “Desde que tomó el poder, ha desmantelado sistemáticamente la política ambiental de Brasil”, aseguró la organización.

Antes, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), había afirmado que por la deforestación, la selva amazónica en territorio brasileño pierde una superficie equivalente a más de tres canchas de fútbol por minuto. El problema, alertaron desde esa organización, es que se está cada vez más cerca de un punto de no retorno para un territorio que es uno de los pilares fundamentales para los equilibrios climáticos en el planeta.