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Más empleo para salir de la crisis

Según los últimos datos sobre empleo publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la tasa de desempleo en el país bajó en el segundo trimestre del año al 9,6 por ciento, lo que representa el nivel más bajo desde 2019. Si bien son datos positivos, la falta de oportunidades laborales sigue siendo un problema por resolver, especialmente entre los más jóvenes, que es el grupo de población más afectado por la crisis.

Sondeos privados indican que la tasa de desocupación en la franja de mujeres de hasta 29 años trepa al 24 por ciento, mientras que en el grupo de varones del mismo segmento etario es del 17 por ciento. Por otra parte, si se miran los indicadores del Sistema Integrado Previsional Argentino, se tiene que en el sector privado el trabajo registrado con jóvenes de hasta 24 años llega a apenas el 6,7 por ciento; pero en la economía informal esa cifra asciende a casi el 27 por ciento.

En la actualidad, en nuestro país el número de personas en edad de trabajar es mucho más alto que la cantidad de niños y adultos mayores que, por obvias razones, no lo pueden hacer. Es lo que los especialistas llaman “ventana de oportunidad demográfica”, también conocido como “bono demográfico”, que es el período en el cual un país cuenta con más habitantes en el segmento de población económicamente activa. Este dato no es menor y es de esperar que no se desaproveche esta ventaja, que no tienen todas las naciones del mundo, para poner de pie a la economía.

La caída en los puestos de trabajo que trajo aparejada la pandemia obliga a redoblar los esfuerzos para promover la incorporación al mundo laboral de amplios segmentos de la población. Es cierto que la pandemia de Covid-19 provocó una crisis global en el mercado de trabajo que también impactó en la Argentina y en nuestra provincia. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo estima que al menos hasta el año 2023 el crecimiento del empleo no alcanzará para compensar las pérdidas sufridas.

Las políticas de promoción de empleo deben, además, poner énfasis también en la reinserción laboral de las mujeres y de personas mayores de 45 años que por la crisis sanitaria se quedaron sin trabajo, buscando en el mejor de los casos refugio en una informalidad que actúa como un salvavidas en la emergencia pero que los obliga a trabajar largas jornadas, lo cual tiene un impacto negativo sobre el equilibrio entre la vida personal y laboral; a la vez que los deja sin aportes jubilatorios y sin cobertura de seguridad social.

En la Conferencia Internacional del Trabajo que realizó la OIT en junio, los delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores de 181 países adoptaron por unanimidad el “Llamamiento mundial a la acción para una recuperación centrada en las personas”, que pide a los países un mayor compromiso para trabajar por una recuperación económica y social de la crisis que sea plenamente inclusiva y sostenible. Ese llamado también insta a aplicar políticas públicas que den prioridad a la creación de trabajo decente para todos y que subsanen las desigualdades; al mismo tiempo que propone adoptar una agenda global, con medidas específicas de promoción del empleo de calidad y el desarrollo económico, la protección de los trabajadores, la protección social universal y el diálogo social.

Por otra parte, hay un aspecto que no debe soslayarse: los sistemas de educación y de formación profesional corren el riesgo de quedarse rezagados si no se adaptan a las nuevas habilidades y destrezas que demanda un mercado laboral que experimenta fuertes cambios. En ese sentido, la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene advirtiendo sobre la obsolescencia de muchas de las habilidades tradicionales debido a la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial, entre otros fenómenos que comienzan a tener fuerte presencia en la mayoría de los países.

La formación profesional de las nuevas generaciones debe tener un vínculo estrecho con las políticas de desarrollo productivo. Y en esto, el diálogo entre los distintos sectores también juega un papel importante: todos los actores involucrados del mundo laboral deben apostar a una comprensión de los problemas para poder alcanzar los acuerdos básicos que se necesitan para generar más y mejores puestos de trabajo.