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Un acuerdo que oxigena el Mercosur

El acuerdo alcanzado por Argentina y Brasil para reducir en un diez por ciento el arancel externo demuestra que es posible avanzar en el proceso de integración regional, aún entre administraciones nacionales que muestran posiciones político-ideológicas distantes; y confirma que la relación bilateral entre ambos países es fundamental para fortalecer el Mercosur y promover la inserción de la región en un mundo cada vez más competitivo.

El excanciller brasileño Ernesto Araújo dijo en una oportunidad al hacer referencia a la relación entre ambos países que había que encontrar puntos en común entre Argentina y Brasil y, a partir de ahí, “generar resultados concretos y oportunidades de negocios”. Su sucesor, el actual ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Franca, remarcó esta semana que, para Brasil, “Argentina es una prioridad absoluta”.

El 30 de noviembre pasado, con motivo de celebrarse el Día de la Amistad Argentino Brasileña para recordar el encuentro mantenido ese día en 1985 entre Raúl Alfonsín y José Sarney en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú que dio origen al proceso de integración regional que llevaría a la creación del Mercosur, el presidente Alberto Fernández participó en una videoconferencia junto con su par de Brasil, Jair Bolsonaro, y el exmandatario de ese país, José Sarney. En esa oportunidad, se destacó que los vínculos comerciales que generan el turismo, las exportaciones e importaciones entre ambas naciones deben estar por encima de las diferencias circunstanciales. La reunión que el canciller argentino Santiago Cafiero mantuvo en Brasilia con su par brasileño, Carlos Franca, para acordar la revisión del arancel externo común sigue ese razonamiento y es de esperar que se comprenda cabalmente que, como bien lo resumió alguna vez el embajador argentino en EEUU, Jorge Argüello, “el Mercosur debe actuar como un reaseguro de desarrollo integral”.

De manera que, en un contexto global con alta competitividad entre países, solo cabe esperar que ambos países sumen esfuerzos y voluntades para consolidar el bloque regional junto con los demás estados partes y estados asociados. “Entendemos que la cooperación es clave para construir un futuro mejor. Por delante tenemos la enorme tarea de integrar a nuestros países en materia energética y productiva”, dijo Cafiero, tras asegurar que hay decisión para fortalecer las relaciones exteriores “de forma madura y sin prejuicios”. Pero todavía falta mucho por hacer con un socio con el que se comparte una frontera común de algo más de 1200 kilómetros de extensión, y existe una cooperación importante en áreas estratégicas, como nuclear, defensa, espacio, ciencia y tecnología.

Todo indica que las actuales administraciones de Brasil y Argentina no ignoran que ambos países tienen mucho para ganar si se liman las asperezas. El propio Bolsonaro ha dado señales en ese sentido, como cuando en menos de 24 horas aprobó el pedido de acuerdo para que Daniel Scioli asuma las funciones de embajador en Brasil. Incluso en varias oportunidades, apartándose de los discursos más confrontativos que suele exhibir ante algunos medios de comunicación, dejó en claro que la relación bilateral es una prioridad para el gigante sudamericano. Es que, en rigor, los productos de alto valor agregado dominan la agenda comercial bilateral: se estima en 16.000 millones de dólares las inversiones de Brasil en la Argentina, que generan más de 50.000 empleos directos, mientras que las empresas argentinas destinan a Brasil alrededor de 13.000 millones de dólares, lo que da cuenta de más de 40.000 puestos de trabajo en el vecino país.

La unión de esfuerzos puede arrojar mejores resultados para que la región pueda competir en mejores condiciones con las economías más avanzadas del mundo. Falta mucho por hacer, como por ejemplo mejorar infraestructuras y optimizar el desempeño logístico no solo de Argentina y Brasil, sino de toda América Latina, que, como señala un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo, todavía presenta un importante rezago frente a otras regiones.

En la medida en que los socios del Mercosur aporten voluntad política para superar sus diferencias, mayores serán las probabilidades de dejar atrás el estancamiento del bloque regional para sumarse, mediante la cooperación y los acuerdos, a las principales corrientes comerciales de un mundo cada vez más interconectado, demandante y competitivo.

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