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Aprender a lo largo de la vida

Por los cambios demográficos y la transformación que experimenta el mercado laboral debido a la revolución tecnológica, el aprendizaje a lo largo de la vida tendrá que ocupar un lugar más destacado en la agenda política, más allá de los ámbitos de la educación y de las medidas que se adopten para promover las oportunidades de empleo. Así lo señala una reciente publicación de la Unesco que propone generar un entorno propicio y una educación más inclusiva para que las personas adquieran nuevos conocimientos en todas las edades.

Se trata del informe “Adoptar una cultura de aprendizaje a lo largo de la vida”, que publicó este año el Instituto de la Unesco para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida (UIL, por sus siglas en inglés), cuya sede principal funciona en la ciudad de Hamburgo, Alemania. El documento comienza con una frase del sociólogo Alvin Toffler, reconocido por ser autor de algunas de las predicciones más sorprendentes sobre los cambios tecnológicos que vienen transformando el mundo. Dice Toffler: “Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no saben leer ni escribir, sino los que no pueden aprender, desaprender y reaprender”. Basado en ese concepto, el informe de la Unesco hace hincapié en la necesidad de generar un entorno propicio para hacer del aprendizaje a lo largo de toda la vida el principio rector de las políticas educativas.

Según el economista y empresario alemán Klaws Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, una de las características de la revolución tecnológica que está en marcha es que no cambia lo que hacemos, sino lo que somos. Por eso es necesario que todas las personas, especialmente las personas adultas, puedan acceder a nuevos conocimientos y, en la medida de lo posible, adquieran nuevas destrezas para poder interactuar mejor en sus comunidades. En ese sentido, la Unesco sostiene que el aprendizaje en la edad adulta beneficia a las personas que aceptan el desafío de continuar sus estudios, al darles los conocimientos y las competencias para mejorar sus vidas. Pero también favorece a sus familias, comunidades y sociedades. La educación para adultos, observa el organismo internacional, desempeña un papel importante en la lucha contra las desigualdades en todo el mundo.

En un mensaje que brindó en una conferencia internacional de Educación de Adultos que se realizó hace unos años en Corea del Sur, el entonces director del Instituto de la Unesco para el Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida, Kabir Shaikh, dijo que el concepto de educación de adultos está pasando rápidamente de ser una actividad opcional o voluntaria a un requisito esencial que apoya los patrones cambiantes de la sociedad – vida saludable, sostenibilidad y recuperación económica-. “El aprendizaje y la educación de adultos, por consiguiente, tiene que ser un modo de aprendizaje planificado de forma minuciosa pero flexible para una comunidad de educandos mucho más amplia y más extensa”, planteó el experto.

El informe de la Unesco remarca que una cultura de amplio alcance de aprendizaje a lo largo de la vida se basa en un sólido tejido social, que protege contra la pobreza, la discriminación y otras formas de desigualdad. Sobre ese tema, observa que una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida puede fortalecer el tejido social; y advierte que cuando no se satisfacen las necesidades básicas, como, por ejemplo, en los casos de violencia, pobreza extrema, trabajo infantil, falta de alimentos y agua potable o falta de electricidad y conectividad a Internet, existen obstáculos significativos al aprendizaje a lo largo de la vida, que agravan aún más la desigualdad al ampliar las brechas en la educación. “Las brechas educativas persisten y aún no se han visto superadas por las tecnologías digitales y los recursos en línea de libre acceso; de hecho, estas ofertas tienden a privilegiar aún más a aquellos grupos que ya gozan de una ventaja educativa”, agrega el documento de la agencia de la ONU.

Debe señalarse, además, que –como observa la Unesco- dado que el aprendizaje a lo largo de la vida debe ser para todos, las niñas y las mujeres deben tener las mismas oportunidades de aprender, ya que la educación es el principal medio para reducir la violencia de género y la pobreza. Será necesario, entonces, transformar escuelas y universidades en espacios que promuevan el aprendizaje en todas las edades.

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