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Entereza y humildad

“El bien, quisimos el bien: enderezar al mundo. No nos faltó entereza: nos faltó humildad”, escribe Octavio Paz, en su “Nocturno de San Ildefonso”. La difícil coyuntura política, económica y social que atraviesa la Argentina, con más del 40 por ciento de la población en situación de pobreza y caída de puestos de trabajo por la pandemia, obliga a dejar de lado las actitudes soberbias y superar las emociones básicas. Es necesario retomar el debate de ideas y evitar viejos dogmatismos para poder abordar los temas centrales y pasar a la acción en un país que necesita crecer, exportar más e integrarse en forma inteligente al mundo.

“Creer que los pobres te deben algo, ya sea simpatía política, el voto o lo que fuera, ha mostrado las hilachas de quienes creen que el pobre es sólo estómago o sólo bolsillo: no conciben que un pobre no los banque ideológicamente”, escribió esta semana en un medio porteño Mayra Arena, la joven estudiante de Ciencias Políticas que vivió la mayor parte de su vida en un asentamiento de Bahía Blanca y que se hizo conocida por la charla “Que tienen los pobres en la cabeza”, que lleva más de 4 millones de visualizaciones en la plataforma YouTube.

Mayra forma parte de esa nueva generación que a esta altura de los acontecimientos comprendió que hay que desprenderse de algunos dogmas para buscar soluciones prácticas a los problemas reales de la gente. Como dijo alguna vez el economista y filósofo político liberal húngaro, Anthony de Jasay, no es imposible poner la carreta delante de los caballos, pero no es aconsejable porque es poco práctico. La derrota electoral que sufrieron los gobiernos provincial y nacional mostró, entre otras cosas, que hay un desacople entre un amplio sector de la población y quienes tienen la tarea de conducir los destinos de la comunidad. Tanto el presidente de la Nación como el gobernador de la provincia reconocieron que es necesario escuchar el mensaje de las urnas y es de esperar que tanto el oficialismo como la oposición tengan la suficiente capacidad e inteligencia para ver si las cosas pueden ser de otra manera. ¿Podremos pensar de un modo distinto a como pensamos? ¿Seremos capaces, como sociedad, de superar las crisis sin que cada desacuerdo en los más altos niveles de decisiones políticas signifique necesariamente que la ciudadanía tenga que vivir con el corazón en la boca? Para los pasajeros de cualquier aerolínea no es nada tranquilizador ver, en pleno vuelo con fuertes turbulencias, cómo la tripulación sale de la cabina y discute delante de todos sobre cuál es la mejor ruta a seguir.

En una carta abierta, el gobernador de la provincia Jorge Capitanich, reconoció que el país “está entrampado en un cuadro económico y social frustrante”, y que ha transcurrido “mucho tiempo para salarios bajos, créditos inaccesibles y horizonte impredecible”.

Justamente, la falta de certidumbres y la suma de frustraciones (que vienen desde hace varios años) son factores que bien pueden explicar la existencia de una significativa porción del electorado que en las presidenciales de 2019 votó un proyecto político diferente al que esa misma porción de la ciudadanía apoyó en las urnas en 2015. Está también, como señalan el profesor de política de la Universidad de Externado (Colombia), Rodolfo Colalongo, y su colega, Santiago Mariani, docente en la Universidad del Pacífico (Perú) el problema del “empate histórico” entre modelos económicos antagónicos que ninguna de las partes que se disputa el poder y se alterna en el gobierno en la Argentina, logra finalmente imponer.

Se señalaba días atrás en esta misma columna que desde mediados de la década de 1940, la economía argentina logró crecer por más de cinco años consecutivos solo en dos períodos: entre 1964 y 1974, y entre 2003 y 2008. Desde entonces, el país atravesó 16 episodios recesivos que suman un total de 25 años de contracción de la actividad. Es decir, hubo una recesión cada tres años. El dato lo aporta un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), titulado “Exportar para crecer”, que observa además que Argentina es, junto con la República del Congo, el país que ha experimentado la mayor cantidad de años en recesión desde 1960.

Hoy más que nunca es necesario construir estabilidad para superar la crisis. No hay que temer a los conflictos ni rechazar a quienes piensan distinto. Pero a la fortaleza necesaria para afrontar los problemas también hay que sumar, como dice el poeta mexicano, una buena cuota de humildad.

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