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Mariana Alegre

columnista

La oportunidad: como es adentro, es afuera

Oportunidad, esa palabra cargada de optimismo, futuro, deseo, y si mucha, mucha tensión. Que nos llena de ilusión y de presión. Pero, como casi todo en la vida, está en nosotros elegir cómo tomamos –o no- una oportunidad. Incluso con un  entorno que parece amenazante o poco fértil...¿parece?

Un día antes de cumplir mis 20 años, recién llegada a casa para compartir una semana de vacaciones de invierno y mi cumpleaños junto a la familia, recibí un llamado.

“Mariana, somos del equipo de transmisión de básquet de La Deportiva (una radio de Rosario), vamos a transmitir el amistoso de Argentina- España (en aquel momento, el surgimiento de la Generación Dorada de Argentina y de España, luego ganadores de medallas olímpicas y mundiales, NBAs y muchos etcéteras que ni yo, ni ellos, ni nadie imaginabamos). Necesitamos alguien que lleve la planilla de España, si venís avisanos para pedir la acreditación”. Del otro lado del teléfono, quien conducía las trasmisiones me explicó que había escuchado mis columnas en otro programa y le interesaba sumarme.

No lo pensé mucho y dije que sí. Solo dos días después de estar en casa, me fui. Cuando llegué al estadio, pasó por mi mente: vengo a rellenar una planilla no a hacer periodismo, pero cuando entré a la cabina, cuando el partido empezó mi mente hizo un cambio: sabía que era una oportunidad haber dicho sí, solo por estar ahí.

“Cuando un ser humano toca fondo se abre un espacio de descubrimiento que solo se encuentra en la profundidad”, dice Mario Alonso Puig, médico cirujano, e investigador español. El afirma que se puede encontrar la oportunidad en el medio de la dificultad. Vaya si ha sido un largo período donde nos hemos encontrado con este desafío. Con una premisa que parece absurda.

"La oportunidad tiene una característica peculiar, no aparece en nuestras vidas con bombos y platillos, uno debe adiestrar la mirada para encontrarla. Esto ocurre, generalmente no en un momento de abundancia”, agrega.

Pero, ver la realidad no es lo mismo que percibirla. Muchas cuestiones: religiosas, ideológicas, las personas o personajes que influyen en nuestra forma de percibir esa realidad influye en esta capacidad de verla.

En el entretiempo del partido, como era la única mujer en el equipo (conformado por entrenadores, en su mayoría que despuntaban el vicio del periodismo) me preguntaron –al aire- que opinaba del juego. Ahí llegó mi segunda oportunidad. Porque, al día siguiente me llamaron de nuevo: “Mariana, nos sorprendiste con tu comentario, queremos que te sumes al equipo que trasmite la Liga Rosarina, pero para comentar”. Así empezó un camino que duraría dos años, de salir de la cancha de fútbol subir a un colectivo y meterme en el básquet. Ese camino que sería luego un puente a otro gran salto.

Pero la mente no está separada del cuerpo y, científicamente nuestro cerebro y nuestro corazón están unidos también con nuestras entrañas. Esta es la forma en conectamos nuestro interior con el exterior. 

“Cuando el mundo exterior que el ser humano ha conocido cambia bruscamente”, dice Puig, como ha ocurrido con la pandemia, nos hace aferrarnos a la realidad que conocemos como sea. “Lo que pasa con esto es que nos sentimos inseguros, porque pensamos que es ajeno a nosotros”, indica.

La neurociencia afectiva estudia los sentimientos y emociones. Y aquí entra el miedo en la ecuación. “Si yo me veo a mi mismo como una víctima que debe salir adelante en medio de este caos, y se activa el núcleo central del miedo, se desactiva la parte del cerebro que sirve para adaptarse: la corteza pre frontal. No podemos negociar, ni ser creativos, ni descubrir la oportunidad”, explica. 

Aquí nos vamos al cortisol, esta hormona clave para activar nuestros mecanismos de defensa o lucha. Pero también –en exceso- puede ser un veneno para nuestro organismo, cuando nuestra mente interpreta el exterior como un territorio hostil. Las consecuencias pueden ser brutales para nuestro sistema inmune. 

Cuando volví a Charata, desde Capital Federal, había pasado más de un año alejada del periodismo. Trabajaba en una agencia de marketing, y también lejos del deporte. Volví con un exceso de cortisol que había empezado a generar importantes daños en mi cuerpo. Veía el afuera como territorio hostil, no había percibido las oportunidades en Buenos Aires, y no lograba verlas en Charata. 

Pero, poco a poco empecé a volver a las canchas, como espectadora, a colaborar con el diario, y casi por inercia (eso creía yo), llegó la oportunidad. Mi compañero de trabajo, quien viajaba con los equipos del básquet del TNA (Torneo Nacional de Ascenso), se enfermó. Otra llamada: “te animás a relatar”. Bueno, tampoco lo dudé. No voy a mentir tenía miedo a fallar, pero en “mis entrañas”, en mi “corazón”, sabía que era una oportunidad para aprender. Estuve viajando por tres temporadas.

“El mundo interior y el exterior solo están separados, en apariencia”, asegura Puig. El psiquiatra Carl  Gustav Jung manifestó que “todo depende de cómo vemos las cosas, y no de la forma en que son en sí mismas”. “Tanto Jung, como filósofos como Confucio, Lao Tze, entre otros ya lo advertían: ojo que lo que está sucediendo dentro de ti va a tener un impacto sobre lo que sucede fuera de ti. Porque el observador y lo observado tienen una conexión más estrecha de la que creemos”, advierte Puig.

Podríamos pasarnos horas realizando análisis sobre la oportunidad, pero más allá del trabajo científico, filosófico, metafísico que podamos utilizar para respaldar que todo depende de nosotros, seguramente muchos pensarán que también depende del entorno incluso de eso que llamamos suerte. Pero todo lo dicho anteriormente nos plantea un mayor desafío: ver hacia adentro para mirar hacia afuera.

“Lo que consigues logrando tus metas no es tan importante como en lo que te conviertes alcanzando tus metas”, dijo Henry David Thoreau. En 2020, cuando llegó la pandemia el deporte se paró. Yo tenía una web especializada en básquet que cumplía 10 años on line. Llegó la propuesta de las columnas para el suple Finde. En pocos meses tomé la decisión de cerrar la web, algo que venía pensando hace un tiempo, y lo que iba a ser “un par de columnas” me abrieron una puerta interior para recuperar el sentido inicial por el cual había decidido ser periodista, que transformó mi lente interna de ver mi profesión e ir renovando y transformando, una vez más, mi realidad exterior.

Mientras el cerebro sigue estudiándose, caen paradigmas, se construyen otros; sin romantizar el desafío que implica la incertidumbre, no solo en momentos como este, sino en general, la hipótesis de estas columnas: que lo único permanente es el cambio, nos invita a reflexionar sobre cómo percibimos el exterior pero haciendo un viaje hacia adentro de nosotros, primero. 

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