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El oficio de enseñar

¿Qué enseñar a las nuevas generaciones en un mundo que se caracteriza por ofrecer una cantidad enorme de información y facilidad para acceder a ella; pero que, a la vez, no solo no logra resolver el problema de la desigualdad extrema, sino que lo agudiza? Pensamiento crítico, colaboración y creatividad, responden algunos expertos en pedagogía.

En septiembre, cada vez que se celebra el Día del Maestro en homenaje al sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, vuelven las reflexiones sobre la educación, el rol docente, el proceso de enseñanza aprendizaje y otros temas no menos interesantes. Ya lo dijo el líder sudafricano Nelson Mandela: “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Sin embargo, el mundo no ha sido siempre el mismo. En este siglo XXI, una cantidad impresionante de información está al alcance de la mano. Cualquiera que disponga de un teléfono inteligente o una computadora puede enterarse casi al instante de lo que sucede en el otro extremo del planeta. “En un mundo de ese tipo, lo último que un maestro tiene que proporcionar a sus alumnos es más información. Ya tienen demasiada. En cambio, la gente necesita la capacidad de dar sentido a la información, de señalar la diferencia entre lo que es y no es importante y, por encima de todo, de combinar muchos bits de información en una imagen general del mundo”, propone el historiador Yuval Noah Harari en su libro “21 lecciones para el Siglo XXI”.

Por su parte, la experta argentina en formación docente Melina Furman plantea en su libro “Enseñar distinto. Guía para innovar sin perderse en el camino”, la importancia de presentar a los estudiantes buenas preguntas: ¿Cuánto del trabajo escolar está dedicado a producir conocimiento inerte, ese que queda en el arcón de la memoria, pero luego no logramos usar? ¿Y qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo aprovechar los muchos años en que tenemos a chicas, chicos, adolescentes y jóvenes en la educación formal? ¿Cómo darles herramientas y despertarles el deseo y la voluntad para seguir aprendiendo durante toda la vida? En definitiva: ¿cómo enseñar distinto?

En la cultura occidental se otorga mucha importancia a las respuestas, pero a veces se olvida que —como observa Harari— lo que verdaderamente importa es estar de acuerdo en las preguntas. Y es ahí donde el oficio de enseñar cumple una tarea valiosa. Quienes ejercen la docencia, además de merecer una adecuada remuneración por su trabajo, deben ser conscientes que su labor se asemeja mucho a la de la persona que siembra. El fruto de su paciencia y empeño no se verá de inmediato, pero seguramente el que enseña será testigo de las transformaciones que puede lograr si es capaz de motivar a los estudiantes y despertar la curiosidad por saber y conocer siempre más, promoviendo el pensamiento crítico, la colaboración y la creatividad de los alumnos.

En una visita que realizó al país en el año 2013 el investigador, escritor y docente francés especializado en pedagogía Philippe Meirieu, compartió reflexiones sobre la educación en sociedades democráticas. “La democracia y la educación tienen realmente una relación consustancial y esencial: no existe una democracia sin una educación democrática y sin una educación para la democracia”, dijo al iniciar una charla para maestros. Y agregó: “Es necesario compartir con nuestros alumnos los valores fundadores de la democracia: el respeto de la alteridad en la construcción del bien común. El valor de la democracia es tratar de convencer sin vencer. Convencer respetando la inteligencia del otro, sin utilizar el control, ni la sumisión. En la escuela o en el aula, la verdad de la palabra no depende del estatuto del que pronuncia esa palabra. El que tiene razón no es el más fuerte, no es el que grita más fuerte, tampoco el que presiona a los demás, es el que demuestra mejor y es el que sabe convencer. El docente, tiene que interpelar constantemente esa capacidad de inteligencia, la capacidad de conmoverse que tienen los hombres”.

No hay dudas de que el oficio de enseñar es uno de los más importantes del mundo y, como observa la educadora Graciela Frigerio, es un oficio que implica acompañar y ofrecer herramientas para que el otro pueda decidir por qué hacer algo, qué hacer con lo que el mundo le ha dado hasta ahora y, eventualmente, cambiarlo.