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CARTAS DE LECTORES

La desinversión y el abandono del macrismo en el Chaco

Señor director de NORTE: 
Tengo el agrado de dirigirme a usted en respuesta a la carta de lectores publicada en fecha 30/08/21 bajo el título “El Gobierno del Chaco sigue mintiendo", y que al igual que otra carta publicada anteriormente por la misma autora, pretende hacernos creer que durante la gestión nacional de Cambiemos llovieron obras en el Chaco, cosa que en efecto resulta una palpable mentira, como si hiciera falta contarle al pueblo del Chaco qué pasó entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019. 
Cierto sector nos tiene acostumbrados a interpretaciones tendenciosas y malintencionadas que pretenden distorsionar la imagen completa de lo que efectivamente aconteció y todos padecimos durante ese lapidario período de desinversión y abandono, los cuatro años de Macri, el gobierno de Cambiemos. 
Entre 2015 y 2019 se presentaron a las distintas áreas del gobierno nacional, tales como el Ministerio del Interior, Secretaría de Viviendas, E.N.O.H.S.A. y tantos otros (por no decir que nos pasearon de punta a punta) más de 160 proyectos de obras que eran de tipo estructural, que hacían al desarrollo productivo e industrial de la provincia, pudiendo haber generado mano de obra genuina para nuestra provincia, proyectos generados por equipos de distintos organismos que contaban con aptos técnicos y otros desarrollados de cero completamente en ese período de gestión a los que hicimos todos los “ajustes” que solicitaron y que fueron totalmente en vano, no obstante lo cual insistimos a pesar de las negativas que imponían los distintos organismo de nación, siempre respondiendo a una claro lineamiento bajado desde el Ejecutivo Nacional. 
Durante ese período no se firmó ningún convenio nuevo para la ejecución de viviendas, y se llegó a tener alrededor de 2500 viviendas paralizadas sin perspectivas de ser retomadas, y en cambio hoy tenemos ya 500 viviendas finalizadas y entregadas, más de mil en ejecución con proyección de tres mil antes de fin de año, y proyectos presentados por dos mil setecientas más con perspectivas de aprobación de financiamiento en el mediano plazo. 
Mentira es tratar de hacerle creer a la gente que Cambiemos tuvo una mirada federal e invirtió en obras para las provincias durante su triste paso por el gobierno nacional.
Mentira fue el Plan Belgrano, ¿se acuerdan? Ese que lo único que dejó a la provincia fue un montón de carteles de obras que nunca se retomaron ni hicieron; otra enorme mentira, tanto como la "pobreza cero", el "van a sobrar dólares", la construcción de los "tres mil jardines" de infantes, que en su gobierno "los trabajadores no iban a pagar impuestos a las ganancias", que iban "bajar la inflación a un dígito", que iban a dar "un millón de créditos hipotecarios", y que "no se iba a devaluar".
Todas mentiras, así como sostener que intentaron hacer algo para garantizar el acceso a la vivienda en las provincias, especialmente en las del norte argentino. 
Hoy por hoy vemos obras en ejecución en todas partes, obra viales, hídricas, escuelas, jardines, viviendas, y eso es una verdad irrefutable aunque la quieran maquillar, basta con ver la autovía de la ruta 11, del lado del aeropuerto ya inaugurada, y del lado del autódromo casi concluida con las empresas trabajando inclusive de noche con reflectores para poder cumplir con la gente, obra la cual fue la desidia pura y el abandono total durante esos cuatro años. 
Lo que hoy vivimos es el verdadero compromiso con el pueblo, esto es federalismo e inclusión, esto es hacer y no decir, porque a las palabras se las lleva el viento y el resultado de los hechos queda para disfrute de toda la ciudadanía. 

FERNANDO A. CUCCHI 
(Ingeniero, exsubsecretario de Obras Públicas de la Provincia del Chaco, actual director de Obras y Complementarias del Instituto Provincial de Desarrollo Urbano y Vivienda)
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Acerca de la inteligencia

Señor director de NORTE:
Cuando nos adentramos al mundo de la realidad escolar y su devenir histórico, sin equívocos, nos encontramos en primer lugar   con la vieja dicotomía “del saber y conocer, y el pensamiento y la inteligencia”.
Vayamos por parte; por ejemplo, qué es conocer y saber. Si le preguntáramos a nuestros niños del nivel primario o a los jóvenes del secundario, si conocen una radio, la respuesta simple y rápida sería “sí”, pero esta respuesta es, en parte, parcial e imprecisa. ¿Por qué? Ya que todos conocemos solo una parte de la radio. Pero cómo funciona, cuáles son sus componentes internos no lo sabemos. Ni tampoco cómo llegan las ondas del aire al aparato   que tenemos en casa. Podríamos decir con certeza que casi no sabemos nada de una radio. Claro con toda razón se puede decir que esta es una pregunta ambigua, subamos el planteo: para ustedes, ¿conocer y saber son lo mismo?
Vayamos al otro presupuesto, diría lo más complejo, en la tarea educativa “el pensar y la inteligencia”. Hemos escuchados por años en nuestras escuelas decir a los maestros: “Estos niños no piensan nada, o estos son re inteligentes”.
La pregunta del millón, como dicen los jóvenes, sería: ¿cómo se hace para pensar?, y luego: ¿se puede enseñar inteligencia?
Deberíamos expresar aquí que nada es tan lineal y claro, cuando hablamos de “inteligencia” es por lejos lo más difícil y conflictivo para tratar en la escuela. Quizás les pueda parecer un poco inasequible o esté fuera de sus parámetros mentales, pero hay que abordar estos problemas con mayor continuidad, ya que todos forman parte de la realidad educativa.
En mi libro Los Mandamientos del Aula, hago especial referencia a estos temas, de los cuales —quienes por tantísimos años hemos estado en el aula— sabemos de sobra las enormes dificultades, en la enseñanza, en el proceso educativo.
Miles de veces escuché en el patio de mi escuela decir “estos niños no piensan nada”, o “estos niños son reinteligentes”. Frases tan repetidas pero sin dudas no creo nos hayan dejado alguna solución a nada. El paso del tiempo en las escuelas de mi Chaco me fue dejando un sinnúmero de alegrías y tristezas, en un mundo tan apasionante como es el aula, donde día a día, maestros, maestras y estudiantes pasamos la vida en el intento de formarnos —ellos y nosotros— para enfrentar la vida desde otra atalaya, donde —como decía el poeta— “haya más azul que nubes negras”.
En la escuela, como en la vida, el presente es demasiado fugaz, el futuro es inasible, entonces nuestras vidas se destilan en el pretérito, donde —como verán— las respuestas no siempre son tan precisas como quisiéramos. Porque, como decíamos en el libro antes mencionado, la vida del aula es un mundo apasionante, donde cada día es un misterioso viaje al corazón del infante, con ese enorme cúmulo de vivencias, que irán formando, un tiempo nuevo, donde docentes y alumnos, luchemos por enseñar y aprender.
Hay otro punto saliente que todos los educadores en general deberíamos tener presente, cuando nos referimos a la “inteligencia”, es la “memoria”, y cuál es el rol fundamental que ella juega en el proceso del aprendizaje.
En la escuela, sin dudas, siempre hablamos de tres tipos o clases de memoria, a saber: memoria de corto plazo, memoria de mediano plazo y memoria de largo plazo. En la escuela los maestros siempre decimos “estos niños no se acuerdan de nada”, cuando repetimos hasta el cansancio conceptos que ya hemos dado en clases anteriores. Ahora, ¿alguna vez nos pusimos a pensar por qué pasan estas cosas?
Estos tres temas fundamentales: la inteligencia, el pensamiento y la memoria son los pilares donde se apoya todo el sistema educacional. 
Docentes, es necesario que todos ahondemos en el análisis de estos tópicos y hagamos juntos una escuela mejor.

BERNARDO GÓMEZ 
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Los abogados desaparecidos

Señor director de NORTE:                                                  
El rey  persa, viendo cómo luchaban y resistían ferozmente los espartanos en el desfiladero de las Termópilas, entre furioso y asombrado   preguntó a sus consejeros “¿Por qué estos hombres luchan así y no se someten a mi poder?”; y uno de sus ministros, temeroso y  doblando la rodilla ante el Rey, le contestó: “Mi señor, ellos son hombres libres”. Esta frase inmensa, debería ser escrita en una lápida y plantada en medio de una plaza dedicada a los abogados y abogadas desaparecidos bajo el terrorismo de Estado. Cuando los represores y sus aliados, cómplices y colaboradores decían de ellos: “Algo habrán hecho”, no se equivocaban, tenían razón; lo que hicieron fue ejercer el derecho y defender la libertad de los que eran oprimidos, reprimidos, torturados, asesinados, desaparecidos. “Eran hombres libres”, que ejercieron la libertad, con un coraje simple y callado, y pusieron su vida en juego, dejándonos en las manos una posta que aún hoy nos quema. Dijo Napoleón Bonaparte: “Mientras lleve mi espada en mi costado, no firmaré ese decreto; y quiero que se pueda cortar la lengua a los abogados que se sirven de ella en contra del gobierno”; se refería al Reglamento de la Orden de los Abogados de Francia, que ponía en jaque a la tiranía de Napoleón. A los tiranos y dictadores no les gusta someterse a la Constitución y al orden institucional, quieren vivir fuera de la ley y contra la ley como lo han hecho varios en la Argentina. Es que los abogados que ejercen su ministerio como un apostolado de la Justicia , de la Libertad, y del Derecho, son una amenaza para los corruptos, los  tiranos y los déspotas. El 28 de agosto de 1987, una delegación de familiares de desaparecidos, junto con miembros de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, entregó al presidente de la Nación, doctor Alfonsín, la nómina de los 106 abogados detenidos-desaparecidos, durante el terrorismo de Estado. Jorge Luis Borges amaba la Plaza Lavalle, y la cristalizó y eternizó con estos versos: “Toda pasión se aquieta, bajo la tenue bendición de sus árboles”. Y en esa Plaza, frente a la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Talcahuano 550), hay un monolito de mármol con una placa grabada con los nombres de los abogados desaparecidos, que impugnan, requieren e interpelan al Poder Judicial de la Nación, desde su ensordecedor silencio. “Creo que si alguien tiene una deuda con los derechos humanos en nuestro país es el Poder Judicial" (lo dijo Eugenio Zaffaroni, exjuez de la Corte Suprema).
 Durante el segundo juicio de Nüremberg, hecho contra los jueces del régimen nazi, se ventiló la aberrante teoría, de que si existía una norma, los Jueces debían cumplirla y aplicarla, aunque fuera contraria al sentido común, al derecho de gentes, a la humanidad; si la norma decía que había  que proteger la pureza de la raza alemana, y por lo tanto impedir matrimonios mixtos, y matar, judíos, eslavos, homosexuales y gitanos, los jueces al aplicarla no cometían delito alguno, porque las leyes no las hacen los jueces, que solamente las cumplen. Y esta aberración era sostenida por grandes juristas. Esto mismo sucedió en nuestro país durante el terrorismo de Estado, y aún sucede en muchas provincias donde se anteponen a la Constitución y a los pactos y tratados, ordenanzas municipales, normas administrativas, y decretos leyes de los gobiernos de facto.
Pero la falacia no tuvo éxito en Nüremberg, y los sofismas se hicieron pedazos, ante el sentido común de la gente y de los jueces. Y dijo el fiscal acusador del juicio de Nüremberg contra los Magistrados del nazismo, que había que darles una condena ejemplar “para que nunca más el puñal de los sicarios, se oculte entre los pliegues de la toga de los Magistrados”. 
En nuestro país, en el ámbito federal y provincial, la toga de los magistrados sigue ocultando el puñal de los sicarios, crímenes impunes , el dinero de la corrupción, las prebendas del narcotráfico  y  muchas perversidades más. A esos funcionarios les cabe la amenaza de la Biblia: “Ay de vosotros jueces prevaricadores…”. Dijo Aristóteles: “Hay hombres que aman los placeres, y buscan las riquezas; hay hombres que aman los honores, y buscan el poder; y hay hombres que aman la justicia y buscan la verdad”.
 Yo he sido una de las víctimas del terrorismo de Estado, y estuve mil días a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, desde el 24/03/1976 hasta el 24/12/1978; por Decreto 425/1976, dictado por el general J.R. Videla, y su ministro el general Harguindeguy. Y vi pasar por la prisión a abogados de todas las provincias, y del Chaco: Peco Tissembaum, Carlos Leúnda, Rubén Yunes, Saúl Acuña, Pocha Nadal, Goldberg, “Romerito”, Pedro Velásquez Ibarra de Formosa, etc.  
He cumplido 41 años y medio en el ejercicio de la profesión de abogado, y he visto de todo, a buenos y malos. Pero como dice el chiste: “Los abogados no van al cielo”.
Dijo Boris Pasik, luchador por los derechos humanos: “El derecho es un medio para la realización de fines éticos. O el derecho sirve para defender la vida, la libertad y la dignidad del hombre, o no sirve para nada”. Los abogados desaparecidos hicieron posible el Estado de derecho, la democracia y la libertad que nosotros hoy disfrutamos. Cada escrito, cada habeas corpus, cada reclamo por los detenidos torturados y desaparecidos, era una definición, una toma de posición por la vida, por la libertad y por la dignidad del hombre. El Poder Judicial debe ser el guardián, debe tutelar la vida, la libertad, la dignidad, y el trabajo de los seres humanos. Hay una deuda morosa no saldada del Poder Judicial para con el pueblo argentino. La defensa de la vida, la libertad y la dignidad del ser humano, y la paz social, es la tarea más elevada de los abogados. Y en esa tarea, nuestros colegas desaparecidos, fueron cobardemente abatidos por el terrorismo de Estado. Nuestros colegas, los abogados desaparecidos, muchas veces, armados tan solo con una máquina de escribir, enfrentaron al Estado terrorista y a sus funcionarios, y se lanzaron como el Quijote contra los molinos de viento. Y al igual que “el caballero de la triste figura”, caracoleando montado en su famélico Rocinante, derrotados en la batalla, ganaron la guerra por la verdad, la justicia y la dignidad del ser humano, nuestra dignidad.  Y de esa sangre, impunemente derramada, seremos eternamente deudores todos los argentinos. Ellos nos enseñaron con su sacrificio, que la vida sin libertad, sin justicia, sin dignidad, no es vivir, es agonizar… “Nadie tiene más amor que el que da la vida por los demás”.
 Nuestros colegas desaparecidos, sin saberlo, probaron con su sacrificio la verdad de esta enseñanza que nos dejó Jesús, una víctima más de la injusticia humana, a quien el “magistrado” Poncio Pilatos, modelo del juez cobarde, primero lo declaró inocente y luego lo condenó a muerte, y a muerte de cruz. “Bienaventurados los que luchan por la justicia.”                                                                                                                              

Por eso, para que la lucha, la memoria y la sangre de nuestros colegas desaparecidos, no sea olvidada ni negociada, escribo estas palabras. Y modestamente rindo mi homenaje emocionado, a todos esos luchadores del derecho, de la vida y de la libertad, a esos soldados desconocidos de la justicia y el derecho, cuyos nombres sólo Dios conoce.   
Está escrito en el Libro del profeta Daniel: “Los que enseñaron al pueblo a ser justo, brillarán como las estrellas del cielo”. Y será justicia.

JORGE ANTONIO GAIT
Abogado
Resistencia

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