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Los clones de la Spectrum tras la cortina de hierro

Los rusos aportaron mucho al mundo de la informática cuando esta comenzaba a hacerse popular, pese a la rigidez de su sistema político y económico. De hecho, el juego Tetris es hijo de la tibia apertura del mundo comunista iniciada en 1984.

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Otro de los clones exitosos detrás de la Cortina de Hierro de la década del ´80 fue la Santaka. Construida con más calidad que otras, la máquina debía ser introducida de contrabando en Rumania.

Pero en otros países, el comunismo solo fue un concepto para encubrir feroces dictaduras, como en la Rumania comunista de Nicolae Ceaușescu, donde no hubo ninguna clase de Perestroika hasta la sangrienta revolución de 1989 y la ejecución del dictador y su esposa.

De hecho, Rumania fue el único país del bloque del Este donde la transición desde un Estado socialista a uno de mercado implicó la ejecución de los líderes del país.

Pero hasta entonces, el estado mantenía los precios de la electrónica más básica como componentes de resistencias y condensadores, artificialmente altos, para impedir que los ciudadanos construyeran radios o computadoras.

La vida de los rumanos era dura, siempre bajo la amenaza de estar siendo vigilados por policía secreta Securitate y había un acceso muy limitado a ciertas cosas, incluyendo la tecnología. En el mejor de los casos, sólo se podía encontrar algún clon del ZX Spectrum a un costo exorbitante, y el Cobra fue uno de ellos. Pero a partir de la necesidad surgió un movimiento de entusiastas decidido a construir sus propios equipos, desafiando a las autoridades en el proceso.

A principios de los ‘80, la conocida ZX Spectrum se había transformado en uno de los sistemas más copiados de todo el Bloque Oriental, y en Rumania tomó el nombre de  Cobra (COmputere BRAsov); costaba la mitad de un Dacia 1300, la versión rumana del Renault 12.

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La computadora Galaksija se puso de moda en la Yugoslavia socialista de los años ´80 y los rumanos hicieron lo posible por copiarla. Sus planos e instrucciones estaban impresos en una revista eslava.

Hackers de verdad

Una solución parcial y definitivamente ilegal surgió gracias a un grupo de estudiantes de la Universidad Politécnica de Bucarest, quienes comenzaron a construir sus propias copias del Cobra. Estos verdaderos hackers hicieron honor al nombre combinando recursos, consiguiendo placas base “extraídas” de la fábrica, y obteniendo en el mercado negro componentes electrónicos a riesgo de terminar torturados en alguna comisaría. El clon del Cobra fue una maravilla tecnológica y un símbolo de rebeldía a la vez.

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Un clon de la Cobra original, en funcionamiento. Lo tiene en su poder Mihal Moldovanu, un ingeniero que por aquellos años la hacía funcionar conectando todos los cables sobre una mesa.

Los constructores utilizaron todo lo que estaba disponible en el mercado negro, nunca dos computadoras parecían ser iguales. Los afortunados propietarios colocan sus Cobras en estuches de otro clon rumano de ZX Spectrum, el HC. Otros utilizaron cajas de madera, o simplemente cableaban los componentes sobre una mesa. 

En este país comunista cerrado con opciones reguladas por el Estado, Cobra les dio a sus dueños un sentimiento de independencia y rebelión. “El hecho de que pudieras jugar el juego que quisieras, cuando quisiste, te daba la ilusión de elegir por ti mismo”, dice Mihal Moldovanu, ingeniero que aún guarda el clon que construyó por aquellos años y cada tanto lo enciende para alguna revista especializada o un documental. 

Tres décadas después, todavía se sabe de memoria cómo jugar Highway Encounter, Chuckie Egg y Nether Earth, que presentaban gráficos 3D isométricos, lo que significa que era 2D, pero parecía 3D. Moldovanu estaba asombrado por los gráficos, por lo que comenzó a estudiar el algoritmo para aprender cómo era posible lograrlos y se volvió un experto en esta cuestión.

“Todos mis colegas de la escuela tenían esas computadoras, incluso las niñas”, dice (Hasta la fecha, Rumania todavía tiene uno de los porcentajes más altos de mujeres en tecnología dentro de la Unión Europea).

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Moldovanu se dedica a reparar los clones que encuentra para testimoniar el pasado informático de uno de los países más cerrados del bloque soviético. Muchas de estas computadoras están a la venta en Ebay.

Más de tres décadas después, algunos de esos estudiantes que trabajaron en Apple en el proyecto Iphone X aseguran que el número de Cobras construidos por ellos superaron a los que salieron de la fábrica (unos 2000). Cada Cobra requería miles de puntos de soldadura hechos a mano, pero estos entusiastas amateur también se vieron obligados a fabricar las herramientas para diagnosticar las computadoras cuando no funcionaban correctamente. 

Incluso hoy en día, el ingeniero Moldovanu todavía está asombrado por todas las ingeniosas soluciones que se le ocurrieron a él y sus amigos para hacer que las Cobras funcionaran, y dice: “Steve Jobs se habría sentido orgulloso de nosotros”.

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