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Los libros, herramienta necesaria para la formación de los niños

En la vuelta de la presencialidad educativa en el Jardín de Iinfantes 25, el aporte de la lectura suma el beneficio de aprender el idioma qom.

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“Los niños se concentran, miran, observan y disfrutan el cuento porque se sienten partícipes”, dicen las docentes.

SÁENZ PEÑA (Agencia) La tarea de fomentar leer a los más pequeños puede resultar una tarea difícil ante el bombardeo de otras actividades de ocio tecnológico, pero en la vuelta a la presencialidad educativa los jardines de infantes demuestran que los niños están ávidos de escuchar las historias que emergen de esas páginas repletas de letras.

La lectura, con el avance de las tecnologías y lo niños acostumbrados a ellas, pareciera ser un pasatiempo antiguo, hasta que se ingresa a una salita del jardín de infantes y la silenciosa atención prima cuando la narradora los hace parte de un cuento.

No hay teléfonos ni computadoras, sólo niños sentados escuchando atentamente las palabras que salen de un libro y se llega a la conclusión de que a los infantes no es que no les gusta la lectura, sino que los adultos fueron olvidando transmitirles ese placer.

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Silvia Barreto, directora del Jardín de Infantes 25, y Andrea Valdez, auxiliar docente aborigen.

La imagen que se tiene de muchos niños juntos, no es la del orden y el silencio. Ese imaginario se revierte cuando se ingresa al aula del anexo en el barrio Hipólito Yrigoyen del jardín de infantes nº 25 ‘Clotilde Guillén del Rezzano‘ del barrio Obrero. Los pequeños de cuatro o cinco años sentados en orden, respetando la distancia, en silencio.

No demuestran aburrimiento, todo lo contrario, siguen atentos la lectura del cuento que hace la integrante del plan municipal de lectura. Alguno se levanta de su sillita, pero solamente para acercarse a ver alguna imagen del libro y vuelve a su lugar de inmediato.

Otro rompe el silencio, pero para hacer alguna acotación sobre los protagonistas del relato.
Si se abre la puerta del salón, ninguno se inmuta por saber quién ingresa. Todos concentrados escuchando la lectura, que también incluye otro idioma: el qom, porque el jardincito tiene auxiliares docentes aborígenes (ADA) y, en consecuencia, todos aprenden la lengua originaria.
El placer de la lectura se siente, demostrando lo necesaria que es.

INTERÉS POR LA LECTURA

La lectura enriquece la cultura de los adultos en formación que son los niños, mejora su lenguaje, desarrolla la capacidad de concentración y la memoria, además de estimular la imaginación. Los docentes entienden que es fundamental concienciar de los beneficios que tendrá para el futuro de los infantes el hecho que desde que aprenden a leer, comiencen a saber disfrutar y divertirse con un libro.

La necesidad de tener que atrapar la atención de un niño sin una pantalla, ‘no es un problema en las salitas del anexo del jardín 25‘.

‘En este retorno a las clases presenciales, captar la atención no se está haciendo difícil porque los chicos se enganchan con las imágenes que las docentes traemos de esos relatos o bien nosotras nos disfrazamos del personaje principal de la lectura‘, detalló la seño Andrea Valdéz, auxiliar docente aborigen (ADA).

‘Los niños se concentran, miran, observan y disfrutan del cuento porque ellos se sienten partícipes y son experiencias que las viven‘, resumió la docente.

ENSEÑAR DESDE LOS ORÍGENES

La lectura en el jardincito del Hipólito Yrigoyen, tiene la responsabilidad de trabajar con la transmisión de una de las lenguas madres del Chaco, como lo es el qom o toba.
En los relatos intervienen auxiliares docentes aborígenes, que transmiten enseñanzas a los infantes de la comunidad originaria.

‘No podemos hacer selección de personas a la hora de enseñar, entonces el aprendizaje es igual y universal para todos los niños, aprendiendo en ambas lenguas‘, mencionó la docente qom.

Las narraciones, cuentos y leyendas de la comunidad toba son parte de esa lectura que atrapa a los pequeños, ‘y se la realiza en las dos lenguas, aprendiendo los niños así ambos idiomas‘.
La experiencia de ser partícipe de la historia que sale de las letras de un libro, ‘hace que los pequeños se interesen en aprender a leer‘. ‘En salita de cuatro o de cinco años, ellos van reconociendo las letras y los números que se les van enseñando en lengua materna y en castellano‘, indicó Andrea Valdéz.

‘Leer un libro ayuda a que los niños estimulen su imaginación y creatividad, haciendo que sientan más interés por las cosas que los rodean y aumenten su cultura, como ocurre en este espacio de la ciudad en el que los pequeños no marcan diferencias entre criollos y aborígenes, aprendiendo las lenguas y las costumbres de cada una de sus culturas‘, finalizaron las docentes del anexo en el barrio Hipólito Yrigoyen del jardín de infantes 25.

Jardincito bilingüe

SÁENZ PEÑA (Agencia) - El jardín de infantes 25 ‘Clotilde Guillén de Rezzano‘ tiene su sede central en el barrio Obrero y el anexo en el Hipóliyo Irigoyen, conteniendo entre ambos establecimientos 250 alumnos.

El establecimiento, con su anexo del Irigoyen al que concurren 90 niños, tiene alumnos de la comunidad qom y en consecuencia en su equipo de docentes disponen de docentes auxiliares aborígenes. En el regreso a la presencialidad educativa ‘se trabaja con burbujas, respetando todas las medidas sanitarias para el cuidado de la comunidad educativa‘.

‘El regreso a las aulas fue todo un desafío porque la mayoría del alumnado se conocían entre ellos y con los docentes de manera virtual y no solamente los niños, sino también las docentes están disfrutando del encontrarse y trabajar de manera presencial‘, contó a NORTE Silvia Barreto, directora del establecimiento educativo de nivel inicial.

Plan municipal

SÁENZ PEÑA (Agencia) En la búsqueda de que los libros sean el pasatiempo mejor para los niños, la intendencia local tiene en marcha el Plan Municipal de Lectura.

El programa, desde que la apertura de actividades lo permiten en el contexto de emergencia sanitaria, sale dos veces por semana a leer a grupos de niños en los distintos establecimientos educativos y espacios comunitarios de la ciudad. La experiencia está siendo bien recibida por el público objetivo que son los infantes ‘en un satisfactorio proceso interactivo entre las letras de un libro y los niños‘.

Se les propone entender la lectura como un juego, lo que para el niño también es muy valioso porque se le está demostrando que se les dedica tiempo.

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