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El efecto terapéutico de la empatía

Es considerada una de las competencias básicas en el aprendizaje de las profesiones de la salud. Se define como la capacidad de entender las emociones de pacientes y familiares, así como sus perspectivas y experiencias.

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Ian McWhinney refiere que a la hora de interactuar con los pacientes o su familia, “Tenemos que escuchar no sólo con los oídos, sino también con los ojos, la mente, el corazón y la imaginación”.

La empatía puede beneficiar la competencia clínica, así como también la mejor comunicación y vínculo entre el profesional y el paciente o familiar. Favorece el poder expresar sus síntomas y preocupaciones, por lo que no sólo se obtiene una mejor anamnesis y precisión diagnóstica, sino también una más amplia participación en la consulta y resultados más sostenibles.

La cercanía emocional es terapéutica, porque hace sentir al paciente reconectado con la humanidad, sentimiento que se pierde cuando hay sufrimiento físico o emocional. Establecer un buen vínculo es un punto clave  en el encuentro, tanto para el que acude en búsqueda de ayuda para mitigar su malestar como para el profesional que asiste con el objetivo de brindar el mejor nivel de atención posible.

En la consulta, como en todo trato interpersonal, se ponen en juego una gran cantidad de variables, pero quizás el punto fundamental para el origen de la  relación profesional-paciente es la intimidad emocional y la seguridad efectiva que derivan de la confianza y del respeto mutuo.

En este contexto de interacción donde se involucran más factores que el   conocimiento teórico y la competencia técnica, es que emerge la necesidad de  poner énfasis en la relación profesional-paciente desde lo humano. Hacer  hincapié en la empatía como núcleo de la relación implica dar lugar a una nueva forma de relación que destaca la participación tanto del profesional  como del  paciente en la toma de decisiones. 

La deshumanización que ha experimentado la medicina, producto del olvido de  la subjetividad del enfermo, presenta algunos rasgos característicos: la cosificacion del paciente, falta de calor en la relación humana, la ausencia de  un verdadero encuentro. Entre las necesidades con las cuales acude el  paciente a consulta está la de ser entendido.

Por otro lado, elevados niveles de empatía se han correlacionado con mayor satisfacción, menor estrés y menos burn-out profesional del personal sanitario. Cuando se trabaja con seres humanos, y más concretamente con el sufrimiento humano, especialmente en momentos cercanos a la muerte, son más vulnerables al desgaste por empatía. 

Que el trabajador se sienta apoyado y valorado por la organización minimiza el impacto emocional y la generación de consecuencias físicas o psíquicas de las situaciones estresantes. El apoyo social tiene efecto amortiguador sobre el estrés y sus consecuencias, por lo que es muy importante el fomento de la creación de redes de apoyo.

La inteligencia emocional es un concepto clave para organizar las destrezas interpersonales y de comunicación en el ámbito de las profesiones de la salud, entre ellas, la empatía. Asimismo, juega un papel importante cuando un profesional tiene que dar una mala noticia, ya que esto requiere la posibilidad de manejar o amortiguar respuestas emocionales intensas.

Otero Martínez plantea que un profesional de la salud con inteligencia emocional es capaz de:

–Reducir el temor.

–Conocer lo que está sintiendo su interlocutor.

–Escuchar y calmar.

–Admitir las diferencias entre los seres humanos.

– Mitigar el duelo.

–Manejar el enojo, la tristeza y otros estados emocionales.

–Lograr un mejor cumplimiento de las indicaciones del tratamiento.

– Lograr conductas más saludables.

–Facilitar la adhesión terapéutica..

–Fomentar la independencia de los pacientes.

–Controlar sus propios sentimientos y sentirse bien con lo que está haciendo.

Una persona inteligente emocionalmente es aquella que es capaz de comprender, aceptar y expresar sus emociones de manera natural; empatizar con las emociones de los demás, evaluándolas, reconociéndolas y entendiéndolas; regular las emociones propias, ayudando a no perder la templanza; y, por último, emplear la emoción como facilitador del rendimiento.

En la medida en que el profesional entienda lo que el paciente piensa y siente,  mejor será la atención que  ofrezca; de este modo la empatía se convierte en  el vehículo de la relación interpersonal profesional-paciente. Enfatizar en la   importancia de las habilidades emocionales implica otorgar una herramienta en el abordaje y comprensión de la dimensión psicológica y social del enfermo, una clínica que incluya el estudio del ser humano en su dimensión del ser, que le permita desarrollar destrezas específicas, integradas con el resto de sus conocimientos de la dimensión biológica y desde ahí comprender al paciente.

Adquirir habilidades que permitan empatizar con el universo emocional del paciente es condición fundamental para: 

1.- Cimentar una relación profesional-paciente cálida y humana que persiga como objetivo primordial el logro de las metas terapéuticas planteadas;

2.- Desenvolverse de la mejor manera posible frente a situaciones que son emocionalmente difíciles en la consulta;

3.- Brindar al paciente el mejor nivel de atención posible;

4.- Alcanzar mayor satisfacción profesional y personal.

Es muy importante saber desenvolverse profesionalmente en consonancia con la postura según la cual no importa cuán sofisticada sea la tecnología, sino  que la salud se alivia con compasión, contacto y conversación. No olvidar que el otro es un ser humano como uno mismo. 

Es necesario ayudar a los profesionales a reconocer su vulnerabilidad y a afrontar de forma efectiva y saludable el coste de atender a los pacientes, para prevenir el Desgaste por Empatía, y otras consecuencias profesionales. Resulta primordial trabajar tres aspectos fundamentales:

-Conexión con otros, desarrollar una comunidad terapéutica personal.

–Psico-educación de los profesionales para identificar y desarrollar recursos nutritivos de apoyo y enriquecimiento;

–Autocuidado en el trabajo y en la vida personal.

*Licenciada en Psicología. Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Perrando

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