Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/208481

La vida te regala dudas

Tengo la mala costumbre de mutear (dejar en silencio) el celular. Cuando lo pierdo, me entra la desesperación y me digo, esta vez le voy a poner sonido. Nunca lo hago, o pocas veces. Muchas veces en nuestra vida, y a veces “para siempre”, muteamos las dudas que la vida nos pone en el camino cual paisaje a contemplar o ruta a seguir.

René Descartes se planteaba la duda como método para encontrar la verdad. Es decir, para entender el mundo y al ser humano. Lo que el filósofo pretendía con la duda era eliminar los supuestos, y usar la razón como tamiz, para llegar a esa verdad. Desconfiaba de los sentidos. Paciencia querido lector, ya saldremos de este “verengenal”. 

Pero, desde Descartes a la neurociencia actual, pasando por la metafísica, y con la pandemia como contexto sin dejar la tecnología como subtexto, si algo hemos encontrado durante este año y medio son dudas. 

Hemos hablado antes de la duda, con una base más Socrática, pero en esta columna, que les prometo no pretende inducirlos a un debate solamente filosófico, hablaremos de esas dudas que nos acompañan toda la vida que algunas veces decidimos afrontar y otras mutear como hago yo con mi teléfono.

Hannah Arendt* plantea que “una crisis se convierte en un desastre cuando respondemos a ella con juicios preestablecidos, es decir, con prejuicios. Tal actitud agudiza la crisis, y, además, nos impide experimentar la realidad y nos quita la ocasión de reflexionar que esa realidad brinda”.

Con esta premisa, muchas personas en medio del aislamiento que produjo la crisis sanitaria más importante de los últimos tiempos (nunca supe a cuánto se referían con los últimos tiempos en los libros o noticias, pero pongamos 100 años) comenzaron a desmutear esas dudas y a cambiar sus vidas. Como las vacunas, como el mismo virus no podemos aún decir cuánto para bien, cuánto para mal, pero la humanidad recibió un sacudón. 

Las dudas abrieron grietas, otras en cambio despertaron de un largo sueño  para abrir caminos. Seré insistente con que la pandemia nos hizo más conscientes (si y también inconscientes) de que teníamos muchos prejuicios, pero también muchos recursos.

"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez", decía Gabriel García Marquez**. 

No es necesario aquí debatir cómo se conforma un individuo social, también somos los conceptos religiosos, políticos, ideológicos, y muchos os más que nos van configurando. Siendo adolescentes y jóvenes (según las medidas humanas) el ruido ensordecedor de las dudas son más difíciles de acallar, pero de adultos nos inventamos sistemas, o recurrimos a muchas cosas –buenas y malas- para anestesiarlas. 

En la actualidad (cuya medida es más o menos lo mismo que “en este último tiempo”) no solo han aparecido nuevas religiones, terapias, ejercicios, dietas, filosofías, “líderes de opinión” (gurus, youtubers, influencers, coach, etc), sino que muchas de estos conceptos, personas y “verdades” nos reconfiguraron como sociedad, como humanidad. Si hasta hay yerba mate con tomillo. El ruido, insiste. 

Pero es, justamente en ese momento, donde la vida (Dios, Universo, Buda, como sea que lo conciban), interviene muchas veces en forma de caos, de crisis, de pared. Pero también aparece como asombro (una sensación difícil de encontrar con el paso de los años, o cuán rápido se mueve la tecnología) con nuevos conocimientos que nos invitan a seguir investigando, ampliando nuestros contactos con otros seres humanos. 

Dejando de lado –por un momento- el dicho popular de “cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro”el contacto con otras personas, el debate, el escuchar a otros, es importante. 

Y llega un momento pandemia o no en el cual es inevitable parar, meterse adentro, escucharnos, parirnos nuevamente. Desmutear nuestras dudas para encontrar nuestras certezas. No importa qué método usemos si el de Sócrates, el de Descartes, o el de Messi para saber dónde se iba a ir a jugar. Lo importante es ponerle sonido a nuestras dudas, para encontrarnos.

*Arendt H (1996). Entre el pasado y el futuro. Editorial Península, Barcelona, 186.  

** García Márquez (1961) El Coronel no tiene quien le escriba. Editorial Harper

Temas en esta nota

opinión
Notas Relacionadas