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Más que mil palabras

La fotografía del cumpleaños de la primera dama en la quinta de Olivos, tomada el año pasado en plena pandemia cuando regía un confinamiento estricto en todo el país, dice más que mil palabras.

Y por eso no hay argumento que justifique el grave error que involucró a la figura presidencial. Pero la reacción de la oposición, más empeñada en apostar al desgaste a partir de los errores del gobierno nacional que en sumar una mayor adhesión del electorado con propuestas concretas para salir de la crisis sanitaria, social y económica, revela también otro problema de fondo: el divorcio de buena parte de la dirigencia política de la acuciante realidad nacional.

Organizar un cumpleaños en la residencia presidencial con la presencia de un grupo de personas cuando estaban totalmente prohibidas ese tipo de reuniones sociales, tal como lo ordenaba por entonces el decreto de necesidad y urgencia 576/2020 firmado por el propio presidente de la Nación, para evitar la propagación del virus, fue una decisión muy desacertada.

La lectura más simple que hace el ciudadano de a pie es: los políticos pueden hacer lo que se le prohíbe a la gente común. Queda flotando la sospecha de la existencia de ciertos privilegios de que, al parecer, gozan quienes están en lo más alto del poder o participan del círculo más cercano a los lugares de toma de decisiones que afectan al conjunto de la sociedad. Suele pasar, aquí y en todo el mundo, que a quienes están en lo más alto de la pirámide social les cuesta tomar contacto con la realidad cotidiana del resto de los mortales.

De ahí que quienes ejercen la actividad política de manera profesional utilicen con frecuencia entre sus pares la frase “hay que meter los pies en el barro” para hacer referencia no a la necesidad de hacer fangoterapia precisamente, sino para recordar que hay que mantener los pies sobre la tierra, caminar las calles, los barrios, y escuchar al menos de vez en cuando a los vecinos para no ignorar cuáles son las necesidades reales de la ciudadanía.

Quedó claro con los rechazos que cosechó la foto del cumpleaños en Olivos que el presidente de la Nación no puede pedir a la sociedad que cumpla con algo que él no cumple. La justicia tiene ahora la palabra y es de esperar que, respetando todos los pasos legales, se expida en un tiempo prudente. Pero es importante que el árbol no tape el bosque. El país tiene problemas muy serios y el presidente debe continuar con sus responsabilidades hasta el final del mandato.

El próximo mes se celebran las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y luego en noviembre los comicios generales. En ambas oportunidades la ciudadanía podrá ejercer el derecho a votar por los candidatos que mejor la representan. Allí se sabrá qué pesó más en la balanza del conjunto de la sociedad, si la gestión o los errores. Son las reglas de la democracia.

Hay que decir también que la oposición a nivel nacional no debería hacerse la distraída y, más allá de jugar al juego que por estas horas más le conviene —el desgaste de la figura presidencial—, debería además plantear claramente qué propuestas tiene para hacer frente a los problemas reales de la gran mayoría de los argentinos, es decir qué medidas tomar para reducir los índices de inflación, cómo mejorar el poder adquisitivo de la población, cómo acelerar las campañas de vacunación, cómo generar más empleo, cómo resolver el peso del gran endeudamiento externo (cuya responsabilidad no puede ignorar) y cómo superar en el corto y mediano plazo los efectos negativos de la pandemia en la salud y la economía.

Si quienes se presentan como alternativa continúan sin presentar propuestas claras sobre estos temas que son cruciales en la agenda pública, entonces se estará confirmando que persiste el divorcio entre la dirigencia política y la ciudadanía.

Algunos sondeos de opinión coinciden en señalar que el escándalo del llamado vacunatorio vip afectó de tal modo la imagen del presidente Alberto Fernández que fue en esos días cuando las mediciones registraron una fuerte caída de adhesiones a su figura.

Sin embargo, los mismos sondeos mostraron que el jefe de Estado logró superar esa percepción negativa de la ciudadanía, y ahora queda por ver cómo impactará este último traspié en el electorado.