Roncesvalles y el cantar de Roldán
El 15 de agosto de 778 unas tribus vascas derrotaron a las tropas del emperador Carlomagno en el desfiladero de Roncesvalles. Esto dio origen al “Cantar de Roldán”, el poema épico más importante de Francia, y demarcó un sitio que es patrimonio cultural tangible e intangible de dos pueblos.

Carlos I el Grande nació en Aquisgrán –hoy Alemania- en 742 y murió en la misma ciudad en 814. Asumió el trono de rey de los francos en 768, al morir su padre Pipino el Breve, anexionando luego los territorios en los que reinaba su hermano. Su reino se expandió a Italia cuando conquistó a los lombardos en 774, aliándose con el Papado, y continuó con Sajonia –norte de Alemania-: allí realizó 18 campañas entre 772 y 804 para consolidar su dominio.
Su reino abarcó los actuales territorios de Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y gran parte de Alemania, Italia, Hungría, Chequia, Eslovaquia y Croacia. Su imperio fue el de mayor magnitud en Europa desde el Romano. En la Navidad del año 800 fue coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el papa León III. Su imperio fue factor de unión y organización política y administrativa, con territorios gestionados por condes supervisados constantemente por enviados del emperador. El catolicismo fue el elemento de integración que estabilizó y ordenó socialmente esos años.
La batalla de Roncesvalles
El gobernador de Zaragoza solicitó al emperador su ayuda para combatir contra las fuerzas musulmanas del emir Abderrahman I de Córdoba, a lo que Carlos no pudo rehusarse por su ideal de controlar una Europa cristiana. Cuando arribó con su ejército marchando más de 1.700 km, el gobernador había caído. Carlomagno cercó la ciudad por varios meses, pero debió retirarse sin conquistarla por falta de víveres y descontento de las tropas. Fue la primera derrota de su vida militar.
En la retirada de la península ibérica, el ejército imperial destruyó las defensas y saqueó la ciudad de Pamplona. El historiador Johanns Fried, de la Universidad de Frankfurt, sostuvo: “…saquear la ciudad cristiana de Pamplona fue una canallada, y eso enfureció a los vascos”. Por ello, el 15 de agosto de 778 una unión de tribus vascas atacó la retaguardia del ejército franco, que iba rumbo a Francia, compuesta por unos 20.000 hombres y comandada por el conde Roldán. En el desfiladero de Roncesvalles, a pesar de la inferioridad numérica, pero contando con la sorpresa y el conocimiento del terreno, los vascos ocasionaron grandes pérdidas en vidas humanas, incluyendo la muerte de Roldán.
Eghinardo, biógrafo de Carlomagno del siglo IX, relató: “…en la cima de los Pirineos, tuvo que experimentar la perfidia de los vascones cuando el ejército desfilaba en larga columna… Los vascones emboscados en el vértice de la montaña, descolgándose de lo alto, empujaron al barranco a la columna que escoltaba la impedimenta que cerraba la marcha, provocando que los hombres se precipitasen al valle situado más abajo, y trabando la lucha los mataron hasta el último… Entre otros muchos perecieron el senescal Egiardo, el conde de palacio Anselmo y Roldán, prefecto de la Marca de España”.
Dame Jinty Nelson, del King’s College de Londres, dijo al respecto: ‘Esta derrota fue como un nubarrón que cubrió el alma de Carlomagno para siempre. Perdió el botín que esperaba obtener…y varios de sus compañeros más cercanos murieron en la batalla. Fue un golpe terrible a la fe y al honor de Carlomagno’.

El Cantar de Roldán
Este poema épico narra los hechos mencionados. Fue compuesto en 997, reescrito en 1130, y se lo conoce como el “Manuscrito de Oxford”, pues se conserva en la biblioteca Bodleiana de dicha ciudad. Si bien se coincide en que es anónimo, algunos autores lo atribuyen a un monje de la Abadía de Bec, en Normandía, llamado Turoldo, pues su nombre aparece en el último verso: “Ci falt la geste que Turoldus declinet”. Se escribió tres siglos después de los hechos históricos, por lo cual hay deformaciones que aumentan la dimensión épica y heroica del ejército franco, tales como convertir a Roldán en sobrino del emperador y a las tribus vasconas en un ataque de 400.000 sarracenos.
Está escrito en romance, consta de 4002 versos distribuidos en 291 estrofas asonantes de distinta longitud.
En la introducción a la obra publicada por la editorial Alba en 2008 en Madrid, se expresa que el poema “es un claro ejemplo de la tradicional épica antigua, con sus peculiares características de sobriedad descriptiva, lenguaje escueto y sin otro artificio que el meramente necesario para la exposición de los hechos”. El Cantar de Roldán es el poema épico más antiguo de Francia y de gran relevancia para la historia literaria de este país. Fue fuente de inspiración de otros cantares de gesta que surgirían en años sucesivos.
El sitio histórico
La localidad de Roncesvalles –cuyo nombre en euskera es Orreaga-, se ubica a 47 km al noreste de Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra. Actualmente viven allí unas 30 personas. Fue un enclave de importancia para los peregrinos del Camino de Santiago que unía Francia con España, por lo que se levantaron allí iglesias y albergues. De un pequeño hospital para peregrinos, en 1134 devino centro religioso de gran importancia, que dio prosperidad y bonanza a la región. Durante el mandato de Sancho VII el Fuerte (1194-1234) se convirtió en lugar de enterramiento y se construyó una iglesia.

Presenta hoy una planta de tres naves divididas en cinco tramos, con cabecera pentagonal en la central. La puerta se conserva original, con las tres arquivoltas. En el presbiterio hay una escultura de madera forrada en plata de la Virgen de Roncesvalles, fabricada en Toulouse a mediados del siglo XIV. Debajo de la cabecera está la cripta. En la capilla de San Agustín descansan los restos del rey Sancho VII en un sepulcro que se instaló en 1912, al conmemorar el 700 aniversario de la Batalla de las Navas de Tolosa, librada entre cristianos y musulmanes, con la victoria de los primeros. La tumba se cubre con una losa del siglo XIII, que tiene en relieve la figura yacente del monarca. Es de 2,25 m de longitud, aunque su estatura real era de 2,10 según un estudio de su fémur.
Allí también se encuentra un fragmento de las cadenas con las que el califa An-Nasir rodeaba su tienda, y llevadas por el rey como parte del botín de guerra, junto con una esmeralda de su turbante: hoy el conjunto se plasma en el escudo y la bandera de Navarra. El hospital de peregrinos fue fundado a principios del siglo XII por el obispo Sancho de Larrosa, y tomado bajo protección papal. Hay constancia de que en el siglo XVII se repartían 25.000 raciones anuales a los visitantes. El actual fue diseñado en 1792 y erigido años más tarde: es un bloque horizontal de tres plantas que responde a una arquitectura neoclásica.
También puede mencionarse la Iglesia de Santiago –o de los Peregrinos-, de pequeñas dimensiones y estilo gótico, que alberga en su interior una escultura del apóstol. En los jardines de ingreso a la colegiata se emplazó en 1978 –duodécimo centenario-, un monumento que recuerda la Batalla de Roncesvalles. Consiste en una roca extraída y transportada desde la sierra de Urbasa, con agregado de relieves en bronce con caballeros en combate: Roldán y Ferragut.

Biblioteca, archivo y museo
La biblioteca tiene más de 15.000 volúmenes de diversas temáticas, aunque abundan libros de teología, filosofía e historia eclesiástica en varios idiomas, como hebreo, griego, latín y euskera. El archivo consta de documentos de casi nueve siglos de antigüedad, desde que se construyó el primer hospital de peregrinos: se conservan pergaminos, libros de administración, cartas, manuscritos sobre la historia del lugar, etc.
El museo está en la planta baja del edificio de tres pisos que comparte con el archivo y la biblioteca. Su colección ilustra sobre la historia de la colegiata, expone esculturas, pinturas, artículos de orfebrería, tapices, monedas, libros antiguos, etc.
Se destacan relicarios, entre ellos el denominado “Ajedrez de Carlomagno”, llamado así por su semejanza a un damero, que data del siglo XIV: es una caja de madera forrada con láminas de plata, esmaltes traslúcidos y vidrio. Se conserva también la “Esmeralda de Miramamolin”, la que el rey Sancho VII el Fuerte arrebató del turbante del califa An-Nasir en las Navas de Tolosa. La puesta es impecable en todo sentido, con gran estética, buena cartelería e iluminación.

El Silo de Carlomagno
La capilla de Sancti Spiritus data del siglo XII. Es conocida como “Silo de Carlomagno”, pues se cree que allí fueron enterrados los combatientes francos tras la batalla de 778. Su tipología es diferente a la de los otros edificios, y fue concebida como monasterio-hospital para cobijar peregrinos. Hay un osario de 8 m por 8 m, con una profundidad de entre 9 y 12 m. La leyenda da cuenta de que en el edificio cuadrado de la capilla, rodeado por un claustro, el emperador hizo construir la tumba de Roldán.
La empresa Aditu Arkeologia trabaja en el lugar, y hasta ahora documentó la existencia de más de 70.000 restos humanos. El investigador Fran Valle de Tarazaga sostuvo: “Siendo el sitio más antiguo del complejo, esa información nos la va a dar el uso del Silo de Carlomagno a lo largo de los siglos; es decir, cómo se ha utilizado y cómo refleja ese interior los avatares históricos”’. Además, se estudia el edificio para confirmar si tuvo otra función antes de ser capilla o lugar de enterramiento, si es del siglo XII como sugieren fuentes escritas, o anterior, como se presume.

El patrimonio cultural
Un hecho histórico como la Batalla de Roncesvalles entre las tropas del Imperio Carolingio y unas tribus vasconas, dio origen a uno de los patrimonios literarios intangibles más importantes de Francia: el poema épico “Cantar de Roldán”. Pero además, constituyó un hito trascendente para la historia del pueblo vasco, al punto de dar sepultura en ese sitio a los principales reyes de Navarra, entre los que se destaca Sancho VII. Asimismo, ese paso pirenaico fue un enclave de importancia para la atención de peregrinos que siguieron el camino de Santiago durante siglos, creando un patrimonio tangible de trascendencia: el hospital, la colegiata, iglesia, capillas, archivo, biblioteca y museo.
Las investigaciones aun buscan echar luz sobre la historia para separar los hechos ocurridos de la leyenda transmitida de generación en generación. Aun así, lo importante es el legado que perdura hasta nuestros días, un patrimonio cultural trascendente, parte de la identidad de los pueblos vasco y francés.










