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Sergio Schneider

Columnista

Chaco, Idach, chanchos, chinos

Las instituciones tienen dos caras: la que nos dibujan los documentos legales que las crean y la que se les desarrolla en función de su andar cotidiano real. Por eso la institucionalidad del Chaco es tan rica y tan pobre a la vez. Es amplia y diversa, está diseñada en normas que en muchos casos fueron avanzadas para el resto del país, parecen no descuidar ningún derecho ni permitir ningún desliz, pero en los hechos han sido cómplices del derrotero de atraso social y precariedad democrática que nos caracteriza.

El Instituto del Aborigen Chaqueño no escapa a esa marca distintiva. Creado en 1987, cuando todavía muchas jurisdicciones carecían de un organismo similar o de una cartera relevante para canalizar los asuntos indígenas, generó una expectativa que los años fueron desinflando de manera lenta pero inexorable.

Este año, un conjunto de casualidades no tan casuales lo convierte en un foco de atención muy interesante y en territorio de una puja que podría tornarse estruendosa porque en ella se cruzan proyectos políticos, negocios internacionales y –por supuesto- destinos personales.

Fin de ciclo

La ignorancia generalizada –sostenida por una clarísima ausencia de interés por conocer- sobre los hábitos y estilos políticos que rigen en los pueblos originarios llevó a instalar una mirada desactualizada y trillada sobre ellos en relación con el mundo de los partidos y las ideas, según la cual las comunidades indígenas son pasivas víctimas recurrentes de los engaños y los espejos de colores de los gobernantes y dirigentes blancos.

La verdad es que si bien la miseria y el dificultoso acceso a la educación facilita que muchos aborígenes sean para las fuerzas tradicionales carne electoral y nada más, la realidad en las diferentes etnias es tan variada como en el resto de la sociedad civil.

A raíz de esa visión simplificada se ignora también que la dirigencia originaria replica en gran medida las grandezas y bajezas de la política blanca. Es una historia en la que hay personajes admirables por su entereza y claridad, así como también otros que traicionaron a sus pueblos por algunas rebanadas de dinero y poder. Mucho de esto último fue lo que convirtió al Idach en un órgano burocrático más.

En las elecciones de este año para renovar sus autoridades parecía que todo se iba a reducir a un nuevo relevo dentro de la familia Charole. Orlando, referente qom, volvía a ser candidato. Él y su hermana Andrea han venido alternándose entre la conducción del Instituto y una banca legislativa provista por el peronismo. Sin embargo, el favorito perdió y se hicieron trizas unos quince años de hegemonía en la representación indígena.

Otro escenario

Conviene aclarar que el sistema electoral diseñado para el Idach no es el mismo que conocemos para las elecciones generales. Las autoridades del Instituto se renuevan mediante un régimen que tiene como eje el tramposo sistema de lemas que favorece la atomización y suma engañosamente para quien es capaz de funcionar como titiritero de decenas de boletas.

Los resultados de las elecciones no muestran un ganador claro. En todo caso sí un perdedor: Charole. Charole y el juego que representó.

El nuevo presidente es Miguel “Iya” Gómez, un docente que sumó unos 7.000 votos a través de diversos lemas. El peronismo le dio su apoyo cuando comenzó a intuir que el ciclo de Charole podía agotarse. Pero Gómez preside un Directorio en el que es abrumadora minoría. En principio, el único voto con el que cuenta allí es el suyo propio.

Los otros seis integrantes se reparten de este modo: cuatro para Dar Vuelta al Viento (tercera en la elección para presidente) y dos para el sector de Charole (segundo en los comicios).

Ese raro mosaico surge del retorcido sistema electoral. Dar Vuelta al Viento es una agrupación que tiene como figura referencial a Mártires López, el líder de la Unión Campesina que murió en 2011, en un supuesto accidente de tránsito rodeado de sospechas.

Fue él quien acuñó la frase que da nombre a la agrupación actual. Al cabo de una de las tantas luchas que encabezó por apoyo para producir en las tierras de su comunidad, López dijo: “Dimos vuelta al viento”.

López simboliza a lo más íntegro de la ancestral batalla originaria por la subsistencia y la convivencia dignas.

Por eso dejó tantas semillas y el movimiento que tomó sus banderas se quedó con las dos vocalías que en el Directorio le corresponden a la etnia qom y las dos reservadas a la wichí. El par perteneciente a la etnia moqoit quedó en manos del movimiento de Charole.

Chinos a la vista

Esta extraña configuración de la representación formal de los pueblos originarios (unas 60.000 a 70.000 personas en toda la provincia) se da en momentos en que, por otros caminos ajenos al mundo aborigen, el gobierno provincial alienta un acuerdo con China para la instalación en nuestra provincia de un conjunto de polos de producción porcina destinado a abastecer al mercado oriental.

No se trata de un proyecto oculto. Jorge Capitanich lo presenta como una de las grandes oportunidades del Chaco para captar inversiones internacionales y fortalecer su perfil productivo, además de la generación de empleo que llegaría de la mano del emprendimiento.

La iniciativa, sin embargo, levanta la resistencia de sectores políticos y ambientalistas que la consideran repleta de beneficios para los chinos y de riesgos para los intereses locales. El miércoles pasado, NORTE reprodujo en su suplemento Rural las objeciones de Iris Speroni, licenciada en Economía y con un posgrado en Agronegocios, para quien el proyecto se perfila como un gran trato para China y una amenaza para el sistema productivo y la salubridad del Chaco y el resto de la Argentina. Cita, entre sus advertencias, el sacrificio de millones de cerdos en territorio asiático por causas jamás reveladas. Y menciona que la generación de puestos de trabajo es módica frente a la magnitud de los peligros que se activarán.

A nivel local, diferentes voces también se alzan contra la idea. ¿Una de las más fuertes? La de Dar Vuelta al Viento. En el acto de asunción de las autoridades del Idach se veía un cartel, entre la multitud de indígenas que acudió a presenciar la ceremonia, que exponía claramente el rechazo a la iniciativa. Allí se pedía apoyo para que las comunidades del interior produzcan, en lugar de apostar a que lo hagan las potencias extranjeras.

El gobierno provincial considera que las críticas obedecen a un exceso de ideologización y al hábito argentino de rechazar –ya desde el vamos, por una cuestión de piel y porque queda bien- las inversiones de capitales externos. Todo en nombre de alternativas vernáculas que nunca se concretan y hacen que las posibilidades de desarrollo permanezcan in eternum en el espacio de lo potencial.

Son dos maneras de ver un asunto trascendente que, por lo visto, está destinado a hacer ruido cuando los caminos que vienen abriendo unos y otros, casi de pura casualidad, se acaben cruzando.