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Hipólito Ruiz

Columnista

Tiempos duros, esperanzas en alto

En el norte de África -narra un conocido cuento- los animales aprendieron a organizarse mediante un sistema político llamado democracia. Se acercaba el período de las elecciones y los dos principales candidatos resultaron el León y la Gacela, que eran extremos opuestos entre sí.

Discutían constantemente, se reprochaban cosas e incluso, a veces, recurrían a la violencia. Los dos ansiaban la victoria y el poder. La selva se dividió en dos partes iguales: Los carnívoros apoyaban al León, con una política agresiva y destructiva hacia otras especies y  los herbívoros a la gacela, que defendía una política mucho más relajada y respetuosa, de una forma violenta y exagerada.

El halcón, comprendió lo que ocurría y decidió irse de ese lugar. El León logró ganar las elecciones gracias a que su raza se había dedicado a destruir y comer a posibles votantes de la Gacela.

Durante el período electoral, él y su manada se alimentaron de lujo, sin preocuparse por sus votantes ni por las otras especies que le habían apoyado. Ni siquiera se preocupó por otros leones, que siempre estuvieron a su lado.

Las gacelas se dedicaron a huir y esconderse, reproducirse y conseguir más votantes para las siguientes elecciones.

Viendo el terror y el caos que León había causado, muchos carnívoros decidieron votar en blanco, o votar a la Gacela. Así, ganó ésta.

Una vez en el poder, durante los  años que se mantuvo en él, sólo se preocupó de obtener venganza hacia los leones y que ella y su camada estuviese bien alimentadas. Hizo exactamente lo mismo que el León hacía.

El halcón, que había escapado de ese infierno, se había alimentado perfectamente de lo que encontraba y lo que conseguía.

Al volver,  y ver que muchas razas habían perdido población a causa de sus luchas ideológicas, aborreció tanto esa sociedad que huyó, decidió olvidar esa imagen tan repugnante para él de su pueblo, se fue a otro continente, y no volvió nunca más.

LA OTRA MIRADA

Una de las primeras conclusiones de esta fábula es que el ciudadano se va dando cuenta que al votar a algún candidato o candidata, nada le garantiza que cuando asuma el cargo, éste se acuerde de él ni de su comunidad. El descrédito de la sociedad a la clase política es muy fuerte, y ya nadie lo niega.

La demanda, cada vez más precisa, que tiene la ciudadanía, por estar más informada, pone a muchos candidatos contra el gran espejo delator, que impide que se mienta mirando a los ojos (léase, que se prometa electoralmente lo que ni siquiera sabe si existen posibilidades de cumplirlas).

Estas PASO del 12 de septiembre, a no dudarlo, marcarán una tendencia y un cambio en la forma de salir a pedirle el voto a la gente, que pide propuestas, y que está cansada de discusiones, acusaciones y pocas acciones a favor de la comunidad. ¿Estará la dirigencia a la altura de las circunstancias?

LA DEPRESIÓN SOCIAL

Salarios bajos, inflación alta, la mezquindad política, la pandemia y los muertos que generan dolor y que muchos hoy los recuerdan, la caída de la actividad económica, la falta de trabajo, entre otros, son pero lo que más genera depresión es la desigualdad y la ausencia de actitudes claras de la clase gobernante y política en general, que alcanza no solo al oficialismo gobernante sino también a la oposición.

La sociedad que venía de ser gobernada por el Kirchnerismo, optó por Mauricio Macri en 2015, pero la defraudación moral fue tan grande que rápidamente buscó a alguien que dejara ver un signo que no se repita y votó a Alberto Fernández. Hoy, ese votante,  sigue confundido. Y  aturdido también.

“El salario real actual es el más bajo desde 2004. Los argentinos tienen los mismos ingresos que hace 17 años, cuando el país iniciaba la salida de la gran crisis de principios de siglo. Ahora hay 50 mil empresas menos que en 2011. Cada empresa que cerró significa cientos o miles de puestos de trabajo que se perdieron. La cantidad de empleo es la misma que en 2010. Han pasado más de diez años y millones de argentinos debieron incorporarse al mercado laboral. No lo hicieron”.

“Esto explica en gran medida el inédito éxodo de argentinos que se van o se quieren ir del país. Entre empleados privados, formales y autónomos, hay ahora 8.300.000 argentinos. En 2011 había 8.100.000. A pesar de la estricta cuarentena, la pandemia dejó hasta ahora más de 100 mil muertos, pero también a 2 millones de argentinos que buscan trabajo y no lo encuentran. Varios analistas de la sociedad consideran que este momento es peor que el de la crisis de 2001/2002, porque a la crisis económica y social se le sumó ahora la vasta e interminable crisis sanitaria”. Estos datos  los dio a conocer el periodista Joaquin Morales Solá el sábado pasado en su columna de La Nación.

LA SALUD MENTAL

El diario El Pais, de España, publicó el pasado viernes un informe que toma base un informe de la Global COVID-19 Trends and Impact Survey, de la Universidad de Maryland. Dice que la salud mental de América Latina se resintió durante la pandemia

Los sentimientos de ansiedad y depresión han aumentado durante la pandemia vinculados a los vaivenes del contagio, y a factores estructurales que dificultan su gestión.

De los muchísimos peajes que la pandemia le está cobrando al bienestar de la humanidad, uno de los menos visibles, pero potencialmente más caros a largo plazo está en las mentes y las emociones. La disrupción en nuestra salud mental se cifra, en un primer vistazo, en las cifras de personas que declaraban haberse sentido preocupadas, ansiosas o deprimidas durante cualquiera de las semanas del último año y medio. Los vaivenes del contagio han producido picos (y valles) de ansiedad, dice el informe. En los grandes países de América Latina, los aumentos de casos venían acompañados casi siempre de un repunte en el porcentaje de personas que durante esos días declaraban haber experimentado esa sensación.

El informe señala que en Argentina, el 7,1% se declaró en ansiedad; deprimido el 8,2% y preocupado el 72,9%. En Brasil, el drama es mayor, ya que el 7,8 está ansioso, el 9,9% deprimido y el 92,3% preocupado.

LA BUENA NOTICIA

La buena noticia que es en países como la Argentina, hay sectores muy fuertes y pese a que han sido golpeados no solo por los efectos de la pandemia, sino por las políticas erráticas del gobierno nacional, como el campo, el comercio y toda la franja de Pymes y Mipymes.

Son inquebrantables en cuanto a su lucha. Se caen, y se levantan. Y son los sectores que van a poner en marcha al país, ya que no hay otra alternativa para cualquier fracción de gobierno que trace las políticas económicas. Ya no queda lugar para el fundamentalismo camporista o de la avidez por tirar leña al fuego de la oposición que inclusive ataca a una mujer como el caso del diputado Fernando Iglesias a Florencia Peña. El modelo no soporta ni lecciones de Macri ni de Cristina. La misión, es salvar al país. Y esa es la buena noticia, que los sectores que siempre ayudaron a levantar al país, hoy otra vez dicen presente, más allá de las circunstancias como las que vive el agro en el norte del país, donde las expectativas están puestas en el girasol, y donde el clima juega en contra, sin lluvias y sin humedad, pero la mirada del chacarero, sigue estando alta. Y estamos seguros que los políticos de buena voluntad, se van a sumar, por el país.